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Publicado 19/10/2012
Opinión
ISRAEL, EL MESIAS Y EL ABRIGO DEL OMNIPOTENTE

 ISRAEL, EL MESIAS Y EL ABRIGO DEL ALTÍSIMO

Por: Dr. Emmanuel García Moreno

“El que habita al abrigo del Altísimo Morará bajo la sombra del Omnipotente.”


SALMO 91

"...El que habita al abrigo del Altísimo..", hace la diferencia. Todo lo que está descrito en este salmo, se cumplirá en la vida de aquellos que están en esta dimensión gloriosa de moradores o habitantes en la Casa de Dios. Esta habitación es para los tiempos actuales; para el día a día del que tenga la fe de Abraham, porque creyó a Dios y le fue contado por Justicia..

 

Aquí hay sabiduría. Note que dice en tiempo presente: "el que habita." El que esté en esta condición; experimentará en el futuro, la bienaventuranza de "...morará bajo la sombra del Omnipotente..."

 

Ahora es el tiempo de habitar al abrigo del Altísimo. Mañana será el tiempo de morar bajo la sombra del Omnipotente. Aquí también hay sabiduría. Note que son dos Nombres diferentes de Dios en la experiencia del creyente.

 

Primero es el Altísimo. El que habita en las Alturas de su Santidad. Lo cual nos da una idea del Dios inalcanzable para los hombres. Un lugar que el hombre no puede alcanzar con sus esfuerzos terrenales, con toda su capacidad humana o con sus obras humanas.

 

En los tiempos del Templo de Salomón, la habitación del Altísimo era en el lugar Santísimo en el Tabernáculo de reunión en Jerusalén, la ciudad Santa.

 

Era allí el único lugar de la tierra en donde Dios podía ser encontrado.

 

Llegado el tiempo profetizado por el Mesías, Jerusalén y el Templo fueron destruidos y saqueados.

 

Para la nación de Israel, la habitación del Dios Altísimo sobre la tierra fue desolada, por lo cual no solo se perdió la independencia de la nación y la libertad de su pueblo, porque éste fue llevado cautivo por los romanos a todas las naciones alrededor, y, aún más allá de su región; sino que se les perdió la Presencia del Dios Altísimo.

 

Ahora para Israel, como nación, Dios es inalcanzable, hasta que venga el Cristo, salve a Israel de sus enemigos, Construya el III Templo, Restaure el Sacerdocio Aarónico y Establezca el Reino de Israel sobre las Naciones.

 

Ahora bien, ¿Qué ha pasado con las naciones del mundo desde la destrucción del II Templo? ¿También se quedaron ellos sin la Presencia de Dios, a causa de los pecados del pueblo de Israel?

 

De ninguna manera. Dios proveyó para los gentiles, una Dispensación Nueva, aparte de la Ley de Moisés. Estableció la Dispensación de la Gracia, mediante la fe en Cristo, quien murió a manos del liderazgo religioso de Israel, entre ellos el Sumo Sacerdote, el Sanedrín y los fariseos.

 

Jesús se le presentó al pueblo de Israel como la Luz Verdadera que alumbra a todo hombre; la Vid Verdadera; el Pastor de Israel; el Hijo de David; el que quiso ponerlos bajo sus alas y brindarles abrigo frente a sus enemigos; el Hijo de Dios, a quien el Padre envió a darles Sus Palabras y para que escucharan su Voz.

 

El pueblo, representado en su liderazgo político-religioso, decidieron aborrecer al Mesías y desoyeron su Voz. Moisés les había dicho que El Altísimo les levantaría un Profeta como él; a quien el pueblo debería oir. De no hacerlo, serían cortados del pueblo.

 

El Mesías, Jesús, llamado el Cristo, fue una espada de separación para el pueblo de Israel. Con la muerte del Mesías, Israel quedó desgajado de la Presencia de Dios. Por eso el II Templo es destruido al igual que Jerusalén y la misma nación.

 

Por casi 2000 años Israel ha vivido sin la Presencia cercana de Dios Altísimo. Israel fue la nación privilegiada, a quien Dios Altísimo escogió para hacer morada en medio de ella, por ello el Tabernáculo y los Templos.

 

¿Qué pasa hoy en día?
Israel se encamina a su tiempo de Visitación Final. El Mesías, el Rey de Israel, el Hijo de la Casa de Israel ha de venir muy pronto. Será tiempo de Oscuridad y no de Luz; tiempo de Tinieblas y de Angustia. Tiempo de Aflicción y no de gozo; tiempo de llanto y de dolor.

 

Israel será purificada y las naciones serán enjuiciadas. Entonces se verá la Gloria del Santo de Israel en Jerusalén, cuando venga a luchar por el Remanente de Israel que haya quedado en el día de Jehová.

 

¿Qué pasará con los gentiles que hayan creído en Jesús el Mesías?

 

Gracias a Jesucristo; esas Alturas en la que habita el Padre, ahora son alcanzables por medio de la fe en El, y a causa de su sacrificio en la cruz y de su Resurrección. Es más El nos dijo: " En la Casa de mi Padre, muchas moradas hay. Voy pues a prepararles lugar. Para que donde Yo esté, Uds. también estén" "Vosotros sabéis a donde voy. Voy al Padre, y saben el Camino" "Yo Soy El Camino, la Verdad y la Vida.

 

Nadie viene al Padre si no es por Mí"

 

Por medio de Cristo, podemos habitar con el Padre en las Alturas. Podemos habitar con el Altísimo, y estar en su Presencia, porque donde está Cristo, nosotros estamos con El.

 

El segundo Nombre es el de Omnipotente. En este Nombre se dará a conocer a sus hijos en el día malo que se avecina.

Este salmo lo viviremos en el día malo. Esta es parte de la provisión que el Señor tiene preparada para cuando su iglesia pase por el valle de sombras de muerte. Nosotros hemos tomado la expresión del salmo 23 relativo al valle tenebroso, como apto para leerlo o entenderlo como la porción apta para cuando uno está a punto de morir. Pero esta Palabra va más allá de la que la entendemos.

 

La iglesia pasará por valle de sombra de muerte y es necesario que nos preparemos para esos días. Muchos creen que seremos levantados antes de que esto suceda. ¿Dónde la evidencia bíblica? Aquí la evidencia bíblica de que sí pasaremos por el valle de muerte; el mismo salmo 91 dado por el Espíritu para que se cumpla en nosotros.

 

He comprendido que este salmo 91 es una preparación para la experiencia que hemos de pasar todos los que creemos en Cristo y estemos sobre esta tierra cuando se desaten los eventos predichos en las profecías, principalmente en los días de los cuatro Jinetes del Apocalipsis.

 

El Señor nuestro Dios nos ha dado las profecías para los tiempos finales con la intención de que su pueblo, toda persona que haya puesto su fe en su Hijo Jesús, el Cristo, sepa lo que ha de suceder y también se prepare para esos días malos.

 

Dios nos dice en este salmo, que debemos estar habitando al abrigo suyo.

 

¿Cómo habitar a su abrigo?

 

Sencillo: nuestra vida tiene que estar ligada a El todos los días de nuestras vidas. Él debe ser nuestro familiar más cercano. Su Casa es nuestra Casa. Él nos abre las puertas de su Hogar Eterno para que vivamos con El y El con nosotros.

 

No podemos despreciar semejante invitación. Si algún poderoso de este mundo nos invitara a visitar su casa o residencia, nos sentiríamos muy honrados y favorecidos. No dormiríamos en la expectativa de ese día tan grande de ir a una casa tan ilustre. Nadie a nuestro alrededor ignoraría nuestra dicha, porque no nos cansaríamos de contarles lo importante que somos porque Fulano de Tal nos ha invitado a visitarle. A partir de esa fecha, pondríamos en nuestro curriculum vitae, el honor de haber estado en esa casa como invitado personal del dueño.

 

Cuánto más debemos correr a acudir al llamado del Altísimo, del Todopoderoso Dios, del Creador, del Omnipotente, quien no nos ha invitado a visitarlo, sino a vivir con El. A que nos mudemos a su Casa, en donde obtendremos todos los beneficios de tan Sublime Residencia.

 

Cuando entendamos que como hijos de Dios, somos llamados a habitar en su Presencia; nuestra vida sufrirá una transformación radical, cambiará por completo. Dejaremos una existencia de altibajos emocionales frustrantes, una vida de stress y afanes diarios, una vida de sinsabores y frustraciones; para, obtener la vida abundante, llena de gozo, de victorias diarias en todos los desafíos que enfrentemos, viviremos la vida de hijos de Dios más que victoriosos, que iremos de poder en poder viendo la manifestación de su gloria a cada paso de nuestras vidas.

 

Viviremos en la dimensión del Espíritu de vida en Cristo Jesús. Es en esta dimensión que nuestras fuerzas son multiplicadas como las del búfalo; estaremos andando en las Alturas, que es donde pertenecemos, y a donde los problemas no nos alcanzan, los veremos como Dios nuestro Padre los ve: Pequeñeces que se desvanecen con su Poder.


Cuando dice “El que habita al abrigo del Altísimo” está afirmando que hay una diferencia entre este bienaventurado residente y todos los demás. Está diciendo que éste, quien tiene su residencia permanente con el Altísimo, es un privilegiado y su vida es diferente a los demás porque estará tan cerca de Dios, que Su Sombra lo cobijará.


Lo que el Espíritu nos dice es:

Entra ahora a tu habitación. Entra a tu Casa, que es la Casa de tu Padre y siéntate en el lugar que te corresponde. Lugar obtenido por Cristo mi Hijo Amado, en quien me complazco.


En mi Presencia está la plenitud del Gozo y la Alegría. Hay Delicias a mi Diestra por siempre. Comerás hasta saciarte y serás vivificado cada día. Te enseñaré a cada instante el Camino en el cual has de andar delante de mi para que te vaya bien y no te fatigues, porque he aquí, Yo iré delante de ti abriendo Camino a tu andar.

 

Seré tu Compañero y Amigo, tu Consejero y tu Dios que te esfuerza. Conocerás y entenderás que Yo mismo Soy, el que renueva tus fuerzas. Caminarás y no te cansarás; correrás y no te fatigarás. Aunque andes por las aguas, no te anegarán; y, si por el fuego; no te quemarás ni la llama arderá en ti, porque Yo Soy Jehová tu Ayudador.”


Cuando vivimos en su Presencia; experimentamos todas las promesas suyas, que se hacen realidad de acuerdo a nuestras necesidades.

 

Estar en su Habitación por siempre es lo tenemos que hacer. Para ello nos dio su Espíritu Santo. Para ser nuestro guía y conducirnos a su Casa, a su Morada, a su Presencia. EL Espíritu de Dios, que quiso derramar sobre su pueblo Israel, como se los había prometido; pero, que al rechazar a su Hijo, lo ha dado a los gentiles, quienes no le buscaban, pero que al ser alcanzados por el anuncio del Evangelio de Jesucristo; creyeron en El y se hicieron merecedores de la Promesa a causa de la Fe.

 

Israel se quedó con la Ley, mediante la cual ningún hombre puede agradar a Dios, porque no puede justificar a nadie; los gentiles recibimos la Fe, para que por medio de ella, entremos en las promesas de Dios, en la Provisión de Dios.


Es mediante el Espíritu, obrando en nosotros, que entramos a la Casa del rey. Mediante la oración en el Espíritu, somos conducidos a su Presencia. Asegurémonos que hemos recibido el Espíritu de Dios tan pronto creímos en Cristo.

 

En el libro de los Hechos 19 se relata un incidente en el cual, el apóstol Pablo se asegura que los nuevos convertidos a Cristo, obtengan la provisión completa: el bautismo del Espíritu Santo.


“Aconteció que entre tanto que Apolos estaba en Corinto, Pablo, después de recorrer las regiones superiores, vino a Éfeso, y hallando a ciertos discípulos,
les dijo: ¿Recibisteis el Espíritu Santo cuando creísteis? Y ellos le dijeron: Ni siquiera hemos oído si hay Espíritu Santo.

 

 

Entonces dijo: ¿En qué, pues, fuisteis bautizados? Ellos dijeron: En el bautismo de Juan.

 

 

Dijo Pablo: Juan bautizó con bautismo de arrepentimiento, diciendo al pueblo que creyesen en aquel que vendría después de él, esto es, en Jesús el Cristo.

 

Cuando oyeron esto, fueron bautizados en el nombre del Señor Jesús.

 

Y habiéndoles impuesto Pablo las manos, vino sobre ellos el Espíritu Santo; y hablaban en lenguas, y profetizaban.

 

Eran por todos unos doce hombres.”


Esto es importante. La oración en el Espíritu es la que te lleva a la Casa del Padre, a su Presencia del Padre. Cuando oramos sin la ayuda del Espíritu, Dios nos oye, pero está lejos. Nosotros en la tierra y El en los Cielos. Es necesaria la oración en el Espíritu
Cuando oramos en el Espíritu; Dios nos oye y habla con nosotros. Nos deja oir su Voz, experimentar su Presencia que no queremos salir de este tiempo de oración y comunión con El. Y responde nuestra oración. Esta oración nos introduce en la Casa del Altísimo.

 

Debemos buscar el bautismo del Espíritu Santo. No descansar hasta obtener esa llenura como la obtuvieron aquellos 12 hombres.

 

La oración en el Espíritu nos hace estar en la Casa de Dios a cada instante de nuestras vidas. Nos hace vivir en el Espíritu y derrotar las obras de la carne. Es en esta condición de llenos del Espíritu de Dios, que estamos de continuo en la Presencia de Dios y podremos exclamar: “Vive el Altísimo, en cuya Presencia estoy”


Es en esa Habitación al Abrigo del Altísimo, que se darán todas las bienaventuranzas del salmo 91.

 

Dios sabe, aunque nosotros creamos diferente, que su iglesia, su pueblo, pasará por el valle de sombras de muerte que reinará sobre la tierra y, por ello, está llamando a los suyos a entrar a su Habitación por siempre; para que al llegar esas sombras, estemos bajo su abrigo.Diré yo a Jehová: Esperanza mía, y castillo mío; Mi Dios, en quien confiaré.

 

Estando en su habitación, experimentaremos que El se nos manifestará como nuestro Castillo, nuestro protector. Le conoceremos como el Dios que nos mantiene en la Alturas, al abrigo de la peste destructora y de la mortandad.

 

Es en esta posición de habitar con el Altísimo, que ni el lazo del cazador ni la peste destructora nos alcanzarán. Aunque estemos viviendo en esta tierra; El estará con su Presencia en nosotros, guardándonos de todo mal, como lo hizo con Israel en tierra de Gosén.

 

 

Él te librará del lazo del cazador, De la peste destructora.

 

Con sus plumas te cubrirá, Y debajo de sus alas estarás seguro; Escudo y adarga es su verdad.

Jesús clamó a en Jerusalén: "Oh Jerusalén, Jerusalén. Cuantas veces, como la gallina, quise juntaros bajo mis alas y no quisiste"

Esta exclamación de Jesús fue hecha 40 años antes de la destrucción de la ciudad santa.

 

Hoy Cristo está llamando a su iglesia a juntarse bajo sus alas, bajo su abrigo, para que no nos alcance la destrucción y desolación que viene para pronto, antes de su Venida. ¿Qué haremos? Diremos: Esto no es así por que seré arrebatado antes de que las sombras lleguen. ¿Estás seguro?

 

No temerás el terror nocturno, Ni saeta que vuele de día,

Ni pestilencia que ande en oscuridad, Ni mortandad que en medio del día destruya.

 

Caerán a tu lado mil, Y diez mil a tu diestra; Mas a ti no llegará.

Ciertamente con tus ojos mirarás Y verás la recompensa de los impíos.


Porque has puesto a Jehová, que es mi esperanza, Al Altísimo por tu habitación,


No te sobrevendrá mal, Ni plaga tocará tu morada.

 

Pues a sus ángeles mandará acerca de ti, Que te guarden en todos tus caminos.

En las manos te llevarán, Para que tu pie no tropiece en piedra.

Sobre el león y el áspid pisarás; Hollarás al cachorro del león y al dragón.

 

Por cuanto en mí ha puesto su amor, yo también lo libraré; Le pondré en alto, por cuanto ha conocido mi nombre.

 

Me invocará, y yo le responderé; Con él estaré yo en la angustia; Lo libraré y le glorificaré.

 

Lo saciaré de larga vida, Y le mostraré mi salvación

También en el Salmo 46 está escrito:
“Dios es nuestro amparo y fortaleza, Nuestro pronto auxilio en las tribulaciones.

Por tanto, no temeremos, aunque la tierra sea removida, Y se traspasen los montes al corazón del mar;

Aunque bramen y se turben sus aguas, Y tiemblen los montes a causa de su braveza. Selah

Del río sus corrientes alegran la ciudad de Dios, El santuario de las moradas del Altísimo.

Dios está en medio de ella; no será conmovida. Dios la ayudará al clarear la mañana.

Bramaron las naciones, titubearon los reinos; Dio él su voz, se derritió la tierra.

Jehová de los ejércitos está con nosotros; Nuestro refugio es el Dios de Jacob. Selah

Venid, ved las obras de Jehová, Que ha puesto asolamientos en la tierra.

Que hace cesar las guerras hasta los fines de la tierra. Que quiebra el arco, corta la lanza, Y quema los carros en el fuego.

Estad quietos, y conoced que yo soy Dios; Seré exaltado entre las naciones; enaltecido seré en la tierra.”

“Jehová de los ejércitos está con nosotros; Nuestro refugio es el Dios de Jacob. Selah
Este salmo es un complemento del salmo 91. Hoy no entraremos a considerar las riquezas que en él hay.

Bendiciones al Israel de Dios y Paz a Jerusalén.

 

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mesiasenfrentados
Sobre el Autor

emmanuel garcía

Latino americano. Estudioso de las profecías delJudaísmo, Cristiabnismo e Islamismo. Padre de 4 hijos. Abuelo de 9 nietos y subiendo. Profesional de la odontología

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