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Publicado 10/08/2011
Opinión
ORIENTE MEDIO EN LA ENCRUCIJADA

 Pareciera que la apuesta del presidente de Siria Bashar al Assad de aferrarse al poder a sangre y fuego, al igual que su homólogo de Libia, el coronel Muammar Gadafi, para no seguir el destino de sus homólogos Hosni Mubarak y Ben Alí, lo ha llevado a un callejón sin salida: el final de su gobierno y su posible enjuiciamiento o exilio en Irán.
La valentía de la población, quien ha enfrentado y resistido toda la capacidad de fuego que el régimen le ha lanzado hasta ahora, augura que los sirios no cejarán en su empeño de sacudirse al tirano, al precio de sangre que sea demandado. Es tan irresistible el poder de la sangre derramada y la voluntad de sacrificio demostrada por la población siria, que algunos gobernantes y líderes árabes que habían mantenido un silencio vergonzoso ante la matanza emprendida y sostenida por Assad, se han visto en la necesidad de alzar su voz en contra de las acciones del gobernante sirio y demandar el cese de la violencia desatada contra la indefensa población.
Los apabullados sirios reciben en la últimas horas, el firme respaldo indirecto de gobernantes árabes de la región, que se han manifestados incómodos con el derramamiento brutal de la sangre de sus congéneres y copartidarios suníes, por parte de su gobernante chiita. El sofocante grito de la sangre vertida en los últimos meses ha encontrado finalmente un eco. Pareciera que varios países vecinos están en disposición de ponerle un alto a la locura en Siria, enviando primeramente advertencias severas como en el caso del monarca absoluto de Arabia Saudita y el presidente de la Liga árabe. El primer ministro turco, además de las advertencias ha enviado a un representante de su gobierno para reunirse con el presidente Bashar al Assad.
La situación siria es delicada y pone en el tapete mundial la encrucijada de una solución cónsona a los intereses mundiales de Paz y Seguridad en la región convulsionada de Medio Oriente, o, el estallido de una confrontación bélica de gran escala con resultados impredecibles.
Es comprensible la inacción de Occidente ante el caso sirio, porque ya está involucrado en Libia sin los resultados esperados a corto plazo, y en la medida en que la solución aceptable se hace cada día más esquiva, involucrarse en otra región es inviable, sumado a la debilidad económica del sistema capitalista que se agudiza a pasos agigantados, con repercusiones sociales dentro de los países europeos en el momento y que están produciendo agitación escalonada en sus sociedades y sin considerar el rechazo de los musulmanes a una mayor presencia de Occidente en la región, que provocaría las justas recriminaciones de los movimientos fundamentalistas islámicos y una peligrosa situación que pudiera desencadenar un impredecible conflicto Oriente-Occidente.
En este caso, Siria, la solución debe venir de los países de su entorno geopolítico, étnico o religioso, para que sea aceptable dentro de la región. Pero no será nada fácil debido a los diversos intereses encontrados de las potencias regionales como Irán, Arabia Saudita, Turquía y el sacudido Egipto.
Egipto: está en un proceso de transición después de la aparente victoria de la sociedad civil contra la autoridad instituida; victoria que ha sido secuestrada por los militares de ese país, quienes buscan mantener al gigante árabe dentro de su rol de estabilizador de la región y aliado importantísimo de Occidente, dentro del mundo árabe. La inestabilidad política y social en la tierra de los faraones todavía está latente, con una sociedad civil vigilante que sus esfuerzos de cambio no se vean frustrados. Los diversos sectores sociales y políticos del país, se organizan a marcha forzada en preparación de los eventos electorales que se avecinan.
Este gran país está en la cuerda floja entre los partidarios del antiguo régimen de Mubarak, los sectores de izquierda agrupados en los sindicatos, intelectuales y otros, los grupos liberales y laicistas y por último las fuerzas islamistas con los Hermanos Musulmanes como los mayores protagonistas. Dentro de `pocas semanas se irá definiendo con mayor claridad hacia dónde se inclinará la nación y qué papel jugará en el convulsionado y siempre explosivo Medio Oriente.
Egipto es, hasta el momento, el sueño a alcanzar por parte de las comunidades árabes que aspiran a cambios radicales en sus sociedades: el derrocamiento de una dictadura brutal, corrupta y enquistada en el poder por decenas de años y el encauzamiento del país hacia una democracia real, con la participación de todas las corrientes de pensamiento ideológico en elecciones libres en medio de la libertad, la paz y la justicia social.
Por esta situación interna por la cual atraviesa el país, en la cual todavía no se ha entronizado la corriente política en que navegará la nación; Egipto poco tiene que decir en la cuestión Siria; por estar ocupados en manejar de la mejor manera los réditos de su revolución, aunque es el aliado natural y más firme con que cuenta la población siria: ellos se la jugaron al todo por el todo sin saber la sangre que tendrían que derramar para alcanzar sus objetivos de cambios. La revuelta egipcia salió barata en términos de sangre. Es el único país de la región que podrá defender los objetivos de la revuelta siria con la moral política suficiente, sin que se le acuse de hipocresía o doble moral política. Es el mejor posicionado para intervenir, sin excusas, en pro de la población mártir de Siria. Sus asuntos internos lo imposibilitan en esta hora de ofrecerle la salida a Siria.
Arabia Saudita: como potencia geopolítica regional y militar, se equivocó a inicios de las revueltas en sus vecinos Túnez y Egipto en la evaluación de la dimensión que tendrían éstas y su virulenta influencia en los países de la región. Brindó erróneamente su apoyo irrestricto a los gobernantes de estos dos países, por ser autócratas al igual que el monarca saudí, pero al ser imparables las revueltas y ante la posibilidad de que ocurrieran enfrentamientos armados que podrían ser capitalizados por los grupos extremistas islámicos, tuvo que inclinarse ante el éxito de las movilizaciones pacíficas de la población. Percibiendo que el contagio de las movilizaciones sociales era imparable; tuvo que reaccionar ante la velocidad inusitada con la cual los agobiados pobladores de la región, fueron imitando a sus vecinos egipcios y tunecinos. Se vio obligado a usar el peso de su influencia en su entorno, para sofocar los conatos de revueltas en las monarquías petroleras vecinas. Es consciente de que sus pueblos viven también bajo un régimen autoritario, con pocas libertades y en un contraste permanente entre la opulenta vida de la familia real y las carencias de sus poblaciones. Las revueltas en la región son una amenaza que se levanta contra los intereses del Reino.
Hasta ahora, la apuesta saudí al uso expedito y contundente de la fuerza militar para aquietar el descontento de las masas, le ha dado resultado dentro del reino y en los países aliados, como el caso de Bahréin. La estructura pre-existente de Cooperación entre sus aliados, ha sido usada sin mayores pérdidas para sus intereses. El Reino saudí ya enfrentó la contradicción de apoyar la revuelta libia, colaborando con Occidente para desalojar al dictador Gadafi, mediante el uso mesurado de la intervención militar de la OTAN; y en apoyar al presidente Abdulá Salé en contra de las aspiraciones de la población.
Su tardía respuesta a la masacre de la población siria se debe en parte, a no correr el riesgo de intromisión en los asuntos internos de una nación aliada estrecha de su enemigo ideológico y también potencia regional: Irán, y, a entrar en una contradicción política insostenible de apoyar las revueltas de las poblaciones en otros países; pero, sofocar las mismas en su entorno de influencia. Sumado a estas consideraciones, está la cuestión religiosa entre las sectas suníes y chiíes que son un polvorín en estos países. Siria es en su mayoría, población suní gobernada por una minoría de la rama chií, que cuenta con el apoyo de Irán, una nación de mayoría chií y además no árabe. Una intervención directa de Arabia Saudí en Siria, sería considerada por su rival Irán como una defensa a la población suní en perjuicio del régimen chií que los gobierna, lo cual pondría en el tapete regional el conflicto sectario entre los musulmanes.
Por ahora el monarca saudí está jugando la carta diplomática, al retirar a su embajador en Siria para consultas, siendo imitado por otros países provocando mayor presión sobre el régimen de Assad para tratar de estabilizar a Siria, pero sabe que esta carta diplomática resultará en la victoria de la población alzada en protestas pacíficas, lo cual a la larga podrá jugar en su contra porque el éxito de la revuelta siria, aumentará la amenaza de contagiar a sus gobernados para seguir el mismo camino de las reformas democráticas, que restarían el poder absoluto con que gobierna su país y sus recursos petroleros.
El mantenerse al margen del sufrimiento y genocidio de la población siria lo descalificaría en sus aspiraciones de liderar las naciones árabes en el futuro próximo y ser la potencia hegemónica de la región, lo cual justifica su actual posición en el conflicto. La prudencia política lo obliga a no sobrepasar los límites de la presión diplomática y esperar que tenga resultado positivo.
En caso de que el presidente Assad haga caso omiso de la presión diplomática, al reino saudita le está vedada la posible intervención militar directa en Siria porque haría estallar un gran conflicto armado con su rival Irán.
Irán: los intereses geopolíticos iraníes en Siria están en juego, quien es uno de sus pocos aliados en su visión fundamentalista y de confrontación permanente con Israel. Siria es un aliado vital en este objetivo y por ello ha puesto toda la carne en el asador al apoyar incondicionalmente al presidente sirio, incluso enviando asesores y ofreciéndole el apoyo irrestricto de Hezbolá al régimen. El presidente Ahmadinejad es consciente que de perder Assad el poder, su país quedaría aislado en la región, perdiendo de paso la conexión que le brinda el territorio sirio con el grupo Hezbolá, lo que haría sumamente difícil el suministro logístico al mismo, lo cual debilitaría enormemente a esta espina en el costado de Israel. Irán confía en que Assad mantendrá el poder, sin importar los muertos que tenga que acumular.
Lo único que puede hacer el gobernante iraní en el momento, como respuesta al movimiento diplomático saudí, es enviar más ayuda militar ostensible a su aliado sirio para enviar un mensaje inequívoco a los saudíes y aumentar la retórica amenazadora de respuesta militar en caso de injerencia saudí en Siria.
La debilidad adicional de Irán en esta situación es que no es un país árabe, contrario a Arabia Saudí, quien pudiera alegar su compromiso incuestionable con una población árabe masacrada por sus gobernantes.
Turquía: se le presenta a este país y a su gobernante el primer ministro Recep Tayyp Erdogan una invaluable oportunidad de aumentar su prestigio como líder musulmán. Su incuestionable interés geopolítico en la región y su estrecha alianza con Occidente, sumado al interés turco de ser aceptado en la comunidad europea y en la OTAN como país estratégico, lo colocan como la mejor carta a ser utilizada en el conflicto sirio.
El prestigio de la democracia turca está en alta cotización como el oro en tiempos inseguros. Es el modelo a seguir por los países árabes convulsionados, con la bendición de Occidente y para alivio de Israel.
Turquía ha aumentado su presión diplomática contra el régimen sirio enviando a su más alto representante diplomático, el ministro de Exteriores Ahmet Davutoglu y puede ir aún más lejos, con la bendición de USA y la UE: darle un ultimátum a Bashar al Assad para que cese la represión contra la población; o Turquía se vería obligada a intervenir militarmente de manera unilateral, invocando la ayuda humanitaria urgente a la población indefensa y su seguridad nacional.
El diplomático turco ha utilizado frases preocupantes: "no ve a Siria como un problema externo". "Siria es nuestro problema interno porque tenemos una frontera de 850 kilómetros con este país, tenemos lazos históricos y culturales, tenemos un parentesco", subrayando “que por todo ello Ankara no puede ser un mero espectador de lo que sucede en Siria.” "Al igual que Turquía considera que lo que ocurre en Siria es un asunto interno turco, Siria, también, tiene las mismas consideraciones respecto a cualquier cuestión a la que se enfrenta Turquía", ha señalado el ministro, según SANA.
Davutoglu ha subrayado que bajo la dirección de Al Assad, Siria se convertirá en un modelo en el mundo árabe una vez culminen las reformas anunciadas, al tiempo que ha destacado que la estabilidad en este país es clave para la región.
A mi entender, estas frases envían un mensaje velado: tenemos la libertad de intervenir militarmente si es necesario, para proteger nuestros intereses de paz y seguridad si Assad no logra pacificar la nación, llevando adelante las reformas necesarias, incluso abandonando el poder si es una exigencia de la población. Turquía se asegurará de contar con la aprobación de los dirigentes de la oposición siria para alcanzar la paz mediante la negociación pacífica entre los gobernantes sirios y la oposición, con el ejército en los cuarteles.
La suerte está echada. No importa la posición de Irán. El presidente al Assad tiene que cesar con la matanza, introducir las reformas necesarias y abandonar el poder si así lo exige la nación; de lo contrario Turquía actuará militarmente para establecer la paz en la región. Esta posición extrema de Turquía de seguro cuenta con el aval de Occidente y de Arabia Saudita, quienes están imposibilitados de intervenir con la fuerza militar. El riesgo de una confrontación con Irán disminuye, pero no la evita, si es Turquía quien da el paso militar; contrario a la seguridad de una respuesta militar iraní si es Arabia Saudita quien interviene.
Siria: la población aumentará la presión en las calles con la movida diplomática de Arabia Saudita y Turquía, seguros de que sus objetivos están ahora al alcance de sus manos. Bashar al Assad tiene que responder aceptando su derrota o prepararse para el conflicto armado.
Si Assad echa toda la leña al asador seguro de contar con su aliado iraní, y aumenta la represión armada contra las protestas, la guerra es inevitable.
Momento Profético: de estallar un conflicto armado en los próximos días, se cumplirá una vez más la profecía sobre los últimos tiempos. Irán entrará en guerra en defensa de su aliada Siria, enfrentará a Turquía y a Arabia Saudita quien entrará en el conflicto como aliada de Turquía. Podrá ser el momento en que aparezca el líder militar que Irán está esperando y logre la victoria sobre estos ejércitos y se apresure el surgimiento del Califato soñado por los islamistas.
Me inclino a pensar que la guerra estallará irremediablemente.
¡Mañana lo veremos!



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mesiasenfrentados
Sobre el Autor

emmanuel garcía

Latino americano. Estudioso de las profecías delJudaísmo, Cristiabnismo e Islamismo. Padre de 4 hijos. Abuelo de 9 nietos y subiendo. Profesional de la odontología

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