Durante el verano de 1940, el embajador japonés Sugihara , se preparaba para cerrar la embajada que se ubicaba en Berlín y regresar a su natal Japón.
En la mañana del 27 julio del mismo año, se encontró con 200 personas fuera de la embajada japonesa, era un grupo de judíos que pedían hablar con el embajador. El embajador aceptó hablar con cinco representantes para saber qué querían, le contaron a este como habían sido brutalmente sacados de sus casas, y habían sido tratados por los militares nazis. Y por ello le pedían al embajador visas y permisos diciéndole que él era su último recurso.
EL embajador consultó con sus superiores pero éstos negaron rotundamente al embajador que diera visas. Días después el embajador decidió ayudar a este grupo de personas que empezaba a aumentar, dándoles visas y permisos para viajar. El sabía que ayudando a este grupo, ponía en peligro su presencia como embajador y la presencia de su familia. Pero aún así decidió ayudar a este grupo de personas. Y hoy en día es reconocido por su labor, y su buen corazón.
No se sabe la cantidad exacta de gente a la que ayudó


