Benny Gantz, el general que puso a Netanyahu al borde del abismo

Post thumbnailBenny Gantz y Benjamín Netanyahu Foto: GPO Haim Zach
Hijo de sobrevivientes del Holocausto, ex jefe del Estado Mayor del Ejército, con una política centrista y un discurso de unidad, Benny Gantz logró en estos comicios hacer temblar el reinado del primer ministro Benjamín Netanyahu, a quien prácticamente igualó en votos.

Benjamín Gantz, más conocido como Benny (Kfar Ahim, 1959), logró hacerse ayer al frente de coalición Azul y Blanco -los colores de la bandera israelí- con más de un millón de votos y llegó a hacer sombra durante el recuento al actual jefe de gobierno, que luchaba por la reelección y que finalmente -con el 97 % del voto escrutado- aparece como el mejor posicionado para formar una coalición de gobierno.

Su nombre empezó a sonar fuerte el año pasado y las encuestas le reflejaban como uno de los principales candidatos, aún cuando nada se sabía de sus opiniones políticas o sobre su intención de participar en las elecciones.

Aunque debe parte de su popularidad al hecho de haber sido la única alternativa seria a Netanyahu en estas elecciones, Gantz cuenta con características muy específicas y especialmente atractivas para el electorado israelí.

En primer lugar, el factor familiar ha pesado bastante en la construcción de su imagen política.

Sus padres, ella de origen húngaro y él rumano, no solo sobrevivieron el Holocausto sino que también representan los valores del sionismo sobre el que fue fundado el Estado de Israel.

En múltiples ocasiones se ha referido a sus orígenes para explicar su incursión en política, aunque con el correr de la campaña se fue enfocando más en su mujer y sus cuatro hijos, a los que menciona cada vez que puede.

A esta imagen de hombre de familia se suma su buena apariencia (alto, esbelto y de ojos celestes), la calma, seriedad y aires de liderazgo que su vasta experiencia militar le aportaron en el imaginario colectivo.

En Israel, donde el Ejército es una de las instituciones más prestigiosas, una buena carrera militar puede catapultar a alguien a la cima.

Su último cargo fue el de jefe del Estado Mayor entre 2011 y 2015, período en el que encabezó dos operaciones de envergadura contra el grupo terrorista islámico Hamás que controla con mano dura la Franja de Gaza.

Previamente, algunos de sus puestos más relevantes fueron como comandante de la división de Judea y Samaria (Cisjordania) en el comienzo de la Segunda Intifada, después de las fuerzas de infantería que lucharon contra la organización terrorista chií Hezbollah en Líbano y más tarde como agregado militar israelí en Washington.

Más allá de su carrera militar, mucho se habló durante la campaña sobre su falta de experiencia y habilidad política, sobre todo en comparación con el habilidoso político Netanyahu, que luchaba por su quinta reelección -la cuarta consecutiva- tras trece años cumplidos en el cargo.

Azul y Blanco ha enfocado la campaña con una agenda de centro, aunque incluye candidatos al Parlamento de distintas esferas del espectro político como el ex periodista Yair Lapid, con el que había hecho un acuerdo para alternarse en el cargo de primer ministro si ganaban, y otros dos ex jefes del Estado Mayor del Ejército: Moshé Yaalón y Gabi Ashkenazi.

Su programa tuvo como pilares la seguridad, la unión de una sociedad israelí muy fragmentada y la preservación de la democracia, según Gantz amenazada por la embestida de Netanyahu contra las instituciones, sus casos de corrupción y su perpetuación en el poder.

En relación al conflicto con los palestinos, Gantz ha mezclado un discurso de mano dura frente a las provocaciones y ataques de Hamás desde Gaza con una retórica más conciliadora y apuntando al diálogo como clave para alcanzar la paz.

Sin embargo, aunque Netanyahu lo haya acusado de izquierdista, Gantz había asegurado que, de ganar, mantendría el estatus de Jerusalén y los grandes bloques de asentamientos judíos en (Judea y Samaria) Cisjordania.

Donde sí había mostrado un perfil más progresista era en cuestiones sociales, enfatizando la necesidad de invertir en salud y educación, centrarse más en los que menos tienen y progresivamente separar la religión del Estado.

Además, había prometido limitar a dos mandatos el tiempo en que puede servir un primer ministro y asegurado que promulgaría leyes que fomenten la transparencia y el correcto funcionamiento de las instituciones. EFE y Aurora