El distrito palestino de Jenín, en el norte de Cisjordania, ha dejado atrás años de estigma y de violencia para volcarse en un proceso de recuperación económica destinado a convertirlo en uno de los centros del turismo regional.
Con un índice de desempleo que hace sólo cinco años superaba el 60 por ciento de su población activa, hoy, tres años después del inicio de las reformas, ese porcentaje se reduce a la mitad.
"Estamos haciendo un esfuerzo considerable a todos los niveles con el fin de depender menos de las donaciones (internacionales) y consolidar nuestro sector privado", anunció en una reunión con periodistas Mohamed Mustafa, director ejecutivo del Fondo Palestino de Inversión (PIF).
Promotor de los principales proyectos de desarrollo en Cisjordania, el PIF ha destinado cien millones de dólares para la creación de nuevas urbanizaciones en Jenín que llevan con orgullo la etiqueta "Made in Palestine", por el origen de la inmensa totalidad de los materiales empleados y su mano de obra.
"Sólo si no nos queda más remedio recurrimos a proveedores en Israel", apostilla Munir Treish, directivo de la constructora que levanta el proyecto Al-Nijan, núcleo de una nueva "franja de desarrollo" entre el centro urbano y la sede local de la Universidad Americana.
Mustafa, economista formado en los organismos financieros occidentales de mayor prestigio, reconoce que Jenín fue "un suburbio conflictivo durante algún tiempo", pero "en los últimos años la seguridad ha mejorado y la economía despierta".
De esa ciudad, hasta hace unos años bastión del islamismo más radical, salieron entre 1994 y 2004 algunos de los terroristas suicidas más sanguinarios que atacaron las calles israelíes.
Su campo de refugiados es recordado hasta el día de hoy por ser escenario en 2002 de duros enfrentamientos armados en los que murieron 53 palestinos y 23 israelíes.
En la recuperación ha jugado un papel decisivo la apertura del paso fronterizo de Yalame, que ha permitido la entrada a decenas de miles de árabes-israelíes, palestinos que viven en Israel y tienen un poder adquisitivo más alto.
Rodeado por la valla de seguridad que rodea casi toda Cisjordania, el distrito de Jenín había vivido del mercado israelí hasta
"Antes, unos 35.000 palestinos del distrito trabajaban en Israel, ahora sólo entre 1.500 y 3.000", sostiene el gobernador Kadura Musa.
Israel ocupa Cisjordania desde 1967 y controla todos los pasos fronterizos y carreteras con el impacto que esta medida provoca en la economía local.
Aprovechando el papel que la ciudad jugó en la historia de la región por su estratégica ubicación entre Nazaret y Jerusalén, dos de los tres centros cristianos más importantes, el turismo es uno de los sectores que Musa trata de impulsar para los más de 6.000 jóvenes licenciados en paro.
"Tenemos aquí el túnel de Belama (Bronce tardío) y el monasterio de Burkin, el cuarto más antiguo del mundo y sobre la cueva en la que Jesús hizo su segundo milagro (la cura de leprosos)", describe.
Para diluir su reputación como centro islamista y de la lucha armada contra Israel, Jenín ha tendido la mano a un proyecto turístico conjunto con la vecina comarca israelí de Gilboa.
En los últimos tres años sus intendentes lo han presentado en varias ferias internacionales como un "Paquete por la paz", iniciativa que cuenta con el apoyo del Gobierno alemán y de la Agencia Española para la Cooperación y el Desarrollo (AECID).
"Los palestinos queremos la paz con Israel, una paz cálida, verdadera, como lo han sido también nuestras guerras", proclama Musa sin olvidar que eso no será posible hasta que "el pueblo que está ocupado obtenga su libertad".
El turismo extranjero no ha descubierto aún la existencia de Jenín, que también quedaba fuera de las rutas del peregrinaje por el cierre de Yalame hasta 2009.
Para ellos, y para el turismo local, ha abierto la familia de Basam Hadad, procedente de la ciudad árabe-israelí de Nazaret, el único centro turístico de todo el norte de Cisjordania, con un hotel, un teatro nacional, un pequeño parque de atracciones y un museo de tradiciones palestinas.
Sus instalaciones y 150 habitaciones -en todo el distrito había sólo 60-, la "Hadad Tourist Village" es un vergel en medio de un entorno hostil, una apuesta millonaria que para el común de los inversores era impensable hasta hace sólo tres años. EFE

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