La Liga Árabe y las potencias occidentales repitieron en el Consejo de Seguridad de las Naciones Unidas, una y otra vez que no están impulsando una intervención militar en Siria para terminar con el baño de sangre, con el objeto de sumar a China y a Rusia en una iniciativa para hallar una solución.
Pero estos dos últimos países se oponen a la resolución promovida por los países árabes que significaría la carta de defunción internacional para el régimen del presidente sirio Bashar al Asad.
El debate en la reunión del Consejo de Seguridad en Nueva York fue formulado en el más alto perfil, atendido por ministros de gobierno y altos oficiales de la Liga Árabe.
China y Rusia se oponen firmemente al actual borrador de resolución presentado la semana pasada por Marruecos, y promovido las potencias occidentales y la Liga Árabe, porque temen que el decreto conduzca a una intervención militar en Siria similar a la que llevó adelante la OTAN en Libia.
Ambos países bloquearon, mediante el poder de veto, intentos previos de condenar al régimen sirio por las incesantes violaciones a los derechos humanos. Rusia mantiene fuertes lazos militares con el régimen de Asad, heredados de la era soviética. La Armada rusa posee su única y estratégica base naval en Tartus sobre las costas del Mediterráneo. Recientemente ha provisto a Siria de avanzados misiles anti-buque Yakhont y firmado un contrato para la entrega de aviones de combate por un valor de 564 millones de dólares.
El embajador ruso ante la Unión Europea, Vladímir Chizhov, sugirió que su país vetará el proyecto, que exige al presidente Asad que dimita en favor de su vicepresidente, para que se constituya un gobierno de unidad nacional de transición que convoque a elecciones limpias y transparentes. Una fórmula similar a la adoptada para solucionar el conflicto en Yemen.
El proyecto “no tiene lo más importante: un postulado manifiesto
“China se opone firmemente al uso de la fuerza para resolver el problema sirio y se opone resueltamente a impulsar un cambio de régimen en Siria, porque viola la Carta de las Naciones Unidas y las normas básicas que guían la práctica de las relaciones internacionales”, expresó el embajador chino ante la ONU, Li Baoding
Mientras tanto, las fuerzas de seguridad sirias continuaban actuando contra los rebeldes, provocando la muerte de decenas de personas. La revuelta en las provincias del interior llegó a las afueras de la capital de Damasco, donde la violencia continuaba por cuarto día; a pesar de que las agencias estatales sirias informaban que los operativos de las tropas del régimen habían devuelto la “estabilidad” al área de al Ghotta,
La secretaria de Estado de EE.UU., Hillary Clinton, reclamó al Consejo de Seguridad que apoye una resolución con el plan de transición para Siria diseñado por la Liga Árabe y que evite ser “cómplice” de la prolongada ola de violencia que comenzó hace once meses y terminó con la vida de más de 5.400 personas.
“Algunos miembros en el Consejo piensan que la resolución equivaldrá a otra Libia, esta es una analogía falsa”, declaró.
“Tenemos que tomar posición: O estamos al lado del pueblo sirio o somos cómplices de la prolongada ola de violencia que vive el país”, dijo Clinton.
El primer ministro qatarí, Hamad bin Jassim al Thani, pidió a los quince que apoyen el plan de la Liga Árabe y que actúen para detener “la máquina de matar” del régimen del presidente Asad.
En tanto que el secretario general de la Liga Árabe, Nabil Al Arabi, reclamó al Consejo de Seguridad actuar para asegurar que se logre un cese inmediato de la violencia y la aplicación de una hoja de ruta que ponga fin a la crisis.

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