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Publicado 24/01/2013 09:42
Opinión
Las elecciones trajeron sorpresas buenas y de las otras
Los ganadores bailan y los perdedores prefieren callar
José Danor



En el último artículo antes del acto electoral, exhortamos a la ciudadanía a votar. Consideramos que en un sistema democrático, el voto no es solamente un derecho sino un privilegio y en los países donde no existe la obligatoriedad de concurrir a las urnas, la responsabilidad recae exclusivamente en el ciudadano. Las cifras hablan ahora de una comparecencia en los circuitos electorales cercano al 67 por ciento, algo más que en los comicios anteriores. Como la estadística señala que alrededor de medio millones de israelíes con derecho a voto residen en el exterior y no pueden votar y otras decenas de miles no lo hicieron por diversos impedimentos, el ausentismo no es tan grave.
Es imprescindible destacar que, desafortunadamente, un cuarto de millón de papeletas no tuvo ninguna influencia porque pertenecía a partidos que no pasaron el mínimo del dos por ciento. La inscripción de nuevos partidos y la barrera mínima deberían ser analizados nuevamente por el Parlamento para llegar a un equilibrio mejor entre el interés de la democracia de alentar a más personas a ingresar al ruedo político sin convertir a las elecciones en una especie de circo con quienes aprovechan el tiempo gratis en la radio y la televisión que les otorga la ley para presentar plataformas ridículas.

Las encuestas son buenas para los ganadores
Un análisis de las elecciones no está completo sin una referencia a las encuestas. Son buenas para los ganadores y para los que dan la sorpresa. Para los demás son un indicador equivocado que los adormeció impidiéndoles que redoblen los esfuerzos en la imprescindible búsqueda de votantes.
Un breve repaso muestra que el partido fundado por Yair Lapid, Yesh Atid, al que hace apenas una semanas, los sondeos le adjudicaban 11 bancas, trepó en la realidad a 19. Meretz, el partido de izquierda al que se le pronosticaban 3 o 4 asientos, subió a seis. Los candidatos de estos partidos, una vez que se enteraron de los resultados, se olvidaron que hubo encuestas.
En cambio, los de Avodá, que contaba con 18 a 19 bancas y llegó a 15; Likud Beitenu en lo previo tenía 34 a 35 y en la realidad apenas obtuvo 31. Los responsables de estos partidos pueden ahora decir que sus votantes potenciales sabiendo que las expectativas estaban cumplidas, prefirieron a último momento otra papeleta o se fueron al parque a pasar el día y no se molestaron en votar.
¿Qué pasará desde ahora? La semana próxima, el presidente del Comité Electoral, el Juez de la Suprema Corte, Elyakim Rubinstein, entregará los resultados oficiales y definitivos del acto electoral al Presidente del Estado.
De inmediato, según aseguró la portavoz de la Oficina del Presidente, Shimon Peres, procederá a convocar a los líderes de las diversas bancadas para que recomiende a la persona que, a su juicio, tiene las mayores probabilidades de formar el gobierno. Después de las consultas Peres encomendará

a uno de ellos (que, según la ley, no tiene por que ser el líder del partido que obtuvo mayor número de votos) otorgándole un plazo de 28 días para que cumpla la misión.
Demás está decir que los contactos entre los dirigentes para tantear su disposición a ingresar o no a la potencial coalición comenzaron ni bien se dieron a conocer los resultados estimados que difunden los canales de televisión, minutos después de cerrarse los circuitos.
Si, como prevén los analistas, Biniamín Netanyahu será el primero en recibir de Peres el mandato para formar la coalición, ante él se abren dos posibilidades: la primera sería la continuidad - con los cambios naturales impuestos por el resultado de los comicios - del gobierno que estuvo en el poder en los últimos cuatro años. A ellos podría sumarse Yesh Atid que, con sus 19 sillones, daría un gran respaldo al oficialismo.
La segunda, es la de integrar un frente que incluya a parte de los partidos de centro izquierda, como Avodá y Hatnuá, sin uno o más de los partidos religiosos.
Aunque menos probable que las dos opciones citadas, existen todas las otras, o sea cualquier combinación que le asegure a Netanyahu más de 60 manos a favor cuando la Knéset vote para aprobar la integración de su gabinete.

Consecuencias personales
Dos de los políticos más experimentados del país, el primer ministro Netanyahu y su socio Avigdor Lieberman son los primeros que deberían extraer conclusiones personales. Ellos delinearon la campaña política, contrataron asesores y fijaron los lineamientos de los mensajes a la ciudadanía. Evidentemente salieron mal parados. Semanas atrás escuchamos decir a un analista del “voto ruso” en clara referencia a los simpatizantes de Lieberman, que él no cumplió ninguna de sus promesas. Su plataforma contenía temas como el matrimonio civil, la regularización de la ciudadanía de muchos inmigrantes, la apertura de negocios en los días sábados y más. Ni hablar que temas como la carestía de la vivienda, uno de los disparadores de la protesta social también preocupa a ese sector del electorado.
De políticos veteranos y comprometidos con sus seguidores, cabría esperar el reconocimiento de la derrota y un pedido de espacio para acometer en el venidero período parlamentario las misiones que quedaron olvidadas en algún cajón de escritorio.
Un proceso de reflexión profundo debería también hacer la líder del Laborismo Shelly Yachimovitch. Su lista fue la consecuencia de una correcta elección primaria. El partido se renovó trayendo caras nuevas al primer plano pero eso no alcanzó para convencer a los electorales.
Satisfacción es la palabra para definir el resultado obtenido por el partido religioso sionista de derecha Habait Hayehudí que pasó de tres a once diputados. Un cambio casi total de la nómina de candidatos y la personalidad juvenil de su líder, Naftali Bennett fueron determinantes para la captación de votos de otros partidos de derecha como Likud Beitenu y Shas.
Un partido que en los últimos veinte años convirtió el tema de los asentamiento en Judea y Samaria, en su única bandera, ahora deberá responder ahora a los votantes de otras partes del país y en temas que antes parecían no incumbirle.



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