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Publicado 20/12/2012 11:57
Opinión
La paz con Jordania está en medio de un entorno tormentoso
Arrogancia, decepciones y fracasos en la relación entre Jerusalén y Amán
Lic. Samuel Leillen



Citando al Rey de Jordania Abdallah (foto) durante su reciente visita a Londres, el periódico árabe “Al Hiyat” anunció que dentro de tres meses se renovarán en territorio jordano las tratativas israelíes-palestinas, bajo el ojo vigilante de los norteamericanos. La cita indica que “el Presidente Obama, después de su segundo juramento en enero próximo y con un nuevo Secretario de Estado, volverá a darle prioridad al proceso político en el Medio Oriente”. ¿Jordania regresa al frente del escenario?
En Israel no hubo ningún comentario al respecto. Después de 18 años de firmado el acuerdo de paz jordano-israelí (26.10.1994), se requiere un análisis minucioso, y eso hace el Prof. Shimón Shamir, Profesor Emérito de la Universidad de Tel Aviv, en su nuevo libro “Altibajos de la paz cálida con Jordania” - editorial Hakibutz Hamehujad, 598 pág., que analiza las conductas israelíes en el período del Rey Hussein y las razones de lo que él considera “la oportunidad desaprovechada”.
El Prof. Shamir, iniciador de los estudios orientales en la Universidad mencionada, goza de un amplio prestigio académico internacional (fue docente en las universidades de Harvard, Pensilvania, Cornell, California, y Miembro Distinguido del Instituto de Estudios para la Paz del Congreso en Washington) también cumplió un servicio diplomático de relevancia - como embajador de Israel en Egipto (1988-1990) y luego como primer embajador israelí ante el Reino de Jordania.
En este libro, el autor sostiene que frente a la firme voluntad del Rey Hussein de entablar relaciones “cálidas” entre los dos países, con amplios frentes de acción conjunta, con una larga lista de ambiciosos proyectos comunes en diversas áreas de la economía y las infraestructuras, que conduzcan a una firme colaboración y entendimiento entre los dos pueblos, rápidamente fue claro que la parte israelí no es consecuente con esta visión y los frutos del acuerdo no maduraron. Era de primordial interés jordano que el acuerdo resulte activo y efectivo, tanto por la perspectiva doméstica, como por el efecto aleccionador a los otros países árabes y como freno al activismo fundamentalista.
Los esfuerzos jordanos de presentar ante su pueblo el tratado de paz como fuente de mejoras y adelantos, sólo provocaron decepción y desconfianza, acentuadas por conductas de las autoridades israelíes que, por descuido o desprecio, provocaron incomodidades y dificultades a las autoridades de Amán. Tal es así, que en sus últimos años de vida (falleció el 7.2.1999) manifestaba con pena su gran decepción y su sensación de haber sido engañado, lo que condujo al congelamiento de las relaciones y a la definición de su sucesor, el actual Rey Abdallah, como una “paz fría”.
El libro reseña las formas de pensar tanto del lado jordano como del lado israelí durante las cadencias de Rabin, Peres y Netanyahu que fueron Primer Ministro en los años del Rey Hussein, y formula también el interrogante, en especial frente a los acontecimientos de la “primavera árabe”, si esta frustración era imprescindible. El libro es muy crítico, pero con propósitos constructivos.

Antecedentes
El primer paso de colaboración entre los dos países, fue dado por David Ben Gurión en 1960. Suscitada la amenaza por la conformación de la República Árabe Unida concertada entre Egipto y Siria, que procuraba quitar del paso la “molestia geográfica” de Jordania, el pequeño reino intentó proteger su soberanía atacando a los sirios. El Rey despachó el 14.9.60 un enviado especial al gobierno israelí consultando si dado el conflicto en el que están sumergidos y la necesidad de disminuir sus fuerzas militares en las fronteras con Israel y destinarlas al norte, acaso Israel aprovechará las circunstancias para atacar a Jordania. La respuesta de Ben Gurión fue categórica: “la existencia del Reino de Jordania como país independiente es de interés israelí”.
Desde entonces se sucedieron consultas conjuntas, suspendidas temporariamente cuando Jordania en 1967 decidió sumarse a los intentos egipcios de atacar a Israel. En 1970 hubo un intento de revuelta palestino en Jordania, apoyado por tanques sirios que invadieron el reino. Israel salió en apoyo del Rey, que manifestó su agradecimiento en forma reservada después que la revuelta fuera sometida, y las siempre discretas conversaciones israelíes-jordanas continuaron.
Más tarde, con el beneplácito de Mubarak y las insistencias del Presidente Clinton, se firmó el tratado de paz que cubría los siguientes objetivos:
El convenio delimita la frontera internacional acordada entre ambos países, incluyendo las aguas territoriales y el espacio aéreo;
Israel y Jordania acordaron distribuciones del agua de los ríos Jordán y Yarmuk, y de las aguas subterráneas de la Aravá. Israel aceptó transferir a Jordania 50 millones de metros cúbicos de agua anualmente.
Seguridad - Ambas partes se comprometieron a abstenerse de participar en actos de beligerancia o hostilidad, garantizarán que no se originen amenazas de violencia contra la otra parte desde sus territorios y tomarán medias necesarias y efectivas para impedir actos de terrorismo;
Se estableció que los ciudadanos de ambos países y sus vehículos tendrán libertad de movimiento a lo largo de las carreteras y los cruces de fronteras. Naves de ambos países tendrán el derecho de navegar sobre las aguas territoriales y tendrán acceso a los puertos. Posteriormente se reglamentó la aviación civil;
Se estableció libertad de acceso a los lugares de significancia histórica y religiosa. Israel reconoció el rol especial del Reino Hashemita de Jordania en los santuarios musulmanes en Jerusalén;
Las partes reconocieron los problemas humanos causados por el conflicto en el Medio Oriente, y convinieron en aliviarlos a nivel bilateral y en tratar de solucionarlos;
El

tratado de paz se refiere no sólo al fin de la guerra, sino también a la normalización estableciendo relaciones diplomáticas plenas, con embajadores y embajadas.
La implementación del tratado fue asentada con 15 acuerdos bilaterales que fueron firmados y ratificados desde entonces, en áreas diversas: protección ambiental, comercio, transporte aéreo y terrestre, recursos hídricos, agricultura, lucha contra el crimen y las drogas, comunicaciones y correo, ciencia y cultura, educación, salud, fronteras, la región de Aqaba-Eilat, turismo y energía.

Integridad dignidad - finesse
El libro fue presentado en un imponente acto realizado en la Universidad de Tel Aviv. El primer expositor fue Ephraim Halevy, en su oportunidad Jefe del Mosad, experto en inteligencia (1961-1998) y diplomacia (USA, 1970-1974; París 1976-1979; Comunidad Europea 1996), habiendo sido también Jefe del Consejo Nacional de Seguridad (2002-2003), que abandonó por sostener posiciones muy controversiales, (por ejemplo sostenía que “es necesario entablar conversaciones con Hamás”, “la amenaza de Irán nuclear no es vital para Israel”, etc). También es famosa la alta consideración que le tenía el Rey Hussein, con el cual mantuvo las tratativas que llevaron al acuerdo de paz según instrucciones de Itzjak Rabin.
Halevy destacó que las siglas que identifican al ejército de Israel IDF - Israel Defense Forces - expresan “Integridad, Dignity, Finesse” - y son tres términos que no tienen traducción al hebreo. Son tres virtudes que faltaron en el trato de los israelíes a los jordanos. Éstos interpretaron que Israel ven en Jordania algo inestable, pasajero, fácil de superar.
Luego comentó algunas anécdotas que llevaron al Rey Hussein a sentirse despechado. Por ejemplo, adelantadas las tratativas de Oslo, no se lo hicieron saber. Durante prolongado tiempo el Rey no quiso ni siquiera conversar con Rabin.
La conducta israelí fue también carente de dignidad, tema fundamental en la simbología árabe. Si analizamos bien lo sucedido desde el estallido de la “primavera árabe” - Túnez, Egipto, Libia, Yemen, Siria, etc. - allí siempre figura el factor “dignidad” como objetivo primordial. A pesar de ello, los israelíes siempre trataron a Jordania como algo secundario, les hicimos sentir que nosotros, los israelíes, somos “superiores”.
Y por supuesto que al faltar “integridad” y “dignidad”, es inalcanzable la “finesse”: siempre nos comportamos como “más inteligentes”, “más poderosos” en todo. Grave error, pues si el reino no podrá sostenerse, los más asombrados y los más preocupados seremos nosotros mismos.

Falta de seguimiento
Eytan Haber, periodista y publicista, también integrante del equipo que mantuvo las conversaciones con los jordanos, consideró que la paz con Jordania se interpretó, erróneamente, como algo obvio. Señaló también que esta paz, cuyas intenciones fueron que sea “cálida” pero rápidamente pasó al congelador, no adelantó por la inacción de ambas partes. No existe ni del lado israelí ni del lado jordano un mecanismo que cultive los acuerdos establecidos y vele por el cumplimiento de lo concertado. Es también de interés directo de los jordanos, pues al iniciarse el acuerdo pudieron recibir importantes ventajas económicas concedidas por los americanos. Se esbozaron programas de alto vuelo que contribuirían al bienestar de todos los ciudadanos: aeropuerto común en Eilat, puerto común sobre el Mar Rojo, proyectos de relevancia económica, turística y ambiental alrededor del Mar Muerto, todos ellos no progresaron fundamentalmente por la soberbia de los israelíes. Y es imperante que nos esforcemos para superar esta dificultad.
Jordania y las aspiraciones palestinas
El Prof. Asher Susser, prestigioso investigador del Centro Moshé Dayán de Historia del Medio Oriente y Norte de África de la Universidad de Tel Aviv, y profesor en diversas universidades del exterior (Chicago, Cornell, Arizona, Brandeis, y consultor del Centro de Investigaciones de la Paz de Washington), observó que la paz con Jordania no es un acuerdo en el que la faz militar es la preponderante. No hay límites en litigio, no se fijaron zonas desmilitarizadas, no se reclamaron puntos de observación estratégica: los puntos concertados se basan en propósitos positivos sin fijar limitaciones unilaterales.
Los jordanos siempre estuvieron preocupados por los sectores israelíes consideran que la solución del problema palestino está en Jordania. Ellos vieron en los acuerdos de Oslo un reconocimiento tácito a la integridad jordana, una reafirmación que “Jordania no es Palestina”. El Rey Hussein mantuvo una lucha continua, insistente, en normalizar las relaciones con Israel y separar el tema palestino, pero la muerte de Itzjak Rabin alteró lo logrado y Netanyahu pareciera que no hizo suyo el mensaje.
Los jordanos también aspiraron a los frutos económicos del acuerdo, pero desde la firma de los acuerdos la situación económica de la población jordana empeoró, si bien por razones ajenas. Se sienten amenazados, e interpretan que si no se soluciona el conflicto entre israelíes y palestinos, el 1.7 millón de refugiados que se encuentran en Jordania se verá reforzado por cientos de miles de palestinos que huirán de los territorios bajo ocupación israelí, y en definitiva harán a los jordanos víctimas de la conducta israelí hacia los palestinos.
Una y otra vez se destacó la falta de sensibilidad de los israelíes, de su soberbia, del desconocimiento del interlocutor, del no interesarse en como piensa la otra parte. Es de esperar que imperen los criterios que permitan una línea de participación activa en el diálogo y que promuevan el quehacer conjunto de ambas poblaciones.



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