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Publicado 13/12/2012 14:33
Opinión
Un asunto heredado de gobiernos anteriores
Mucho ruido y pocas nueces: la controversia por "E-1"
Elliott Abrams - Council on Foreign Relations



Decenas de gobiernos, empezando por el nuestro, han denunciado el anuncio hecho por Israel poco después de la votación de la Asamblea General de la ONU la semana pasada, sobre la construcción de más viviendas en Jerusalén y Cisjordania.
En particular, el gobierno de Netanyahu ha sido criticado por la construcción de viviendas en la zona conocida como E-1.
"E-1" es el espacio entre Jerusalén y la ciudad de Maalé Adumim, con una población de 40.000 habitantes. El argumento de la seguridad israelí es simple: es imposible tener a Maalé Adumim y Jerusalén conectados sólo por una carretera, porque ese camino puede muy fácilmente ser bloqueado y la comunicación entre Jerusalén y Maalé Adumim (y más allá del valle del Jordán y la frontera), cortada. Este argumento ha convencido a todos los primeros ministros israelíes que se han enfrentado a la cuestión, a partir de Itzjak Rabin y Shimon Peres. Se puede argumentar que ellos insistían en el derecho y tenían la intención de construir con el tiempo, pero no lo hicieron, y lo mismo puede decirse hoy del gobierno de Netanyahu. Lo que el primer ministro anunció la semana pasada fue el permiso para hacer la zonificación y planificación, no el permiso para construir una vivienda.
El argumento en contra de cualquier tipo de construcción israelí en E-1 es que haría imposible un Estado palestino porque ese Estado carecería de contigüidad. El argumento de contigüidad va en ambas direcciones: puedo recordar a funcionarios israelíes diciendo que para que Maalé Adumim exista, debe ser contigua a Israel. Pero el argumento palestino sugiere que debido a que las carreteras que tendrían que ir al este de Maalé Adumim, o ir por encima o por debajo de la carretera entre Jerusalén y Maalé Adumim, haciendo imposible un Estado. Ese es un argumento difícil de probar. En primer lugar, por supuesto, la votación en la ONU: las celebraciones en Ramallah reflejan que la decisión de la ONU estableció que Palestina es un Estado ya ahora, si bien aún no es miembro de la ONU. En segundo lugar, ¿por qué la construcción de caminos que permiten la circulación completa de norte a sur

en Cisjordania, por ejemplo, de Nablus y Hebrón a Belén haría imposible la movilidad y la actividad económica? Que dichos caminos deben estar disponibles y deben ser lo suficientemente buenos para llevar el tráfico actual y futuro rápidamente, es necesario, pero difícilmente un reto imposible.
La discusión sobre la E-1 no es nueva, ni está planeando algún tipo de conspiración derechista que refleje esta coalición israelí en particular. Como se ha señalado, todos los primeros ministros de la izquierda han tenido exactamente la misma posición, y todas las unidades nuevas en el West Bank deben ser aprobadas por el Ministro de Defensa, Ehud Barak. Eso no significa que la posición israelí sea correcta pero la pone en un poco de perspectiva.
En la votación pasada, Estados Unidos, Israel y muchos países de Europa instaron a la OLP de no insistir. Israel ha dicho durante mucho tiempo que tomaría medidas drásticas si la OLP avanzaba, y tenía que hacer algo en respuesta. De hecho, Israel ha anunciado que aplicará fondos de los impuestos adeudados a la Autoridad Palestina a las deudas contraídas por ella con la Corporación Eléctrica de Israel (deudas que ahora ascienden a 800 millones de shékels, unos 200 millones de dólares) por la electricidad suministrada, y ha anunciado la planificación de E-1 y de la construcción en los principales bloques de asentamientos y Jerusalén.
La construcción en los bloques más importantes y en Jerusalén no es una sorpresa, y no difiere de la política del anterior gobierno israelí encabezado por el Primer Ministro Olmert y el partido Kadima. Hubo un acuerdo entre la administración Bush y el gobierno del Primer Ministro Sharon en 2004 para permitir la construcción de nuevas unidades de vivienda dentro de los grandes bloques de asentamientos y otros, pero no a la construcción de nuevos asentamientos o la expansión física de los ya existentes. La decisión actual encaja fácilmente dentro de esos términos. El gobierno de Obama nunca ha aceptado el acuerdo entre los Estados Unidos e Israel, pero lo mencionó para demostrar que la reacción de Israel a la iniciativa de la Autoridad Palestina en la ONU es poco excesiva o sorprendente.



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