Varios meses después que concluyó su trabajo la Comisión presidida por el Prof. Trajtenberg, está muy claro que el Gobierno sólo aplicará muy pocas de las conclusiones de esa Comisión. Serán retoques cosméticos, porque la mentalidad del “Super Ministro de Economía” (Netanyahu) y su Ministro de Economía Steinitz (manejado por los tecnócratas) siguen pensando como antes, es decir: “enriquecer a los ricos” a costa del resto de la población sin prestar atención al aumento en la diferencia de ingresos entre los pocos ricos y los muchos pobres.
Para qué se formó la Comisión Trajtenberg si las propuestas importantes de esa Comisión no se llevarán a la práctica? La Comisión les indicó el principio del camino: se deben cambiar estructuras económicas para lo cual es necesario eliminar los monopolios (y si estamos en un “mercado libre” permitir verdaderamente la libre competencia y no los simulacros existentes); se deben aumentar los impuestos directos a las sociedades, reducir los indirectos que carga toda la población, verificar los presupuestos de cada ministerio, disminuir los beneficios a los asentamientos y a los alumnos de las ieshivot y otras medidas similares.
Los aumentos de precios continúan
En la actual Conferencia de Davos y también nuestro Presidente del Banco de Israel, comentaron que no es posible continuar con el incremento en las diferencias de ingresos, que esto no puede durar mucho tiempo sin que se produzcan desequilibrios, porque no son los objetivos de un Estado en general, y menos aún de un Estado Judío y Sionista, porque generará la emigración de población joven, protestas de todo tipo, etc.
Las últimas acciones son elocuentes: la Comisión proponía reducir el presupuesto militar y ese dinero afectarlo para cuestiones sociales; pero el presupuesto militar no se afectará y en cambio seguirán aumentando los impuestos indirectos que afectan a la población en general: el servicio de energía eléctrica aumentará en un 6.6%; el 1 de febrero aumentó el precio de la nafta, del cual el 60% son impuestos (indirectos). No hace falta aclarar el impacto sobre la economía y sobre la población de escasos ingresos que producirá el aumento de los servicios de transporte público y privado y del consumo de energía.
No se habla ni por casualidad de aumentar los impuestos directos. Sólo se decidió que para este año no se rebajaría el Impuesto a las Ganancias de las Sociedades (“Más hajavarot”), que es el más bajo del mundo pero no atrajo inversiones como el “super” Ministro de Economía Netanyahu pensó. ¿Por qué no se aumenta en 2 o 3 puntos ese impuesto y así tendremos para las necesidades más vitales y para financiar viviendas para los que las están reclamando con justicia?
La respuesta está en la ideología equivocada de esos ministros.
El criterio para asignar las viviendas que estarán al alcance de gente
Netanyahu tuvo que dar marcha atrás con su propuesta de prorrogar por otros cinco años la “Ley Tal”, debido a la protesta generalizada y a la campaña de los “fraierim” (idiotas) que son los que trabajan todo el año, excepto cuando hacen el servicio de miluim (de la reserva).
Está terminando la paciencia de la gente
No sabemos como terminará el tema, pero el privilegio de los religiosos que no trabajan, no cumplen con el servicio militar y reciben subsidios por familia numerosa y por cualquier otro motivo (por ejemplo asistencia odontológica gratuita a los niños) está rebosando la paciencia de la gente que trabaja y quiere progresar en este país. El Prof. Trajtenberg en esa misma conferencia les explicó a esos rabinos que no es sano para la nación que no trabajen y no se alisten en las Fuerzas Armadas! Varios de ellos no pudieron escuchar esas palabras y se retiraron, pretextando que la “carga la soportan los religiosos porque son los únicos que estudian la Torá!”
El problema no es sólo económico sino que ya incursionó en los aspectos sociales y morales, porque ya hay desaliento entre la gente joven y varios ya emigraron a otros horizontes. ¡Antes que sea tarde se debe revertir el proceso para que los jóvenes vean que aca tienen futuro!
El Super Ministro de Economía y su Ministro correspondiente no entienden (o no quieren entender?) que no estamos en una monarquía del Siglo XVIII que toda la economía era para beneficiar a unos pocos. ¡Henry Ford con su incipiente industria mejoró los salarios de sus obreros para que ellos puedan comprarle los automóviles!
Netanyahu y Steinitz deben aprender que en el Siglo XXI las finanzas públicas deben manejarse con sentido social: la economía al servicio de la sociedad, “y no a la inversa! Si no lo hacen tarde o temprano la situación se volverá insostenible y explotará… y dejará de ser un Estado Judío democrático y sionista.
No se trata de comprar el queso cottage más barato, sino que, además de que los impuestos sean equitativos y progresivos, todos cumplan con las leyes y no que casi la mitad de los jóvenes obtengan “exenciones” de cualquier naturaleza.
El Gobierno debe cuidar no sólo los números del presupuesto sino que debe preocuparse por el espíritu y la moral de la población. Hasta la más pequeña empresa quiere dejar conforme a sus clientes, pero Netanyahu-Steinitz sólo se ocupan de unos sectores determinados. ¿Hasta cuándo?

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