“Reloj no marques las horas, porque voy a enloquecer, ella se irá para siempre, cuando amanezca otra vez”.
Nunca más actual la letra de la famosa canción del cantante y compositor mexicano Armando Manzanero que en esta mañana de verano. Todavía el calor es insoportable y el país está a punto de pasar al horario de invierno.
Fue hace unos años que se llegó a un acuerdo entre los diversos partidos que conformaban la Knéset para legislar acerca del horario. Es que los religiosos, vaya uno a saber por qué mandato divino, se empecinaron en que el horario de verano complica no sé en que las plegarias de selijot, que se rezan a la madrugada.
Al mismo tiempo, otro u otros de sus sabios llegó a la conclusión de que ayunar con el horario de invierno es menos perjudicial para la salud, como si al cambiar la hora se acortara el ayuno o algo por el estilo.
El hecho es que, en pleno calorcito, Israel adelanta a las demás naciones y se convierte en un sitio “invernal”.
El presidente del partido Meretz, diputado Jaim Orón, cuando lo entrevistaron sobre el tema, expresó que en el
Le damos la razón. Muchas de las resoluciones del Gobierno y de las leyes promulgadas por la Knéset son la consecuencia de presiones que provienen, justo es decirlo, no solamente de los partidos religiosos. Compañías comerciales, medios de comunicaciones, instituciones de todo tipo, también influyen.
En lo que no pueden caber dudas es que el asunto del horario repercute desde el punto de vista económico porque obliga a un mayor empleo de electricidad; en los accidentes de tránsito porque así lo indican las estadísticas y hasta en el estado de ánimo de la gente que vive más horas en la oscuridad.
En cualquier otra parte estos serían argumentos de peso pero nosotros vivimos en Israel y aquí le decimos al reloj que “no marques las horas”; para eso están los grupos de presión.

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