El primer ministro Biniamín Netaniahu dirigió la vista al presidente de la Autoridad Palestina, Mahmud Abás, y le dijo: “Usted es mi socio para la paz”.
Dos horas duró la primera entrevista de los líderes en el nuevo proceso de paz de Oriente Medio. El tiempo dirá si fueron dos horas históricas o dos horas de historieta.
La primera conclusión que surge es que Israel confirmó la prédica de decenas de años de extender la mano a los vecinos para llegar a un arreglo de paz.
En el plano interno, Netaniahu tiene el mandato, tanto de quienes lo votaron como de los partidos de centro y de izquierda para ir adelante, como él mismo lo dijera, hacia una paz que “exigirá compromisos dolorosos a los dos pueblos”.
Antes de partir a Washington recordó que los tratados de paz con Jordania y Egipto fueron alcanzados por dos primeros ministros que tuvieron valentía y determinación.
Ahora le llaga el turno a él. Si el socio es capaz de ceder, él tendrá la oportunidad de traducir los hechos en palabras.
Los opositores no sólo que prepararon las armas sino que ya las disparan. En el lado palestino son los
Para arribar a buen puerto se requiere la combinación ideal que solamente vimos en unos pocos estadistas de gran dimensión: poseer una cabeza de lobo, firme, atento a cualquier movimiento, por mínimo que sea, con la finalidad de defender lo que le pertenece, y un corazón blando, de cordero, lleno de intenciones nobles para llegar lo más lejos posible en el camino a la paz.
Son tantas las veces que las tratativas de paz fracasaron, que es difícil salir del escepticismo y la incredulidad que se apodera de la mayor parte de la población israelí al ver las nuevas fotos tomadas en Washington. El espíritu judío, en vísperas del Nuevo Año, incluye una gran dosis de optimismo y una plegaria, no importa en qué idioma, para que llegue la paz tan deseada.

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