Estimado Sr. Gutt:
1- Como ve, en nuestra escuela de diplomacia admitimos ideas como las suyas.
2- Lamento que para conservar el judaísmo usted deba vivir en un gueto. Yo conservo el mismo judaísmo y vivo en un barrio normal.
3- Tiene razón: los mandamientos son para quienes los cumplen y si no pregúntele a Arie Deri, Shlomo Benizri y otros de la misma clase que predican tanto y al final ya sabemos lo que pasó. También le puede preguntar a los dos jóvenes que fueron arrestados días atrás cuando traían un contrabando de drogas en sus ropas. Por las dudas, pregunte a los amigos que, presuntamente, estarían envueltos en el asunto de Holyland y, créame, la lista es larga y conocida. De ellos no tengo, ni tiene nadie, lo qué aprender.
4- Para su conocimiento: nadie lanza a nadie a profanar Jerusalén. Si acaso quienes lo hacen son los rabinos oscurantistas y fanáticos que en cualquier otra parte del mundo estarían detrás de rejas por incitar a la violencia. Si no lo cree, escuche el relato de las madres de niños minusválidos cuyo autobús fue apedreado hace unos días en Jerusalén por esos “respetuosos” de la Halajá y la tradición judía. O al joven que viajaba en una motocicleta y le empujaron encima un depósito de basura provocándole graves
5- No sé lo que le hubiera pasado a sus hijos si vivieran en un kibutz. Yo sé lo que les pasa a muchos que vivieron y viven en los kibutzim: son personas honradas, que viven de su trabajo, que aportan al país y por si fuera poco, muchos de ellos y sus padres son los que combatieron para que tengamos el Estado que tenemos. Ni hablar de los muchos que cayeron. Le recomiendo que se dé una vuelta por cualquier kibutz, llegue hasta el monumento a los caídos y les pida perdón.
Nosotros desde nuestra modesta tribuna le deseamos a usted y en general a nuestros hermanos ortodoxos que tengan Shaná Tová, un año pleno de felicidad, en el que nuestros prisioneros retornen y que los soldados que enviamos al frente vuelvan a sus casas sanos y salvos. Que el próximo sea un año en el que las personas útiles a la sociedad cumplan sus obligaciones y no solamente pretendan derechos que se financian con el dinero de los demás. Un año en el que la obligación de defender lo que tanto costó obtener se reparta entre todos los jóvenes y no solamente los que provienen de los hogares “profanados” mientras que los predicadores de la ética se esconden.

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