El principal escollo que en este momento se presenta antes de dar comienzo a las conversaciones entre palestinos e israelíes, es la exigencia palestina de que cesen las construcciones israelíes dentro de los territorios ocupados. Israel insiste en que ninguna de las partes debe presentar precondiciones. Honestamente, la exigencia de paralizar esas construcciones, no puede ser considerada una precondición presentada por los palestinos. Por el contrario, la continuación de las construcciones es, más bien, una precondición israelí, pues representa una respuesta anticipada a una cuestión a discutir. Es inadmisible pensar que Israel siga construyendo edificios que posiblemente luego aceptará demoler. Tiene mayor asidero creer que dichas construcciones son un claro mensaje a los palestinos que les da a entender que esos terrenos no serán devueltos, y no deben entrar en la categoría de tópicos a negociar porque pertenecen a Israel.
Parece que Biniamin Netaniahu entendió el problema, y en lugar de prolongar la moratoria impuesta sobre el comienzo de las construcciones (que llegará a su fin el 26 de septiembre próximo), para salir de la encrucijada propone a los palestinos alternativas que no ponen en peligro a la coalición de su gobierno.
Pero aún suponiendo que se logren superar todos los inconvenientes que impiden que las conversaciones comiencen, dos grandes problemas de fondo que obran como pesados lastres sobre sendas partes, aún con mayor peso que las precondiciones, no han sido resueltos hasta el presente y convierten en improbable el éxito de su desenlace. El problema en el lado israelí, es la oposición a la entrega de gran parte de los territorios, sostenida por el sector mayoritario del gobierno y, en el lado palestino, la negación de considerar a Israel como país soberano, mantenida por la mayor parte del mundo
Si medimos la gravedad de ambos problemas y la posibilidad de encontrar solución que tiene cada uno de ellos, es fácil deducir que la diferencia es abismal. El problema israelí es meramente local, mientras que el problema palestino involucra a organizaciones y países profundamente fanatizados, movidos por una judeofobia ancestral muy difícil de erradicar. Ello hace incierto el futuro de la conversaciones. Es muy probable que su final no se diferencie en nada con los otros finales en pasadas situaciones similares, y un rotundo “no” de los palestinos, dé por terminadas las sesiones a pesar de no haber motivos israelíes para que lo digan.
Pero también es probable que esta vez los palestinos, con gran valentía, desoigan las amenazas de los sectores fanáticos musulmanes armados por Irán, y concreten el sueño del Estado palestino en los terrenos que Israel acceda a devolver.
En este remoto pero no imposible caso, tampoco la paz en la zona está definitivamente garantizada. Los peligros que amenazan a Israel no solamente no se extinguirán, sino que también se esparcirán al nuevo país vecino.
Mientras Irán, la cabeza de la serpiente, continúe armando al terrorismo musulmán, las nubes de guerra en Medio Oriente no se disiparán, y si se siguen aplicando ineficaces medidas de persuasión para lograr que ese país ponga fin a sus pretenciones de superpotencia, la falta de tranquilidad se extenderá a todo ell mundo libre.Por lo tanto, la paz de Israel y la paz del resto de los países libres y democráticos, actualmente amenazados por un país gobernado por un demente obsesivo con inminente poder atómico destructivo, está en manos de los que tienen medios más eficaces y seguros para neutralizarlo. Todavía están a tiempo.

Del.icio.us
Digg
Google
Yahoo
Meneame
Facebook

