Portada  |   Economía  |  Mundo Judío  |  Arte y Espectáculo  |  Oriente Medio  |  Opinión  |  Diplomacia  |  Nacional  |   English English  |   Turismo  |   Blogs
Portada -> Notas
 
Publicado 05/08/2010
Opinión
En Israel, aunque usted no lo crea
La discriminación y el racismo no son parte de la vida cotidiana

Autor: Bernardo Ptasevich



Cada vez que viajo por las rutas de Israel en un autobús de línea regular tengo vivencias que nunca se producen viajando en auto y que permiten palpar la realidad sobre la población del país. Si viajamos siempre en nuestro auto nos perdemos una gran experiencia al igual que cuando salimos del país con un guía que nos lleva sólo a sitios para turistas.
El país no es solamente la Knéset, los ministros o el presidente, no es sólo los bancos, los empresarios millonarios, las empresas tecnológicas o las organizaciones de gobierno. Viven aquí siete millones de personas. La mayoría de ellas no están incluidas en los grupos nombrados anteriormente. Para sorpresa de muchos, esos que nos ven desde afuera como un país cerrado, violento, racista y conquistador, la realidad es muy diferente. Es increíble que un país cuya población esta formada por gente de tantas procedencias, costumbres, religiones y culturas, pueda no sólo sobrevivir sino que pueda hacerlo de una manera más que aceptable.
A pesar de algunas palabras fuertes que se puedan escuchar desde algunos sectores generalmente pertenecientes a los extremos políticos o religiosos, la tolerancia y el respeto son dos pilares de la convivencia y la posibilidad de seguir adelante con un proyecto que quieran o no nos abarca a todos. A quien nos ve desde el exterior quiero decirle que aunque usted no lo crea, hay aquí muchísima población de raza negra que a su vez proviene de diferentes sitios, desde ilegales, la mayoría musulmanes africanos que trabajan en hotelería, hasta los etíopes que llegaron en busca de sus raíces judías desde hace varios años.
Estos ya tienen hijos y hasta nietos israelíes. Los ilegales han corrido riesgos enormes para llegar aquí, a tal punto que muchos que lo intentaron murieron a manos de los guardias egipcios. Una vez en el país no vamos a decir que se los recibe de brazos abiertos ya que en ningún sitio del mundo es bienvenida la inmigración ilegal. Pero hay muchísima tolerancia y por supuesto no se los tortura, no se los mata, no se les humilla como pasa en muchos países, principalmente aquellos que más se dedican a criticarnos en todo lo que hacemos.
A decir verdad se comportan bien, aprenden rápido el hebreo y se aplican con alegría al trabajo que consiguen seguros de que aquí su vida no corre peligro como en su país de origen. En mi reciente viaje, una niña negra muy bonita, con ojos enormes y un hebreo envidiable mostraba con su sonrisa su falta de dientes y con ello su corta edad.
Ella conversaba y jugaba todo el tiempo con un soldado israelí, mientras me miraba en forma pícara y cómplice sabiendo que yo estaba pendiente de lo que hacia. Esta niña fue la que me hizo pensar en este tema desde hace varios días. Estoy seguro que como en todo este complejo mundo hay gente que no le gustan los negros, otra que no le gustan los orientales, otras los árabes, otras los mesiánicos, o los judíos ortodoxos. Sin embargo, si existe algo de discriminación o racismo, no está generalizado y no se manifiesta en forma violenta. No me conforma que aun de esta forma exista este fenómeno, pero la falta de agresividad en quienes hacen diferencias por religión, raza o costumbres, permite la convivencia en Israel.
Viven también aquí cantidad de filipinos y personas de origen oriental. Trabajan mucho en lo que los israelíes no quieren hacer y no causan ningún tipo de problemas.
Viven aquí cantidad de cristianos, y por consiguiente curas o sacerdotes que son respetados por casi la totalidad de la población. Tienen sus iglesias que nadie ataca y su gente puede manifestar lo que desee en forma abierta sin temor ninguno.
Viven en Israel cantidad de árabes, la mayoría de ellos musulmanes, con sus mezquitas, sus negocios, sus casas, y una vida que puede considerarse perfectamente normal, con derechos que llegan hasta la integración de la Knéset.
También en este caso se escuchan manifestaciones verbales mostrando que a los israelíes no le gustan los árabes musulmanes, ya que los asocian con la posibilidad de ser aniquilados, atacados o agredidos, pero si desaparecieran esas causas desaparecería también el disgusto hacia ellos.
Los palestinos no quieren vivir en paz a nuestro lado; salvo contadas excepciones no quieren tener un Estado, no quieren a los judíos y no lo manifiestan

pacíficamente sino que lo hacen con misiles, con ataques suicidas, con agresiones que representan un peligro para la existencia tanto para las personas como para la comunidad completa y para el país. Esa es básicamente la diferencia entre una discriminación que de todos modos es mala a un racismo violento cuyo objetivo es terminar con el diferente.
Viven también aquí muchos judíos mesiánicos. Los israelíes no les tienen simpatía porque predican, porque tratan de convencer a gente que no está muy segura de sí misma de sus creencias y sus convicciones. Muchos mesiánicos no manifiestan su fe en público y la mantienen en secreto o sólo la dan a conocer a sus amigos de confianza. Pero tampoco esta intolerancia de pensamiento genera actos violentos ni peligro para la vida de esas personas.
Viven en Israel, aunque usted no lo crea, gente que ha nacido en Irak, en Irán, en Turquía, en Francia, en Estados Unidos, en Marruecos, en Rusia, en Ucrania, en Argentina, Uruguay, Brasil, Chile, Venezuela, Perú, Cuba, Colombia y muchísimos otros puntos del planeta. Conviven a pesar de sus diferencias, con algunas dificultades pero todos en el mismo barco, con las mismas preocupaciones, con las mismas ansias de paz y de futuro, con el mismo respeto mínimo que debe existir para que semejante coctel no explote. No todos se aman, no todos sienten simpatías por los otros, algunos tienen círculos cerrados, otros están más integrados. Pero no se atacan, no se lastiman y mucho menos se matan por ello.
Cuando veo el incipiente racismo que hay en el mundo, la intolerancia a limites extremos para con las personas distintas, cuando veo las agresiones gratuitas y arteras a personas o grupos de personas desprevenidas que son sorprendidas en situaciones en las que hasta pueden perder la vida, es cuando valoro aun más la difícil pero arraigada convivencia de tanta variedad humana que coincide en estas tierras.
Aunque usted desde lejos no lo crea, los israelíes estamos felices cada día y cada minuto de vivir en este sitio conplejo. A pesar de las dificultades y de los peligros, a pesar de ser blanco de ataques violentos injustificados recibidos de nuestros vecinos, esos que no quieren saber nada de soluciones y de paz porque con ello perderían su gran negocio de recibir, recibir y recibir a cambio de nada. A pesar de ellos nos seguimos sintiendo obligados a ayudar de alguna forma, ya sea en nuestros hospitales como con nuestros servicios esenciales que transferimos a pesar de los ataques.
El racismo contra los judíos es quizás el mayor que existe en el mundo, porque se manifiesta en forma violenta, porque busca lastimar a las personas y destruir a su país, porque quiere matar y hacer desaparecer a quienes no soportan ver en el planeta.
Cierro los ojos y veo claramente el ómnibus de mi último viaje. En el primer asiento un judío religioso vestido totalmente de negro y con una gran valija que ocupaba el asiento contiguo como si fuera otro pasajero. En el segundo de la otra fila una señora de origen africano con su hijita, esa de la mirada pícara y juguetona. En el tercero un soldado israelí que no pudo descansar un segundo en las más de tres horas del trayecto. En la siguiente fila una chica oriental de unos 20 años y un joven israelí de no más de 25 se regalaban mimos y se sacaban fotos con gran admiración mutua. A mi derecha un soldado hablaba en ruso todo el tiempo con su ocasional acompañante también ruso.
Sin mirar para atrás escuche todo el tiempo a más de cuatro personas hablando en árabe sin cesar. Mi hija y yo hablamos en español sobre los 84 años de mi madre a cuyo cumpleaños nos dirigíamos.
Y sabe usted, estimado amigo que no vive en esta tierra. Mi ómnibus no explotó, no se escucharon gritos, amenazas ni hubo agresiones. El ómnibus llegó a destino con todos sus pasajeros. También Israel transita el camino hacia el futuro, con su diversidad, con sus discusiones, pero sin querer eliminar a nadie, sin querer hacer desaparecer del mapa a nadie, sin que exista una discriminación violenta o una intolerancia generalizada y no va a explotar por la diversidad de su población sino que llegará seguramente a buen puerto.
Estimado amigo que vive en otras tierras, lejos de nosotros: Israel no es como usted piensa y los israelíes tampoco. Aunque usted no lo crea.

Compartir:
    im Del.icio.us     im Digg     im Google      im Yahoo     im Meneame     im Facebook


Comentarios
1. Cuantos cuentos
Autor: Esclarecedor
2. me siento muy bien
Autor: Estela
3. AUNQUE USTED NO LO CREA
Autor: moshe
5. Para esclarecedor
Autor: Fernando
7. que bello
Autor: roberto
8. Israel
Autor: VíctorPuertollano
9. comentario
Autor: mario f turchinsky
10. familiares
Autor: peter
11. ame
Autor: Macel
12. Muy interesante
Autor: christian mitnik
Agregar Comentario
Nombre:
E-mail:
Mostrar No mostrar
Pagina Web:
Titulo:
Comentario
Maximo de 280 letras



 
¿Mataron los judíos a Jesús?

Dirigido a todo lector que desee ampliar sus conocimientos y revisar sus convicciones....

Más

 Precio
45 NIS. Comprar
24USD. Comprar

Ó
Por
PayPal

Prisionero de la esperanza

Colección de historias verídicas de un hombre excepcional....

Más

 Precio
80 NIS. Comprar
30USD. Comprar

Ó
Por
PayPal

Epoca tempestuosa

Relato autobiográfico de una de las principales figuras de la industria israelí, desde su origen europeo, antes y despué...

Más

 Precio
60 NIS. Comprar
28USD. Comprar

Ó
Por
PayPal

El libro de Netanel

Una colección que combina la sabiduría de toda una vida activa en el dramático desarrollo en el Medio Oriente con la fre...

Más

 Precio
50 NIS. Comprar
23USD. Comprar

Ó
Por
PayPal