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Publicado 11/03/2010
Opinión
La desigualdad económica y social va en aumento
La verdad de la milanesa de la sociedad israelí (II)
Autor: Hilel Resnizky

El hecho de que el movimiento obrero estaba a la cabeza del estado naciente es la causa de la ambigüedad de su acción. El movimiento obrero pasaba “de clase a pueblo”. El líder de Mapai, Ben Gurión, había dicho “Socialismo en nuestros días”, pero debió enfrentarse con una realidad imprevista. En l948 se había creado el Estado de Israel; ese mismo año, bajo la Cortina de Hierro entre Oriente y Occidente, el movimiento obrero israelí se escindió entre los dos mundos La izquierda, Hashomer Hatzair (Mapam) y Ajdut Haavodá optaron por la URSS. Mapai por Occidente. En los momentos decisivos que siguieron a la creación del Estado, Mapai se alió a sectores a la derecha.
Cuando en l953-54 se manifestó claramente el carácter antisemita del estalinismo era demasiado tarde para un reencuentro del movimiento obrero israelí. Mapai optó por líneas que la alejaban del socialismo clásico. Como si la hubiese lavado una lluvia de lavandina y hubiese eliminado los tintes rojos.
Su posición de partido estatal le llevó a subrayar a la nación en lugar de la clase. Ocurrió en varios frentes. Con la creación de Tzáhal, Ben Gurión disolvió no sólo al Etzel y al Leji, de la derecha, sino también al Palmaj con sus bases en los kibutzim. Creó el sistema educacional estatal, que por una parte dejo incólumes a las escuelas religiosas y ultra ortodoxas, y por otra parte anuló las escuelas de la corriente obrera encauzándolas a una corriente estatal invertebrada.
Quien esto escribe llegó al país en barco un 1º de mayo y como los inmigrantes ilegales, no pudo desembarcar por el feriado. Años después el país dejó de festejar la fiesta obrera.
La bandera azul y blanca desplazó por completo a las banderas rojas, excepto en los sectores minoritarios de la izquierda y en las manifestaciones de los movimientos juveniles.
A la cabeza del Estado, Mapai siguió asumiendo responsabilidades nacionales.
La historia llevó al poder a Levi Eshkol, un estadista moderado que superó parcialmente las rivalidades con la izquierda obrera y entregó la jefatura del Estado Mayor a Itzjak Rabin, “sospechoso de izquierdismo”, como oficial del Palmaj y discípulo de Igal Alón, de Ajdut Avodá. Eshkol ordenó la repatriación de los restos de Jabotinsky, el adversario derechista, y anuló el régimen militar que discriminaba a los árabes israelíes.
Dios escribe comedias mejor que Aristófanes. Fue el mismo líder moderado, pacifista, con reservas hacia el derramamiento de sangre, el que decidió la Guerra de los Seis Días. Precisamente porque el liderazgo no deseaba la guerra, tampoco tenía planes para la victoria, pero el resultado de la victoria decisiva y de la imbecilidad política de los árabes en la Conferencia de Jartum, fue la continuación del dominio israelí en la Palestina del Mandato (en el Golán y temporalmente también Sinaí).
El movimiento obrero, encabezando un gabinete de coalición, llevó a cabo un plan que respondía claramente a la derecha nacional: “Un Estado judío desde el Jordán hasta el mar”. Quien acusa al Laborismo de moderación excesiva, no conoce la realidad histórica. Mejor dicho: prefiere desentenderse. En Argentina los fascistas acusaban al prójimo de “vende patrias”. Ben Gurión “vende patrias“, Eshkol “vende patrias”. Rabin “vende patrias”. Son los constructores reales del potencial militar israelí.
El Laborismo quedó en el poder a pesar de la Guerra de Iom Kipur. Rabin, que durante la guerra había estado en Estados Unidos, siguió a Golda Meir como jefe de Gobierno. Era el candidato del Partido Laborista a las elecciones de l977.
Hasta que el periodista Dan Margalit reveló un hecho “escandaloso”: la esposa de Rabin, Lea, tenía una cuenta en dólares en Estados Unidos, un delito administrativo que en la economía israelí de hoy no es infracción. El fiscal del Estado, Aarón Barak, no se contentó con multa y amenazó a Rabin con juicio. Este no se presentó a elecciones; en su lugar el Laborismo propuso a Shimón Peres, un candidato ideal para perder elecciones.
Otra jugada maestra del Aristófanes del cielo: el reemplazo aseguró la derrota del Laborismo. Las elecciones de l977 fueron decisivas; por primera vez el electorado le dio la victoria, aunque no la mayoría de los votos al partido Likud, heredero del Revisionismo. El reemplazo de Rabin por Peres explica solo parte de la derrota. Entre el Laborismo y el Likud había una diferencia de casi diez por ciento.
Desde esas elecciones con intervalos de jefatura laborista, de Rabin y Ehud Barak, la hegemonía paso al Likud.
En la práctica y aunque se siga hablando de actitudes más o menos pacifistas, el Laborismo no logró la paz. Su huella dejó el Laborismo en las victorias nacionales del 48-49 y del '67. Rabin intentó la paz con los Acuerdos de Oslo, pero fue asesinado por quien vio en él un peligro para el sueño de “Eretz Israel Hashlemá”. En las novelas policiales se plantea siempre la pregunta: ¿Qué Bono? (¿a quién beneficia el asesinato?). En este caso la respuesta es clara: el asesinato eliminó al candidato con más caudal electoral del Laborismo y afianzó a la derecha que se presentó como “más nacional” pese a las ganancias territoriales reales de la izquierda.
Los Gobiernos del Likud hicieron las concesiones, Beguin devolvió el Sinaí hasta el último grano de arena y obtuvo, con el apoyo parlamentario del Laborismo, un acuerdo de paz con Egipto que se demostró duradero.
Quien esto escribe sabe que la paz fue una idea excelente, sabe también que si la hubiera propuesto el Laborismo, la derecha la habría saboteado. Netaniahu, aún cuando tiene un respaldo claro de la derecha, se manifestó por la solución de los dos Estados.
A pesar de la imagen colombófila del Laborismo, su gestión gubernamental se caracterizó por victorias militares. En una versión un tanto modificada del refranero hispano diríamos “Por la paz rogando y con el mazo dando”.
Lo que no impide al electorado darle la victoria al Likud por sus declarativas más beligerantes.
Las diferencias entre el Laborismo y el Likud en el terreno de las relaciones con los palestinos son más bien una ilusión óptica (o auditiva) que una realidad. En ese aspecto Israel es un país ambidiestro.
Para ser justos, las actitudes políticas árabes, desde Jartum en adelante, explican o justifican las reservas israelíes. Rabin no es el único líder del Cercano Oriente que murió por la paz. El presidente egipcio Sadat que llegó a un acuerdo con Israel a través de su viaje a Jerusalén en l977, fue asesinado en 1981 por un “patriota” egipcio. El verbo “asesinar”, filológicamente relacionado con el árabe “ha- shish”, está muy bien conjugado en el Cercano Oriente.
El Likud -y en general la derecha- gana bancas asumiendo actitudes más “patrióticas”. Las declaraciones políticas de la derecha les permiten imponer su sello en lo económico y social. Vale la pena recordar lo antedicho. El vuelco hacia la derecha lo comenzó el Laborismo. “De clase a pueblo”. Pero el Likud heredó una ideología básicamente anti socialista y la realizó; para su líder actual Estados Unidos es un modelo. Más Bush que Obama.
Israel comenzó como un Estado socialista en el cual el secretario de la Histadrut (la CGT) tenia un salario similar al del portero. La polarización social en Israel del tercer milenio es mayor que la del siglo pasado.
Hace casi un siglo, el italiano Corrado Gini elaboró un coeficiente complicado que permite la comparación de la igualdad o desigualdad en distintas poblaciones. El coeficiente de Gini usado por la ONU varia entre 0, la igualdad absoluta, y 100, la perfecta desigualdad. El coeficiente se puede medir también de cero a uno. El kibutz clásico, como Degania en el año 1910, sería la estructura social más próxima a 0.
Algunas cifras de acuerdo a estadísticas actualizadas el 10 de febrero, pero que pueden ser anteriores: el índice para Dinamarca es 24.7, para Suecia 25, para Estados Unidos 40.8, para Haití 59.2.
El índice en Israel es 39.2, un poco menor que el de Estados Unidos pero mucho mayor al de los países escandinavos. Comparando a través de los años, la realidad se hace más clara. En 1997 el índice era 35.9. Es decir, claramente nos alejamos de Escandinavia y nos acercamos a los americanos en la desigualdad económica y social.
Posiblemente habrá quien vea en esa evolución algo positivo. Para otros esto significa que enarbolando banderas “nacionales”, Israel se polariza en lo social, casi sin darnos cuenta. Sin conciencia de clases.

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Comentarios
1. LA VERDAD DE LA MILANESA.
Autor: NAIF
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