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Publicado 25/02/2010
Opinión
Resolver los problemas con leyes antiguas es un suicidio
El servicio militar obligatorio debería sufrir un cambio profundo

Autor: Bernardo Ptasevich



Resolver los problemas de hoy con las creencias o leyes religiosas escritas hace miles de años es un suicidio. Defendernos militarmente como hace 60 años también es un suicidio.
Los grandes líderes y estadistas, los primeros sionistas, los olim que llegaron cuando todo era inhabitable, el Ejercito israelí, las comunidades religiosas de todas las corrientes y los que viven, estudian o trabajan cada día en el país forman parte de la historia, la creación y la actual existencia del Estado de Israel. Pero el viejo mundo ha dejado paso al nuevo mundo y eso es inexorable. Muchos de los sectores mencionados no quieren aceptarlo o siguen convencidos de que “todo tiempo pasado fue mejor” sin interesarle cambiar absolutamente nada. Nuevos retos y desafíos diferentes ponen en peligro al país. El fanatismo nos amenaza sin que sea posible razonar con sus mentores algún tipo de solución a nuestras diferencias y es importante no actuar de la misma forma. No podemos ignorar que tenemos también una pequeña porción de fanáticos en casa y controlar ese fenómeno es nuestra obligación.
Resolver los problemas de hoy con las creencias o leyes religiosas escritas hace miles de años es un suicidio. Defendernos con las formas que utilizamos hace 60 años también es un suicidio. Las próximas guerras que parecen inminentes no serán iguales a las anteriores. Nos enfrentaremos a misiles sofisticados y a la posibilidad de armas de destrucción masiva que pueden incluir armas nucleares. La historia no debe borrarse, lo sucedido debe servir para aprender, para aprovechar los aciertos y corregir los errores. Algunos sectores religiosos se basan en “lo que está escrito” para dar supuestas soluciones a los nuevos escenarios como si el tiempo no hubiese pasado. Lo que esta escrito, es válido como enseñanza, como aporte a un comportamiento espiritual. Sin embargo cuando se escribieron esas normas no existían bombas nucleares, aviones sofisticados, misiles de gran potencia o explosivos altamente destructivos. No podemos resolver una guerra con religión. Las amenazas para nuestro pueblo requieren mucho más que creer o rezar.
Para eso tenemos nuestro Ejército altamente tecnificado. Tzáhal no solamente nos defiende sino que también forma a nuestros jóvenes, los prepara para la difícil vida del Medio Oriente, les aporta una personalidad fuerte, un gran amor al Estado y a su pueblo. Dispone de la última palabra en equipamiento, lo que nos proporciona un arma defensiva poderosa que es la persuasión. Los enemigos saben que tenemos con qué y cómo defendernos. La Aviación israelí cumple con todos los requisitos necesarios para afrontar cualquier situación. Sus pilotos demostraron una capacidad y preparación envidiable y sus aviones son de última generación. A pesar de ello, en las ultimas dos guerras (que por supuesto no perdimos como dicen y promocionan nuestros enemigos), no hemos cumplido con los objetivos porque los enemigos se mezclaron con la población civil creando una difícil situación internacional. Los enfrentamientos terrestres son hoy mucho más complejos.

Más profesionales en lugar de más soldados
Desde su creación, Tzáhal recluta a los soldados en forma obligatoria. De esa forma se formo nuestro Estado. Involucrar a los jóvenes en nuestro Ejército los introduce en las responsabilidades que tienen con su pueblo, les da un sentido de pertenencia que en un país amenazado en forma permanente es casi imprescindible. Sin embargo vemos que hay un desaprovechamiento de los recursos humanos y económicos que no condicen con las modernas necesidades militares reales.
Se prioriza la obligatoriedad de enrolarse para cumplir con las leyes, como si el hecho de que todos sean soldados fuera suficiente para resolver cualquier situación bélica futura y sin que ello signifique un aporte positivo a la defensa del Estado. Muchísimos jóvenes menores de 18 años, adelantándose a su servicio obligatorio, estudian y se preparan para luego enrolarse y continuar con su carrera militar. Ellos van a prestar

sus servicios en base a los conocimientos adquiridos, lo cual es inobjetable porque serán útiles en funciones que se realizarán con la tecnología actual, porque haberse formado profesionalmente les aporta como ser humano e individuo y sobre todo porque han tomado esa decisión sin obligación, han elegido lo que es su vocación y lo que será su actividad en el futuro.
En el área de combatientes de tierra y sus diferentes tareas ya no alcanza con colgarle a un joven un fusil al hombro. Hay muchos postulantes que desean inscribirse en esa especialidad y es imprescindible su predisposición a estudiar para estar en condiciones de defendernos y defenderse. Pero hay también miles de jóvenes que pierden su tiempo y nuestros recursos durante los tres años de servicio obligatorio en los que su función es simplemente estar allí para cumplir con la ley. Muchos no tienen las condiciones requeridas, ni siquiera tendrán la oportunidad de hacer algo útil porque no hay tareas necesarias para ellos. En este sentido las cosas están como si el mundo fuera igual que hace 60 años.
Hay sobrada capacidad en nuestros jefes militares y políticos como para reestructurar el servicio de forma en que nuestros jóvenes cumplan con la ley y a su vez hagan cosas importantes para el país y para si mismos. Se debe alistar los postulantes necesarios para cubrir las necesidades reales de la institución y darles la muy buena capacitación de que se dispone. El resto de los jóvenes puede ser enrolado en períodos menores y preparado para funciones igualmente necesarias en caso de conflicto, lo cual los compromete tambien con su pueblo. No importa si la ley dice hoy otra cosa porque las leyes se hacen, se derogan, se cambian y se deberían modificar de acuerdo a las circunstancias y a la realidad que se vive.
La prioridad es defender a Israel. No se trata de cuestionar la existencia o la actuación de nuestro Ejército, no se objeta la institución ni el sacrificio de sus efectivos en nuestra defensa. Tzáhal son nuestros habitantes, nuestros hijos, nuestra familia, nuestros amigos, y todos debemos estar juntos en la tarea de cuidarnos. Lo que planteamos son cambios para mejorar.
Hay que cuidar los recursos asignándolos a lo que realmente va a ser utilizado y acorde a las circunstancias militares y políticas mundiales del momento. Evaluar cuantos soldados se necesitan para cubrir las necesidades tomando todos los recaudos necesarios y sin debilitarnos. Los recursos ahorrados deben utilizarse para remunerar al soldado en forma adecuada y digna. Hoy, la obligatoriedad hace que se disponga por ley de X miles de enrolados, a muchos de los cuales habrá que inventarles algo que hacer.
Hemos hablado de los religiosos y lo difícil que resulta hacer cambios que sean realistas a la época en que vivimos. También de nuestro Ejército y la necesidad de modernizar las normas para funcionar en forma más efectiva. Queríamos hablar de los grandes líderes y estadistas pero… lamentablemente sólo los encontramos en la historia. Necesitamos que aparezcan pero seguro que no están entre los que hoy pululan por la Knéset. Los sionistas que crearon Eretz Israel no están casi representados dentro de una población que ha cambiado su estructura en las últimas décadas.
Por ultimo, los que viven, trabajan y estudian cada día en este país, son los destinatarios de todos los aciertos y los errores de los que dirigen, pero son también acreedores a los resultados buenos o malos de su propia actitud. Muchos de ellos sólo miran dentro de su casa, de sus necesidades o aspiraciones. Con esa actitud nada de lo que se haga en la orbita de las decisiones será suficiente.
Es necesario integrarse y ser parte de este gran país para que, modificando lo que esté mal y profundizando lo positivo, podamos seguir adelante y disfrutar de una vida que valga la pena vivir.

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