A pesar de la democracia de la que gozamos y bienvenida sea, a pesar de que las leyes electorales fueron respetadas, y a pesar de muchas diferentes razones, el actual Gobierno de Israel no es representativo de la voluntad de su pueblo.
Nuestro primer ministro no fue el candidato más votado en las ultimas elecciones, pero hoy debemos agregar que muchos de quienes lo votaron no lo volverían a hacer y no todos por las mismas razones. En el poco tiempo que lleva en el poder el enfoque de sus acciones es contrario a lo que prometió a sus votantes y sus declaraciones públicas sobre algunos temas que deberá resolver en poco tiempo hacen temblar a muchos otros que depositaron en él la representación de sus ideas.
Es cierto que gobernar es muy difícil y que nadie puede quedar encasillado de tal forma que no pueda ajustar sus decisiones según la coyuntura. Las condiciones internacionales varían constantemente y actúan directamente sobre cada tema. Sin embargo, todo muestra que él proponía una cosa antes como candidato y aún al formar la coalición, y otra muy diferente una vez que lo ha conseguido sin que hayan cambiado demasiado las circunstancias. Si en aquella ocasión hubiese dicho lo que hoy hace y lo que piensa hacer a partir de ahora, muchos de sus votantes no lo habrían acompañado y sus aliados para formar Gobierno hubiesen sido menos si tomamos las ideas como factor de apoyo y no el reparto de cargos y otros beneficios.
Ehud Barak se convirtió por medio del pacto que permitió la formación del Gobierno en ministro de Defensa y es uno de los hombres que toman las decisiones más importantes para el país. Con su escaso caudal electoral su gestión tuvo desde el comienzo una mayoría absoluta de ciudadanos en contra, que fue variando según la necesidad de la población en sentirse protegida y defendida. Una vez calmados los ecos de la última operación en Gaza, podríamos sumar a otros en ese porcentaje. Sus vericuetos post electorales lo convirtieron en un personaje de tal magnitud como al que todo el pueblo hubiese votado en esa oportunidad.
Avigdor Lieberman es quizás quien se ha mantenido más en sus posiciones, esas que lo llevaron a ser la sorpresa y que con su insuficiente porcentaje de votos se convirtió de todas formas en otra de las llaves para obtener el poder. Si hay algo que ha hecho fue trabajar. Ha viajado a cuanto pudo, llevó la posición actual de Israel (por lo menos la de su Gobierno o la suya) a los dirigentes de varios países, quienes a pesar del temor previo a recibirlo por su radicalismo se encontraron con su pragmatismo frente a la situación mundial.
Sus partidarios lo siguen apoyando y ha sumado adeptos entre los defraudados de Netaniahu por decir algunas cosas claras y plantarse firme frente a reclamos sobre nuestras próximas decisiones.
Los partidos religiosos aportaron su llave para formar este Gobierno en esas negociaciones parecidas al “juego de “feliz domingo”.” donde tener la llave adecuada llevaría a cada participante a su soñado destino. En estos momentos están recibiendo el pago del acuerdo en pequeñas cuotas aunque no todas ellas son del carácter que esperaban. Los beneficios obtenidos en principio derivan hoy en la suspensión de construcciones en los asentamientos, en la suspensión del acuerdo entre Tzáhal y la ieshivá Har Brajá, y la posibilidad de que se negocie parte de Jerusalén como posible acuerdo con los palestinos entre otras resignaciones a sus postulados.
Tzipi Livni obtuvo la mayoría de los votos en la ultima elección y de no ser por el sistema electoral vigente estaría dirigiendo el país en estos momentos. Ella no integra el Gobierno por propia decisión, y se verá en un futuro si la misma fue acertada. En caso de haberse integrado en la coalición, sería parte de este grupo de personalidades tan opuestas y diferentes y por lo tanto pegada de alguna forma a las decisiones del Gobierno.
La población no ve mucha participación aún como oposición o quizás se estén encargando de que no la veamos demasiado. Sus votantes quisieran verla incidir mucho más en todos los temas ya que confiaron en ella y en su posible gestión.
¿A quien representa entonces este Gobierno si todos los ciudadanos están en desacuerdo por una o por otra causa muchas veces contradictorias entre sí? Lo que en un momento pareció la solución de un tema exclusivamente electoral está dando sus frutos y se convirtió como corresponde en un tema absolutamente nacional. Un Gobierno que habla de entregar el Golán cuando antes de las elecciones fue una de sus banderas decir que nunca lo harían nos muestra que sus representantes nos han mentido. Si somos benévolos y creemos que se han equivocado por lo menos deberían pedirnos disculpas. En política no hay discursos casuales. Todos buscan un efecto y son la causa de muchas decisiones posteriores en cada uno de los temas.
Cuando antes servía decir que no se entregaría la meseta a Siria bajo ningún concepto se incluyó esta premisa en los discursos sin ningún tipo de complejos. Cuando hoy bajo presión internacional y sin saber cómo manejar la situación global dicen que ese es el precio a pagar tarde o temprano para conseguir una supuesta paz, tampoco tienen complejos. El Gobierno de Israel es un Gobierno legal y democrático pero no todos los instrumentos son bien utilizados. La democracia tiene también defectos, huecos y formas para que puedan burlarla.
A pesar de ello ese sistema es la única esperanza de poder cambiar las cosas, pero para ello los ciudadanos tienen que animarse a participar más y no dejar todos sus deseos en una urna una vez cada cuatro años para que hagan con ellos lo que se les plazca. Hoy por hoy no habrá legitimidad para las decisiones importantes que deben tomarse.
Estas serán decididas en base a un pequeñísimo apoyo y por lo tanto generaran tantos problemas internos que será imposible implementarlas. Los ciudadanos despiertan cuando el agua les llega al cuello, sea cual sea el tema que lo provoque y eso sucederá indefectiblemente por la falta de una posición nacional unificada referente a los grandes asuntos pendientes.
Negociar con nuestros enemigos y también con nuestros amigos en forma zigzagueante, en base a intuición, corazonadas, circunstancias momentáneas, peligros, presión o amenazas no nos llevará a buen puerto. Deberán aparecer en el Gobierno quienes entiendan que hay que tener una posición definida y trasmitirla al mundo para que sepan como manejarse y como nos manejaremos.
Por el momento, quedar en evidencia con su pueblo diciendo algo antes y lo contrario después no los hace poner colorados, no les da ninguna vergüenza, no sienten ninguna culpa ni remordimiento ni se les mueve un pelo.
Compramos la verdad de que los políticos mienten y eso lo ha hecho parecer legal por su habitualidad. Los políticos no tienen que mentir y cuando se convierten en gobernantes deben saber que están allí representando a los ciudadanos.
El pueblo no es homogéneo en sus ideas y por suerte no lo es. La pluralidad sirve para empujar hacia adelante pero siempre que las acciones del poder no sean basadas en el engaño y la mentira. No me asusta un derechista, ni un izquierdista, ni un religioso, ni un laico; lo que me asusta es un derechista que mienta, un izquierdista que engañe, un religioso que no respete a todo su pueblo o un laico que no pueda respetar a quienes abrazan la religión como bandera.
Si recordamos que nuestros derechos terminan donde comienzan los de los demás, podemos convivir y caminar todos juntos hacia metas comunes, no en base a acuerdos espurios como los que vemos a diario sino en base a un real deseo de vivir en un país mejor y en un mundo mejor. Cuando nos llamen a votar de nuevo y nos muestren las mismas caras, ninguna propuesta como en la última ocasión, algunas vagas definiciones que después no cumplirán, tenemos que darnos cuenta si están mintiendo porque es nuestra obligación estar alerta.
El enemigo de afuera está al acecho esperando el momento adecuado en que puedan dañarnos. Si los ayudamos con nuestros desencuentros, les será mucho más fácil lograr sus objetivos.
Nos hace falta y merecemos una Constitución; los juristas deben trabajar duro en redactarla y los políticos deben hacerla transitar por los caminos necesarios hasta su aprobación. Esa Constitución debe incluir un compromiso formal de quienes acceden al Gobierno de trabajar en todo lo posible para conseguir lo que han propuesto para llegar a su cargo.
Cuando las promesas son cambiadas porque fueron hechas premeditadamente debe existir la opción de exigir cumplimiento o destituir del cargo al gobernante y en caso de existir delito no sólo destituirlo sino castigarlo con la ley y con la futura Constitución en la mano. Una Constitución moderna que contenga las normas con las que debemos manejarnos todos es el mejor regalo que el pueblo puede recibir y la base de las soluciones a muchos de sus problemas.

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