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Publicado 26/11/2009
Opinión
Contracrónicas del “raís” y Kadafi
Autor: Pilar Rahola*

Soy de los que creen y no pediré perdón por la osadía que Arafat ha sido la peor opción del pueblo palestino, durante décadas, y ha sido precisamente su turbia, corrupta y violenta sombra la que ha desembocado en la terrible opción de Hamás.
A cinco años de la muerte de Arafat, se suceden las retrospectivas. Nada extraño, no en vano hablamos de una figura clave del siglo XX. La cuestión no está, pues, en hablar de él, sino en el pensamiento único que se proyecta en la práctica totalidad de medios, cuando se habla de esta figura. Más que informaciones periodísticas, lo que se produce es una especie de hagiografía cósmica, una vida de héroe santificado, eternamente resistente, comprometido con su pueblo y casi mártir. Y digo lo de casi, porque como Arafat no puede morir como cualquiera, no fuera caso que pareciera mortal, ahora abundan las teorías de la conspiración que aseguran que habría sido asesinado por agentes (of course) israelíes.
Siempre hay un plus de distorsión, en la eterna distorsión informativa que sufre el endémico conflicto árabe-israelí. Por supuesto, después de décadas de seguir este espinoso tema, ya no me sorprendo de nada, pero aún me maravilla la pérdida de sentido crítico y la derrota que sufre la inteligencia, cuando se da de bruces con el tema palestino. Y no porque haya una posición masivamente favorable a la causa palestina, sino porque ello no lleva nunca pareja una comprensión del problema israelí, y nunca comporta una mirada crítica sobre las graves irresponsabilidades haberlas, también hay del relato palestino. El caso Arafat es emblemático. Durante décadas fue elevado a la categoría de icono salvador, sustituto eficaz del marchitado Che Guevara que había decorado las habitaciones adolescentes de todos nosotros. El mundo, y especialmente la izquierda, volvía a tener héroes y causas. Y así, durante su eterno mandato, nunca hubo crónicas balanceadas, ni radiografías críticas que explicaran su ingente fortuna, o la corrupción estructural de su poder absoluto, o su gusto por la violencia, o su conocido despotismo. A pesar de ser el hombre que más veces engañó a la comunidad internacional (lean a Clinton), y que destruyó la gran oportunidad de Camp David (“No quiero ser un mártir”, dijo pensando en el asesinato de Sadat, cuando firmó la paz con Israel), siempre apareció coronado por el aura de la resistencia, impoluto de culpa.
Soy de los que creen y no pediré perdón por la osadía que Arafat ha sido la peor opción del pueblo palestino, durante décadas, y ha sido precisamente su turbia, corrupta y violenta sombra la que ha desembocado en la terrible opción de Hamás. Es decir, en un callejón sin salida. Por supuesto, se vive más feliz haciendo hagiografías del “raís” y echando todas las culpas a Israel. Al fin y al cabo, simplificar el conflicto hasta el delirio, proyectar una imagen maníquea y machacar a Israel sale gratis. Lo contrario siempre trae consecuencias. Pero no es la verdad. Lo cual importa ciertamente poco, en un conflicto cuya información se basa, sistemáticamente, en la propaganda.

Pérfida moral de Kadafi
¿Quién no ha vendido el alma al petróleo y, con él, se la vende a los peores dictadores del mundo?
Escribí hace tiempo que una de las principales armas de destrucción masiva era el petróleo, y no sólo en términos de sostenibilidad, sino también en términos de derechos fundamentales. El modelo social que cimenta nuestro bienestar se basa en una dependencia energética que nos hace esclavos de tiranos brutales, cuya influencia planetaria va pareja a los petrodólares que ingresan por segundo. Algunos de estos personajes, pintorescos hasta el esperpento, pasean su palmito por los foros internacionales, blanquean su tiranía con el poder que da el oro negro, y dan lecciones de moralidad a los países democráticos. Y dichos foros, dotados de un pomposo artificio institucional, pero tocados por su debilidad estructural, no sólo no sirven para defender la libertad de los pueblos, sino que se convierten en poderosos altavoces de las peores voces de la humanidad. ¿Qué diría, por ejemplo, la gran dama Eleanor Roosevelt, fundadora de la Liga de Naciones, viendo a déspotas utilizando los micrófonos de la ONU para escupir sus delirios de odio? Esa ONU que nació para frenar a los Hitlers y no para darles cobertura, es hoy un muñeco roto, donde cualquier déspota viola su esencia sin ningún escrúpulo. En términos de libertad, sencillamente no existe. Aún resuena, por ejemplo, el escándalo de invitar a un negacionista como Ahmadineyad a hablar en Ginebra en el foro sobre tolerancia, y de la misma forma que claman algunas de sus resoluciones más perversas, también gritan algunos de sus sonoros silencios. La ONU, por ejemplo, es inútil en la lucha por los derechos de las mujeres en los países donde la ley ampara su segregación, su maltrato y su muerte. Sin embargo, dicho a favor de la ONU, ¿es más culpable el organismo internacional que los países dichos democráticos? ¿Quién no ha vendido el alma al petróleo y, con él, se la ha vendido a los peores dictadores del mundo?
En un mundo energéticamente no dependiente, ¿permitiríamos, sin esbozar ni una protesta, la maldad intrínseca de regímenes como el de Arabia Saudita? ¿Dormiríamos tan alegremente con nuestros peores enemigos? Ahora le toca el turno del sermón perverso a Kadafi, cada día más afianzado como interlocutor. Que el dictador libio de facto desde 1969 se plante en Roma y riña a los países ricos por su falta de voluntad contra el hambre, mientras invita a 200 “jóvenes, guapas y sin escote” a disfrutar de su magnanimidad, disfruta de un tren de vida cósmico, y goza de una de las fortunas más grandes del mundo, ya no es ni un escándalo. Es un escupitajo.
Pero ahí está la FAO, invitándolo a que nos dé lecciones de solidaridad. Lo cual nos lleva a recordar, para nuestra desgracia, la famosa frase de Goethe hablando de la libertad: “Nadie es más es-clavo que el que se tiene por libre sin serlo”. No tengan duda. Se refiere a nosotros.
*www.lavanguardia.es
www.pilarrahola.com

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  Extraigo la información de un artículo de David Bernstein


Comentarios
1. Sos unica Pilar
Autor: Diana
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