No hay presente sin historia. O como decía Jacinto Benavente: “La peor verdad sólo cuesta un gran disgusto. La mejor mentira cuesta muchos disgustos y al final, un disgusto grande”. En mis dos últimos comentarios en Aurora hacía mención a la venta o tráfico de armamento español a países árabes, y como Occidente (y también España) contribuyó a fortalecer los arsenales bélicos de Irak e Irán. Cómo el primero, mientras pudo, suministró armas a organizaciones extremistas que luchan contra Israel. Y el segundo, como denunció las Naciones Unidas, lo sigue haciendo.
La historia de este “comercio” es larga. Y creo que el único deber que tenemos con la historia es reescribirla. O mejor dicho, seguirla. Porque, desde hace décadas hasta hoy, ese “comercio atípico” no ha parado. Tanto a través de los brokers instalados en el sur de la Península, como en otros puntos de la geografía española. Armas de todo tipo: ligeras, pesadas o químicas partían y parten hacia Oriente Medio, donde toman otras rutas que no figuran en los prospectos de venta de la mercancía.
Y en todo este entramado existen informes clasificados, y bien guardados. Uno de ellos, escrito por Manuel Domínguez Carmona, coronel médico del Ejército español, que fue uno de los tres expertos designados por la ONU para averiguar el uso y la procedencia de armamento químico en el conflicto entre estos dos países y su posterior expansión en la zona. Quizás, el único dato revelador y que tuvo su pequeño eco en los medios de comunicación sobre este “tráfico“ se produjo en el Parlamento español, cuando el portavoz de UCD, José Ramón Caso, manifestó que “existe evidencia de que carcasas fabricadas en España han sido utilizadas por Irak en la guerra contra Irán”. “España tiene doce productos químicos de uso militar, pero puedo garantizar que ninguno de ellos ha sido vendido al extranjero”, le contestó el ministro de Industria por aquellas fechas, Luis Carlos Croissier. Pero el Gobierno se negó a entregar en las Cortes españolas las actas de la Junta Reguladora del Comercio de Armas. Claro que después hubo otros Gobiernos, y ninguno dijo nada.
En la actualidad, la Justicia española investiga a dos empresas por la venta de armas a Irán. Algo se avanzó, ya que la Audiencia Provincial de Madrid eleva a seis los imputados en el caso de estas sociedades que vendían a Teherán material militar, violando las sanciones de la ONU.
En respuesta al programa nuclear de Irán, el Gobierno de Mahumd Ahmadineyad fue sometido en 2007 a la Resolución del Consejo de Seguridad de la ONU número 1.747, por lo que se prohíbe “a todos los Estados la venta de cualquier tipo de armas o material relacionado al Gobierno iraní”. Pero como en los mejores tiempos, dos empresas españolas se saltaron esta prohibición y vendían armas a Irán a través de Turquía. Fue en junio de 2008, en la llamada “Operación Cureña”, cuando se puso fin al tráfico de armas de estas dos empresas. Una operación, sin embargo, que ha pasado desapercibida para la mayoría de los medios de comunicación, y el “dinámico” Ministerio de Defensa español no ha dado ninguna explicación oficial al respecto.
Está claro, y existen datos oficiales de las Naciones Unidas, que Irán, a través de Siria, está suministrando armas a las organizaciones del Islam extremista que luchan contra Israel. No es la soflama de un Ahmadineyad que no se sabe si quiere confundir o desafiar abiertamente, sino que Teherán está alimentando al islamismo radical para desestabilizar aún más la zona. Es como una reproducción del mensaje lanzado en 1967 por el entonces presidente de Siria, Nur el-Din Atassi: “Enarbolemos el slogan de guerra de liberación popular contra Israel, aunque
Deberíamos conocer buena parte de verdad de que nuestro progreso, del que tan contentos nos sentimos, está hecho de barbarie. Sólo la culpable ceguera occidental nos impide aceptar lo que desde siempre se sabe: lo que nosotros llamamos hipócritamente “estado de excepción” es, en realidad, “la regla” para los que viven y lucran precisamente de esta situación.
El terrorismo fue y es una barbarie. Pero la profunda incoherencia es luchar ahora para impedir que Irán no tenga ya la bomba atómica, cuando fueron precisamente las potencias occidentales las que allanaron el camino para su construcción. Y la amenaza actual es consecuencia de esa incoherencia de la comunidad internacional por haberla tolerado. De ahí que los intereses económicos de las grandes potencias hayan sido cómplices, con conocimiento, para alimentar un fundamentalismo excluyente y extremista.
Pero también existe la contra programación. Y las campañas mediáticas siempre persiguen un mismo fin. Se acusa a Israel de la desobediencia sistemática a Resoluciones de las Naciones Unidas desde 1967, sobre la retirada de los Altos del Golán (de tanto valor estratégico e hídrico) y de los demás territorios ocupados. O el incumplimiento de Oslo o Madrid Y lo más curioso de toda la argumentación es aquella que dice que Israel sólo ha cumplido una decisión de la ONU que fue la de retirarse del Líbano en 1983. Y lo hizo, dice la propaganda, porque estaba prácticamente derrotado.
Esa falsa lectura acabó alimentando aún más, si cabe, a las organizaciones extremistas que, por considerarse los elegidos, se creen invencibles: no les importa la inmolación o la movilización de escudos humanos. Como aquella “marcha verde” sobre el Sahara planificada por el dictador marroquí contra el dictador español, que estaba en las últimas.
La difícil unidad de los países árabes moderados, lograda con grandes esfuerzos, puede estallar en mil pedazos a causa de la provocación de Irán. No sería nada extraño una vuelta a los enfrentamientos de los años '60 y '70, en que las divisiones en el seno de la comunidad árabe tuvieron consecuencias desastrosas sobre todo para aquellos que necesitaban más de la solidaridad de sus hermanos ricos. Pero la comunidad internacional sigue utilizando inválidos como bomberos para apagar el fuego.
En su reciente visita, nada más terminar su encuentro con Obama, el jefe del Ejecutivo español, Rodríguez Zapatero, tomó un avión para ir a Siria, régimen problemático y mal visto por los estadounidenses. Se hubiera preferido que Zapatero comenzara su visita a Oriente Medio por Israel. Pero eso era justamente lo que el Gobierno español no quería. Curiosamente, luego apareció una campaña mediática sobre la “oposición” de Israel a que España relevase a Italia en el mando al frente de las fuerzas aliadas instaladas en el Líbano.
Dos son las posturas de la naturaleza humana: la avidez natural por la que cada uno pretende gozar él solo de los bienes comunes; y la razón natural, por la cual cada uno huye de la muerte violenta como del peor de los males naturales. Es decir, con la ayuda de material bélico de países como Irán o Siria se rechaza la concordia recíproca y se conduce a un estado de guerra incesante. Y también habría que preguntarse cómo han nacido, cómo se desarrollaron y quiénes han alimentado a organizaciones básicas en su momento como la OLP y Fatah, hasta llegar el extremismo de nuestros días de Hamás y Hezbollah. Occidente, desde siempre, ha sido el gran bazar y los países árabes moderados, para evitar conflictos internos, la gran banca.
*Diego Martínez es periodista español.

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