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Publicado 20/12/2012 16:00
Mundo Judío
Parashat Vaigash
Rabina Monique Susskind – Goldberg*



Interpretación y comentario
La parashá “Vaigash” es el final de los maravillosos relatos sobre Iosef y sus hermanos. Como ocurre con Thomas Mann y con toda buena novela, las últimas páginas nos llevan al punto máximo del suspenso, del drama y de la emoción. Se escribieron aquí varias de las frases más lindas y emotivas de la Torá.
Iehudá aún no sabe que el hombre importante delante del cual está parado y con el que trata de conciliarse, es su hermano Iosef. Él lucha por su hermano menor Biniamín, entre cuyas pertenencias se encontró la copa de oro del segundo del rey de Egipto.
Su discurso frente al “gobernador egipcio” demuestra los profundos cambios que ocurrieron en su personalidad. Él ya no era más el hermano celoso, que quería desligarse de “El soñador”, el hijo amado de su padre. Él ya no era más el hombre que propuso a sus hermanos: “Vamos y vendámoslo a los Ismaelitas” (Génesis 37:27), y que no dudó en romper el corazón de su padre cuando él y sus hermanos le dijeron: “Esto hemos encontrado. Reconoce ahora si es la túnica de tu hijo o no” (37:32), cuando le mostraron la túnica de Iosef empapada de la sangre del cabrito.
El Iehudá que habla delate de Iosef es un hombre maduro con características de líder. Él es quien asume la responsabilidad de sus acciones y de las de sus hermanos. A pesar de no saber si alguno de ellos robó la copa, él dice: “¿Qué habremos de decir a mi señor? ¿Qué habremos de hablar? ¿Cómo habremos de justificarnos? Dios halló el delito de tus servidores...” (44:16). Iehudá entiende en lo profundo de su corazón que ellos están siendo castigados ahora por otro delito, y así lo explica Rashi: “Sabemos que no hicimos nada malo, pero Dios quiso que así fuera; encontró el acreedor la ocasión para cobrar la deuda”. (44:16). El delito del que se habla es, obviamente, la venta de Iosef en manos de sus hermanos. Y Iehudá asume la responsabilidad sobre este hecho de manera personal.
Iehudá también se transforma en una persona sensible, que entiende el dolor que causó a su padre. Él ruega ante el segundo del rey de Egipto: “Y ahora, permanezca, por favor, tu servidor en lugar del joven como esclavo para mi señor, pero que el joven ascienda con sus hermanos. Pues ¿cómo ascenderé a mi padre y el joven no está conmigo? No sea que vea yo el sufrimiento que podrá sobrevenir a mi padre” (44:33-34). Iehudá está dispuesto a ser esclavo a cambio del retorno de Biniamín a Iaacov. Él sabía que si Biniamín no volvía con ellos, su anciano padre no iba a sobrevivir, porque “su alma estaba unida a su alma” (44:30). Estas palabras tocan profundamente el corazón de Iosef: “Y no pudo Iosef contenerse...y alzó su voz en llanto...Y dijo Iosef a sus hermanos: Yo soy Iosef. ¿Aún vive nuestro padre?” (45:1-3).
El emotivo relato termina bien. Los hermanos se reconcilian después de años de separación, con llanto y abrazos. Iehudá, el verdadero héroe de esta parashá, vuelve fortalecido y preparado para su función de futuro líder.
Tantas discusiones existen en nuestro país

y en nuestro pueblo entre los diferentes grupos, entre seculares y religiosos, entre las diferentes corrientes, entre ricos y pobres, entre personas que pertenecen a partidos políticos diferentes, entre maridos y mujeres, entre padres e hijos, entre hermanos. Espero que en este nuevo año, encontremos entre nosotros líderes como Iehudá, que puedan encontrar los caminos y las palabras para llevar a nuestro pueblo a la conciliación y a la paz. Y así se cumplirán las palabras del profeta Ezequiel de la haftará que acompaña a nuestra parashá: “Y los transformaré en un solo pueblo en la tierra, en las montañas de Israel...”. (37:22).

Estudio y análisis
Rabino Dr. Alexander Even-Jen
Profesor de Pensamiento Judío, Instituto Schechter de Estudios Judaicos Jerusalén

Iehudá se presenta frente a Iosef y dice:
“Y ahora, cuando viniere yo hasta mi padre, tu servidor, y el joven no estuviere con nosotros...¡Y su vida está unida a su vida! Ocurrirá que cuando vea que no está el joven él morirá y habrán hecho descender tus servidores, la ancianidad de tu servidor, nuestro padre, con ansia al sepulcro. Pues tu servidor ha salido fiador por el joven, frente a mi padre, diciendo: Si no te lo trajere hasta ti, habré pecado para mi padre por todos los días. Y ahora, permanezca, por favor, tu servidor en lugar del joven como esclavo para mi señor, pero que el joven ascienda con sus hermanos. Pues ¿cómo ascenderé a mi padre y el joven no está conmigo? No sea que vea yo el sufrimiento que podrá sobrevenir a mi padre”. (Génesis 34:30-34).
Rashi explica que Iehudá trató de convencer a Iosef para que lo acepte a él en lugar de Biniamín, porque quiso decir que “para cualquier cosa soy mejor que él, sea en valentía, o para la guerra, o para ser un sirviente”. ¿Puede ser ésta la razón que llevó a Iosef a develar su identidad?
Iehudá fue el que propuso vender a Iosef: “Dijo Iehudá a sus hermanos: ¿Qué provecho que matemos a nuestro hermano y encubramos su sangre? Vamos, vendámoslo a los Ismaelitas pero que nuestra mano no sea contra él, pues nuestro hermano, nuestra sangre es. Y lo escucharon sus hermanos”. (Génesis 37:26-27). ¿Será que lo que dice Iehudá -según Rashi- indica el cambio que justifica la reacción emocionada de Iosef?
¿Se podría suponer que no es la codicia de dinero lo que llevó a Iehudá a proponer el negocio de la venta de su hermano, sino que Iehudá sabía que ésa era la única manera para lograr convencer a sus hermanos de no matar a Iosef?
¿Será que el hecho de recordar la gran tristeza que sintió Iaacov después de su desaparición fue lo que llevó a Iosef a emocionarse de tal manera?
¿Por qué en todos esos años no intentó Iosef -que ascendió a un puesto de grandeza en Egipto- contactar con su padre?
¿Será que él pensó que su padre “se resignó” a su muerte?
¿Será que por causa del sufrimiento y la desilusión intentó -concientemente o no- “borrar” su pasado y las palabras de Iehudá removieron ese intento de “borrar”?

* Instituto de Investigación sobre la Mujer y la Ley Judía del Instituto Schechter de Estudios Judaicos, Jerusalén

Editado por el Instituto Schechter de Estudios Judaicos, Asamblea Rabínica de Israel, Movimiento Conservador y Unión Mundial de Sinagogas Conservadoras.
Traducción: Rabina Sandra Kochmann.



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