En un principio, el Año Nuevo de los árboles simplemente significaba que a los efectos del diezmo de la producción agrícola que se aportaba al Templo (según lo prescribe la Biblia en Devarim - Deuteronomio 14.22 ss.), el día 15 de Shvat señalaba el límite entre los frutos de un año y los del otro: todo lo que maduraba antes de esa fecha todavía se consideraba como del año anterior, mientras que lo posterior a ese día, ya entraba en el cálculo de la nueva cosecha.
Esta significación de comienzo de un nuevo año fiscal - por así decirlo, en términos modernos - que tenía Tu Bishvat en un principio, fue cambiando paulatinamente hasta convertirse en un festejo destinado a exaltar la vida del hombre de campo y su vínculo con la Naturaleza: pasó a celebrárselo mediante la plantación de nuevos árboles, tanto en los tiempos antiguos como hoy día en el Estado de Israel.
Porque en la actualidad, al llegar Tu Bishvat, no sólo en las colonias agrícolas del país se organizan festejos y ceremonias de plantación de árboles, sino que también el hombre de la ciudad, los niños de las escuelas urbanas, etc., salen al campo y participan en actos semejantes. Todo esto no es sino reflejo de la importancia que desde los tiempos más antiguos, la tradición judía adjudicaba al árbol como creación de Dios y como fuente de innumerables beneficios para el hombre, puesto que nos brinda su fruto, las hojas, su madera, la sombra de su follaje...
Todavía cuando iban por el desierto, al mando de Moisés, la Torá ya indica al pueblo de Israel que “cuando lleguéis al país (prometido por Dios) y plantaréis toda clase de árboles frutales...” (Vayicrá - Levítico 19.23).
Después, diversas menciones que el
Y hacia esta meta apunta, en última instancia, la celebración de Tu Bishvat en su renovada significación de Año Nuevo de los árboles.
Uno de los sabios del Talmud recomienda: “Si tienes un retoño en tus manos y te dicen que ha llegado el Mesías, primero planta el retoño, y sólo después anda a recibirlo”.
Otra leyenda cuenta sobre un anciano que estaba plantando un árbol, cuando fue sorprendido por un alto funcionario romano. “¿Para qué gastas tus fuerzas en esta tarea de plantación, si sabes muy bien que ya no alcanzarás a comer el fruto de tu trabajo?“ - le preguntó el extranjero. Y el anciano le respondió: “Si no comeré yo del fruto de este árbol, comerán mis hijos y nietos, así como comí yo de los árboles que plantaron mis antepasados“.
Este retorno a la naturaleza estuvo íntimamente vinculado con la reforestación del país - ayudada esta vez por todos los adelantos y es así como grandes zonas del flamante Estado están otra vez cubiertas de verdor. Son famosos los bosques que planta el Keren Kayémet Leisrael con fondos recogidos entre los judíos de todo el mundo. Por otra parte, también las colonias agrícolas (kibutzim, moshavim) y campesinos privados han contribuido a repoblar el país con árboles frutales: por todas partes encontramos pardesim, plantíos de cítricos, donde crecen naranjas, pomelos y otras frutas por el estilo. Aunque no faltan, también, grandes extensiones desiertas en el país, que todavía esperan la mano del hombre que las haga florecer.
(Del libro Fiestas y tradiciones judías, del Prof. Heribeto Haber z”l, Editorial Aurora)

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