Treinta días antes de Rosh Hashaná comienza ya el judío a prepararse para el Día del Juicio, para el examen de conciencia.
Desde Rosh Jodesh Elul, el primero de Elul, el toque del shofar crea el clima y predispone el ánimo, llamando a la meditación, contricción y arrepentimiento. En la última semana antes de Rosh Hashaná se recitan las Slijot, el pedido de disculpas.
Las Slijot fueron escritas con sangre y lágrimas de nuestros héroes de la fe, de nuestros mártires, como expresión de su sufrimiento y de su protesta a la vez, por tantas penurias y vejaciones.
El cuerno de carnero santificado, el shofar, cual toque de clarín, con sus crecientes tonos y escalas, despierta las conciencias.
“Con el primer sonido, con el toque del shofar, el Año Nuevo hebreo se convierte en Iom Hadín, en el Día del Juicio y predispone el alma y la mente a la oración”.
¿Y qué es oración, tefilá? El diccionario define la palabra oración como súplica, ruego o alabanza al Señor. Recogimiento interior del alma que eleva la mente hacia lo supremo, lo eterno.
En sentido laico oración es elocuencia, razonamiento pronunciado en palabras.
Todos los seres, sin excepción, sean religiosos o no, sienten alguna vez la necesidad de rezar, de elevar una plegaria en busca de comunicación con lo Supremo, aún cuando no lo confiesen.
El insigne poeta en idish H. Leivik (1888-1962) nos habla de la fuerza suprema de la inspiración en su ensayo “Qué es poesía” y destaca: “Para explicar nuestra inspiración poética no usamos la expresión musa. Para el poeta judío es una expresión gastada, extranjera, ajena. Las fuentes de la creación poética judía están vinculadas a nuestra honda tradición exponente de la milenaria concepción judía, que es en el fondo un sentimiento religioso”. Para Leivik, que no fue precisamente fanático, la fuente de inspiración judía está sumergida en la profunda trascendencia histórica.
“Ello me lleva a confesar , sigue Leivik, que cuando compongo una poesía, un poema, me siento como si estuviera rezando y estoy seguro que a todo poeta le sucede lo mismo”.
La diferencia está en que el feligrés reza con palabras ya escritas, mientras que el poeta, al consagrarse a la oración, las crea con sus propias palabras, las busca en su alma,“siente el imperio de confesarse, de volcar su desasosiego”, de dar a luz diría yo, a esa inquietud que lo conmueve; expectativa comparable con el misterio de la Creación.
Dentro de pocos días celebraremos Rosh Hashaná, el que todos titulamos Año Nuevo o en traducción del hebreo “Cabeza del Año”, pero no es así como todos creemos No, porque Rosh Hashaná comienza en el séptimo mes como reza la Biblia., en el séptimo
Significa que ya se acerca el año a su cenit, a su culminación y el hombre debe examinar y arreglar su pasado para poder vivir el futuro; es una recapitulación para poder mejorar y prepararse para continuar, corregir y comienza el 1º de Tishrei, del séptimo mes.
Esto se logra con teshuvá (retorno) que no significa solamente arrepentimiento, sino regresar, lashuv, volver al buen camino del cual la persona se desvió por inconciencia, por ignorancia, por error.
Rosh Hashaná está antes de Iom Kipur, porque se refiere a toda la Creación, es un concepto colectivo en el sentido humano y Kipur va dirigida al individuo. En resumen, Rosh Hashaná es el juicio de la Humanidad toda y Kipur es específica del pueblo de Israel, del hombre judío, que si antes no fue absuelto podrá serlo en Kipur y así lo confirman las oraciones de cada solemnidad.
En Rosh Hashanáh se escribe la sentencia, en Iom Kipur se firma y en Sucot se resuelve, como reza Cohelet.
Con el primer sonido, con el toque del shofar, el Año Nuevo hebreo se convertirá en Iom Had1n, en el Día del Juicio, y predispone el alma que eleva la mente a la oración.
Sea cual fuera el grado de religiosidad, de fe de cada uno, elevemos todas nuestras plegarias, cada uno con las palabras que sus sentimientos y su formación le dicten, sea con las oraciones formuladas en los libros sagrados, o con las propias, pero cumplamos con la definición: “Recogimiento interior del alma que eleva la mente hacia lo Supremo, lo Eterno”. Por la Paz y la Concordia y la Hermandad.
El judaísmo no es sólo religión. Es filosofía de vida, donde religión, historia, tradición, nacionalidad, costumbres, mitos, es todo eso que se confunde y se complementa, constituyendo una cultura milenaria. Son los cimientos, las piedras fundamentales del gran edificio que es el Judaísmo y sacar uno de los ladrillos puede desmoronar todo el edificio. Cuidémoslo íntegro.
Para terminar, una anécdota que figura en el prólogo de una edición de Sidur, que dice: “En cierta ocasión un hombre pasaba frente a una casa donde se celebraba una boda. Al acercarse a la ventana, vio cantidad de gente saltando, gesticulando de manera extraña y creyó que estaban todos locos. Al no poder escuchar la música que se filtraba por la ventana abierta, porque era sordo, tampoco pudo comprender los gestos y los movimientos de los que cantaban y bailaban”.
Abramos nuestros oídos y corazones para escuchar la melodía común y deseemos a todos Shaná Tová. Jag Sameaj.

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