Elul es algo así como la primera estación en el tiempo, destinado al despertar espiritual, a la purificación del alma humana y a la elevación del individuo. Un pensador moderno afirmó que en el mes de Elul comienza el proceso espiritual que culmina con Rosh Hashaná y lom Kipur.
Durante todo el año estamos atareados con nuestros propios asuntos, como si corriésemos una carrera automovilística; en Elul empezamos a disminuir la velocidad de nuestras máquinas, para poder detenerlas completamente llegado el momento. Si se frenara brusca e imprevistamente en mitad de una carrera vertiginosa, cualquier automóvil volcaría sin remedio. Por eso es imprescindible comenzar a disminuir la velocidad un tramo antes del sitio elegido para detenerse.
Lo mismo ocurre con el ser humano: Si pretendiera frenar repentinamente su tren de vida al llegar Rosh Hashaná, no soportaría el violento cambio anímico y su espíritu se desequilibraría. Por eso comienza a aminorar la marcha con un mes de anticipación, y puede detenerse sin contratiempos en el lugar exacto: en los días solemnes del mes de Tishrei.
Ese es su punto terminal en el proceso de catarsis espiritual, que incluye
Este último acto la contrición comienza precisamente a principios de Elul, según consta en Deuteronomio, IV-30 y XXX-2: “Tornarás hasta el Eterno, tu Dios, y oirás Su voz”.
El valor práctico de los preceptos del judaísmo, es la superación ininterrumpida del individuo en la faz humana.
Un judío piadoso dijo en cierta ocasión que la exhortación: “Oye Israel, el Eterno nuestro Dios, el Eterno es Uno. Y amarás al Eterno, tu Dios, con todo tu corazón, con toda tu alma y con todo tu haber” (Deuteronomio, VI-4/5), no es realmente un mandamiento ni una orden, sino un consejo amistoso. “¡Oye!” dice la Tora; oye y entiende cómo evoluciona y se comporta el cosmos, y llegarás por ti mismo a la suprema conclusión de que Dios es Uno; y lo amarás con todo tu ser, cumplirás Sus preceptos y obrarás según Su voluntad.
De modo que estamos frente a un problema de mero acostumbramiento; todo consiste en hacer frenar paulatinamente y con suavidad el tren de nuestra vida, hasta alcanzar la meta deseada: la purificación espiritual. donde nos conviene estacionaremos.

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