Mientras recorría los diarios con las noticias sobre el antisemitismo en Europa y otras partes del mundo, y las amenazas constantes, me asocié con un debate en nuestro Parlamento realizado hace tiempo, en que el tema era justamente el brote antisemita y también la película Jenín-Jenín.
Recordé la opinión de diversos diputados y entre ellos dos, quienes culpaban a Israel desde luego, y sobre todo a los asentamientos, de todo lo que sucede y ayuda al antisemitismo.
Después de ellos habló un diputado árabe, quien recogió las motivaciones que le servían en bandeja los propios judíos y dijo, con humor: “Ustedes los judíos son los antisemitas pues sojuzgan y nos oprimen a nosotros que somos semitas”. Por eso el mundo no nos quiere.
A raíz de todo lo antedicho sentí la necesidad de un repaso, como decíamos en la escuela; una incursión en el tiempo y recordar cómo y cuándo empezó el tema, lo que más tarde y con mayor precisión, León Pinsker titula “judeofobia”.
León Pinsker (1821-1891) en su opúsculo “Autoemancipación” editado en 1882 define la judeofobia como una enfermedad socio-patológica contra los judíos y para curarse de dicha enfermedad los judíos deben ante todo ser una nación en su terreno propio, que sea a su vez el centro espiritual del pueblo. Lo tituló, entre otros conceptos, “renacimiento nacional judío”. En una resumida reseña histórica encontramos también la evolución semántica del fenómeno que nos ocupa.
1. El anti-hebraísmo fetichista cuando Abraham rompe los ídolos. Ya entonces comienzan las connotaciones peyorativas: ivrí, hebreo que viene del otro lado del río; shoded, en hebreo asaltante, ladrón.
2. El anti hebraísmo: el anti israelismo en Egipto.
3. El gran brote anti judío en Persia en el siglo V a.C.; luego el cautiverio en Babilonia. Es entonces que comienza a generalizarse el término judío.
4. El anti judaísmo pagano en la época greco-romana.
5. El anti judaísmo cristiano-islámico.
6. La Iglesia Católica, la Inquisición, los crímenes rituales, las expulsiones en masa.
7. Periódicamente el odio a nuestro pueblo evoluciona y cambia de nombre.
Antisemita fue usado por primera vez en Berlín en 1868 en el libro “Victoria del Judaísmo sobre el Germanismo” de Walter Marr. Antisemitismo se expande por toda Europa también hoy cuando su acepción semántica no es exacta y son hoy nuestros primos semitas los mayores ideólogos y artífices de los más atroces atentados anti israelíes y anti judíos.
El antisemitismo llega a su máxima expresión con la barbarie nazi, donde se exterminan seis millones de nuestro pueblo. Un capítulo especial corresponde
El filósofo-matemático Bertrand Russel en una carta a la URSS escribe entre otras cosas: “Si hay un pueblo que merezca comprensión ese pueblo es precisamente el pueblo hebraico”. “Esperamos que a los judíos de la URSS se le conceda una vida libre cultural y religiosa; debe concedérseles el poder de reunirse con gente de su estirpe en Israel. Conocemos vuestros puntos de vista sobre delitos económicos, pero nos preocupa sumamente que el 60 por ciento de los encarcelados sean judíos”.
Pero qué tiene de extraño que Rusia sea antisemita. Es consecuente con toda la línea de su historia y sobre todo de su maestro, el ideólogo Marx quien dijo: “Hebraísmo significa burguesía, avidez de dinero, especulación, egoísmo, venalidad, inmoralidad, sin patria”. “El dinero es el celoso Dios de Israel al lado del cual no puede haber otro Dios”. Qué ironía, de pronto Marx se vuelve el abogado de Dios; todo es posible si de judíos se trata.
Y a propósito del origen judío de Marx, escribe Ackerman en su libro “Psicoanálisis del antisemitismo”: “El hecho de que algunos de sus antecesores era judío fomente en el renegado su ulterior antisemitismo, que es para él la parte débil de su personalidad”.
Se podría creer que después de la cruel carnicería nazi, de Hitler, y su posterior derrota, el mundo rechazaría toda nueva manifestación de antisemitismo. Pero aquí la lógica no corre.
Como bien afirma Maritain: “Si mañana desaparecerían todos los judíos del mundo, el fraude, la violación, los mismos males de que hoy se los acusa, seguirían existiendo”.
Reiteramos: el antisemitismo hoy es el mismo fenómeno social y psicológico y desde luego, sumado a grandes factores políticos de poder que comenzó hace milenios con el primer hebreo.
Pinsker en su análisis lo llama judeofobia y la define como “una enfermedad peculiar del ser humano”, llegando a la conclusión que es inútil combatirla: “No modificaremos al antisemita; nosotros tenemos que asumir esa realidad y actuar en consecuencia”. Así lo expresa ampliamente en su opúsculo “Autoemancipación” publicado en 1881.
Resumiendo: ante las manifestaciones antisemitas de ayer y de hoy y ante el terror de nuestros primos semitas cuyo terrorismo asola a casi todo el mundo y contamina las mentes, seguimos afirmando: antisemitismo, anti judaísmo, anti sionismo y anti Israel son sinónimos; es judeofobia, como la define Pinsker.
Salgamos del túnel del tiempo convencidos de nuestra verdad y enfrentemos la realidad con nuestra lealtad y amor a Irael, buscando lo que nos une, no lo que nos divide.

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