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Publicado 30/10/2008
Historia
Un triste episodio histórico poco recordado
Hace 511 años, se decreta la expulsión de los judíos de Portugal



El rey Manuel I de Portugal (cuadro de Henrique Ferreira, 1718)

El sabio judío Isaac Abrabanel no pudo evitar la expulsión

Los sucesos relacionados con la expulsión de los judíos de España, concretada en 1492, reciben un trato preferencial de los historiadores. En cambio, la persecución que sufrieron los que residían en Portugal o se afincaron allí después de su expulsión de España, concentran menos atención.
El 31.10.1497, hace exactamente 511 años, se concreta la expulsión de los judíos de Portugal después que el rey les diera un plazo para convertirse al cristianismo.
Existieron poblaciones judías en Portugal antes de que se estableciera como país, en la época romana o incluso antes. Con la caída del Imperio Romano, los judíos fueron perseguidos por los visigodos y otros reinos cristianos europeos que controlaban la zona por aquel entonces. En el año 711, la invasión musulmana a la Península Ibérica fue interpretada por los judíos como una liberación y marcó el inicio de lo que se conoce como ``la época dorada de la cultura judía en la Península Ibérica''. De todos modos, los judíos, así como los cristianos, mantenidos bajo las normas musulmanas, tuvieron que pagar una tasa especial. Muy pronto, en el siglo VIII, los reinos cristianos de las zonas montañosas del norte de la Península iniciaron la reconquista contra los invasores musulmanes.
Los cristianos se aprovechaban de los judíos, puesto que muchos sabían hablar árabe, para que ejerciesen como diplomados y como espías en una campaña que duró siglos. Esto les garantizó algo de respeto, aunque siempre salían perjudicados.
En la plena Edad Media los judíos se trasladan a la España cristiana desde la musulmana donde, en las épocas de islamismo que sobrevienen bajo los almoravides y los almohades, empieza a haber intolerancia religiosa.
En la España cristiana, hay prosperidad y tolerancia. Ni siquiera se les aplica la prohibición que afecta a los cristianos de prestar dinero a interés y algunos se dedican a las finanzas, e incluso son protegidos por reyes y nobles. España, a la que llaman Sefarad, llega a ser su hogar preferido, porque además sufren las expulsiones de Inglaterra y, en 1306, de Francia.
Con la crisis de la Baja Edad Media, también en los diversos reinos de España empieza a haber explosiones de violencia por parte de las capas bajas de la población contra los judíos (1328 en Estella, 1391 en otros lugares), aunque las autoridades los siguen protegiendo.
La presión popular contra los judíos se intensifica a lo largo del siglo XV y se extiende a sectores superiores de la sociedad la mezcla de acusaciones de usura con las religiosas contra los falsos conversos judaizantes. Esta presión al final ya no es contenida por la Corona de Castilla y Aragón, cuyos reyes firman el decreto de expulsión de los judíos en 1492. También serán expulsados de Portugal (1497) y de Navarra (1498) por sus reyes.
Es la medida más traumática producida por la distorsión renacentista en la religiosidad católica. Porque en la Edad Media la sociedad era cristiana pero había tolerancia para los judíos.
Es una expulsión por motivos religiosos distorsionados por la modernidad renacentista, no por motivos racistas, puesto que no son expulsados los judíos conversos, ni los que se hacen bautizar en aquel momento.
Aunque el decreto dice que el problema de que haya falsos conversos es por la presión de los que siguen siendo judíos, seguirá existiendo el problema de los judaizantes y de la actuación de la Inquisición contra ellos. Los sefarditas expulsados de España fueron quizá unos 180.000. Aparte de la pérdida demográfica y económica, crearse como enemigos a los financieros de este origen fue un gran problema para España en la época de su hegemonía mundial que en ese momento comenzaba. Los problemas financieros, de allí en más serían una constante.
La conquista del rico Reino de Granada hizo, aparentemente, que Fernando e Isabel no consideraran ya indispensables a los judíos en España, como si de hecho estuvieran fuera de lugar en sus reinos, que ambos deseaban que fueran cristianos. En 1492 publicaron, sin la aprobación de Inocencio VII, un decreto expulsando de España a todos los judíos, y ello a pesar de las súplicas de Isaac Abrabanel, que ofreció una inmensa suma de dinero.
Poco después la Inquisición, y con ella los reyes, llegaron a la conclusión de que no podrían hacer de los conversos buenos cristianos mientras a su lado vivieran judíos públicos. En consecuencia, los reyes católicos decretaron en 1492 la expulsión de los judíos de todos sus reinos. En un breve plazo todos los que no quisieran convertirse al cristianismo habían de salir del país.
La mayoría de los expulsados marcharon a Portugal, pero después también fueron expulsados de allí, dirigiéndose entonces al norte de Africa, sobre todo a lo que hoy

es Marruecos y parte de Argelia.
Otros fueron a Italia y a Francia. A lo largo del siglo XVI ellos fueron extendiéndose por ambas orillas del Mediterráneo, radicándose la mayoría en el Imperio Otomano, donde conocerían días de gloria. Estos expulsados y sus descendientes son los sefardíes, que a través de los siglos mantendrían una unidad entre sí gracias a su lengua de raíz hispánica en la que produjeron una importante literatura entre los siglos XVIII y XX.
El país donde los judíos expulsados de España recibieron mayor hospitalidad fue Turquía, que entonces estaba gobernada por Bayaceto II.
Hasta el siglo XV, algunos judíos ocuparon puestos de importancia en la vida política y económica de Portugal.
Isaac Abrabanel fue el tesorero del rey Alfonso V de Portugal. Muchos de ellos también tuvieron un papel muy activo dentro de la cultura portuguesa y mantuvieron su reputación de funcionarios, profesionales y mercaderes. En aquella época, Lisboa y Evora eran un enclave importante para las comunidades judías.
Otra tragedia ocurrió en la comunidad judía en 1493, cuando el rey ordenó la separación de los niños judíos de sus padres. Setecientos niños fueron enviados a la recién descubierta isla de Santo Tomé, frente a la costa occidental de Africa. En 1993, descendientes de aquellos niños protagonizaron una ceremonia recordando aquel acontecimiento.
Juan II los toleró solamente durante ocho meses, después de los cuales todos los judíos que permanecían allí fueron convertidos en esclavos. Es cierto que, en un principio, su sucesor, Emmanuel (1495-1521), liberó a los judíos esclavizados pero, al final, en diciembre de 1496 firmó un decreto expulsando a todos los judíos que hubieran rechazado ser bautizados.
En 1497, bajo la presión del recién nacido Estado español, la Iglesia católica y los propios católicos, el rey Manuel I de Portugal decretó que todo los judíos debían convertirse al cristianismo o abandonar el país. El 19 de marzo de 1497, el primer día de la Pascua, los padres judíos recibieron la orden de llevar a sus hijos, de edades comprendidas entre los cuatro y 14 años, a Lisboa.
A su llegada, los padres fueron informados que sus hijos iban a ser adoptados y que debían entregarlos a las familias católicas para ser criados como buenos católicos.
Los niños fueron literalmente arrancados de sus padres, otros fueron escondidos y algunos padres optaron matar por sí mismos a sus hijos en lugar de vivir separados. Después de un tiempo, algunos padres aceptaron ser bautizados, junto con sus hijos, mientras que otros sucumbieron y entregaron a sus bebés.
Fueron malos tiempos para los judíos portugueses, sobre todo por la matanza de 5.000 de ellos en Lisboa (1506), la deportación forzosa a Santo Tomé y Príncipe (donde todavía hoy en día hay una gran presencia judía) y el posterior establecimiento de la Inquisición portuguesa en el año 1536.
Tal y como ocurrió en España, los inquisidores portugueses se cebaron con los nuevos cristianos, conversos o marranos. La Inquisición portuguesa extendió entonces sus operaciones desde Portugal a todo el Imperio Portugués, incluyendo Brasil, Cabo Verde y Goa.
Los tribunales quemaron a 1.200 personas, se quemaron las representaciones de otras 600 y 29.000 tuvieron que hacer penitencia, hasta que la Inquisición portuguesa fue abolida en 1821 por las Cortes portuguesas.
La mayoría de los judíos portugueses, miles, fueron dejando poco a poco el país para dirigirse a Ámsterdam, Tesalónica, Constantinopla (Estambul), Francia, Marruecos, Brasil y las Antillas.
En algunos de estos lugares todavía se ve su huella, como en el uso de la lengua ladina de algunos judíos de Turquía, los dialectos basados en el portugués de las Antillas, o las múltiples sinagogas construidas por los que se conocen como judíos españoles y portugueses, así como la Ensoga de Amsterdam.
De todas formas, muchos judíos permanecieron en Portugal. Un número significativo se convirtió al cristianismo como una simple formalidad, aunque practicaban los ritos judíos en secreto.
Estos se conocían como cristianos nuevos y estaban continuamente bajo la vigilancia constante de la Inquisición. Algunos de ellos, si no la mayoría, acabarían por abandonar el país con el paso de los siglos para volver más tarde, cuando ya podían practicar abiertamente la fe judía. Éste fue el caso, por ejemplo, de la familia Spinoza.
Algunos judíos, aunque muy pocos, como los judíos de Belmonte, tomaron una solución diferente y más radical: decidieron practicar su fe en una comunidad secreta, aislada y muy estricta que recibe el nombre de marranos. Una parte de ellos (básicamente sólo la comunidad de Belmonte y algunas otras familias aisladas) sobreviven hasta hoy practicando la endogamia y manteniendo muy poco contacto con el mundo exterior.
Hace poco tiempo que restablecieron el contacto con la comunidad judía internacional y que practican su religión en una sinagoga pública con un rabino formal. En el siglo XIX, algunas familias influyentes de origen judío-sefardí, provenientes sobre todo de Marruecos, volvieron a Portugal.

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Comentarios
2. Felicitaciones
Autor: Jesus Curiel
3. buscando mis raices
Autor: nestor javier perez
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