En Israel continúa funcionando aún el sistema de salud de cobertura universal que fuera establecido en la década de los '90, con todos los ajustes y adaptaciones que se han ido generando desde entonces, de tal modo que al presente, ese sistema de salud aparece como una de las pocas instituciones en el país que aún conserva los rasgos del Estado de Bienestar, aquel que caracterizó al Israel de hace varias décadas.
Mientras tanto, las noticias sobre la política interna estadounidense se centran en las discusiones de las reformas al Sistema de Salud de ese país propuestas por el presidente Obama y que ya cuentan con un texto aprobado en la Cámara de Representantes y otro en la de Senadores. Como se han difundido recientemente, en los Estados Unidos existe un importante segmento de la población, poco más del 15% de acuerdo a la Oficina de Censos de dicho país, -lo que representa más de 45 millones de personas- sin ninguna cobertura de salud (1). Las reformas propuestas tienen por objetivo -entre otros- el dotar de esa cobertura a la mayor parte de esa población, así como ampliar algunos servicios de salud preexistentes e instruir a las empresas de seguro que venden pólizas de salud, de la obligación de aceptar solicitudes con independencia del estado de salud de los peticionantes. (2)
Como puede deducirse de lo anterior y de la lectura de los reportes de prensa, que cotidianamente informan sobre las duras peleas en el interior de los Estados Unidos en contra de esas reformas agitando la consigna de que se trata de propuestas ``socializantes'' que amenazan la esencia del ``american way of life'', las discusiones sobre el tema del sistema de salud en ese país representan de hecho una batalla ideológica entre posiciones afines al mantenimiento de un individualismo a ultranza y las que defienden principios de solidaridad y cooperación.
En cierta medida podría decirse que con la probable aprobación de alguna de las versiones que reforman el sistema de salud norteamericano, en ese país se estaría frente a un proceso de transición hacia posiciones más congruentes con una sociedad que aspira a ampliar el bienestar de su población. Y una importante proporción de esa población está activamente interesada en que ello suceda; así lo demostró con su voto en las últimas elecciones.
En contraste con esta situación, en Israel parecería que existe la intención de conducir un proceso inverso, en el que fueran disminuyendo los apoyos colectivos al bienestar de la sociedad, en aras de principios que priorizan, por sobre todas las cosas, el predominio de lo individual sobre lo colectivo y lo social. Ciertamente, en el caso de la salud la existencia de una cobertura universal obligatoria constituye un activo importante a considerar (si en Israel hubiera la misma proporción de personas sin seguros de salud que en los Estados Unidos, más de un millón de residentes estarían fuera de toda cobertura), pero es importante llamar la atención sobre las tendencias que están caracterizando actualmente al sistema.
Del gasto total en salud que se lleva a cabo en el país, hay una creciente proporción que va quedando a cargo de las familias. En efecto, en 1995 el gasto de las familias - es decir, el gasto privado- representaba el 31,4% del total del gasto en salud, y ha aumentado últimamente hasta 42%. Es así que en una comparación con un alto número de países de la OECD, solamente los Estados Unidos muestran una proporción de gasto público en salud menor que la de Israel para el año 2007. De hecho, para la OECD en su conjunto la proporción de gasto privado en el total del gasto en salud es de 27%, bastante menor que la proporción del
Junto con estas situaciones es preciso reconocer que en su conjunto, el país gasta en materia de salud una proporción de su Producto Interno Bruto (PIB) bastante menor que la mayor parte de las sociedades avanzadas: en el año 2007, Israel dispuso de un 7,7% de su PIB para el área de salud, lo que lo sitúa en el lugar 24 entre los países de la OECD. En materia de gasto total en salud por habitante, Israel gastó en 2007 poco más de 2.000 dólares por año por persona y también ocupa el lugar 24, mientras que en el año 1990 ocupaba el puesto 15 entre esos mismos países.
Como es de todos conocido, la legislación actual en Israel admite la posibilidad de contar con seguros de salud adicionales al seguro general obligatorio. Una parte de esos seguros adicionales -que son voluntarios- es administrada por las cuatro instituciones que están a cargo de las prestaciones generales de salud, y otra parte corresponde a empresas privadas de seguros. Actualmente alrededor del 75% de la población ha contratado seguros adicionales con las instituciones arriba mencionadas, y se estima que un 30% tiene además seguros privados; es así que el 27% del gasto privado en salud corresponde a seguros adicionales.
Por otra parte, el gasto privado en salud está altamente correlacionado con la distribución del ingreso de la población. En un sistema de salud como el israelí, donde la cobertura básica de salud es universal, el 20% de la población con mayores ingresos gasta casi cuatro veces más en salud que el 20% de menores ingresos; esto significa que, más allá de los servicios generales de salud a los que tiene acceso igualitariamente toda la población, la estructura de la distribución del ingreso -crecientemente desigual- está promoviendo en definitiva accesos diferenciales a ciertos tipos de prestaciones de salud.
Lo anterior no pretende minimizar las virtudes y bondades del sistema de salud en Israel: junto a su multimencionada cobertura universal, que es efectiva y que no discrimina entre sexos, credos o etnias, la población tiene en general acceso a una medicina de alto nivel y a una atención medica oportuna, a instalaciones y equipamiento modernos, y a una razonable canasta de medicamentos altamente subsidiados.
Pero el riesgo real que se corre -y que se ejemplifica con el aumento del financiamiento privado de la salud pública mientras la proporción del PIB que se destina a esa área permanece constante, así como con la creciente brecha al interior de los grupos de ingreso- es que esas virtudes y bondades vayan retrocediendo, de la misma forma que han ido retrocediendo, e incluso desapareciendo, otras instituciones solidarias y de ayuda mutua en la sociedad israelí.
Esto contrasta con las discusiones que tienen lugar en los Estados Unidos, mencionadas más arriba, donde el proceso parece ser el inverso. Lo que se pretende alcanzar allí es precisamente cobertura universal, atención de salud libre de discriminaciones, actitudes basadas en la solidaridad y no en la prosecución del beneficio personal.
Pero esos elementos ya fueron incorporados en su momento en el funcionamiento del sistema de salud en Israel. Cabe preguntarse entonces ¿por qué ese empeño por reducir lo social y jerarquizar lo individual?; ¿por qué, con la complicidad que representa el silencio de las mayorías, se avanza en el reemplazo de valores solidarios y cooperativos por la glorificación del estímulo material?
1. Ver ``Income, Poverty and Health Insurance Coverage in the United States: 2007'' Oficina de Censos de los Estados Unidos, agosto 2008, preparado por Carmen DeNavas, Bernadette Proctor y Jessica Smith.
2. Ver en el sitio http://www.kff.org/healthreform/sidebyside.cfm de la Henry J. Kaiser Familiy Foundation, una comparación entre los tres textos mencionados.

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