Yael programó una tarde de compras en el Shopping Center Arena, el más grande de Natanya.
Ya estaba concentrada en su recorrido cuando el dolor la volvió a atacar en forma insoportable. No dudó mucho en hacer una visita al médico para ver si solucionaba el malestar.
Sabía que en el segundo nivel encontraría dónde hacer la consulta y allí se dirigió.
Todavía recordaba cuando cuarenta años atrás había entrado a una cabina semejante con su mejor amiga, Ronit, para hacerse las graciosas delante de la cámara y obtener unas fotos instantáneas que todavía guardaba en el arcón de los recuerdos.
Ahora en una cabina similar uno puede hacerse un chequeo médico.
Entró, la puerta se cerró tras de ella y una voz de mujer la invitó a desnudarse y colocar su ropa, zapatos y cartera, en el único estante del habitáculo.
Apenas terminó la misma voz le preguntó su edad.
Ella respondió 50 y pensó que esa pregunta estaba de más.
-Por favor, coloque sus pies sobre las huellas amarillas de la plataforma.
Así lo hizo y en un monitor que tenía delante apareció su peso y altura.
La asistente electrónica le indicó que cerrara los ojos y se quedara absolutamente quieta con los brazos estirados a los lados, mientras contaba hasta diez mentalmente.
Así lo hizo... Cuando iba por la cuenta de tres, la máquina ya había escaneado todo el cuerpo de Yael, obteniendo una metaradioespectrografía, con la que analizaba micrón a micrón todo el cuerpo del paciente y se tomó hasta la cuenta de diez sólo para analizar los resultados.
Una butaca apareció desde la pared posterior y fue invitada a tomar asiento.
-Ahora, por favor, coloque su pulgar derecho, con la yema hacia abajo, en la señal luminosa del tablero, sobre su derecha.
Así lo hizo... y, -¡Ay!- Un pequeño pinchazo
En la pantalla, frente a ella, apareció, esta vez, su temperatura, su presión arterial, la cantidad de pulsaciones, y un muy desarrollado análisis de su sangre. Mostrándole los valores normales y los que ella poseía.
-Respire hondo y seguido con la boca abierta- fue la siguiente indicación. Mientras lo hacia, un láser apuntaba sobre su pecho y su espalda en distintos puntos.
-Por favor, vístase y tome asiento- replicó la voz melosa.
Cuando la máquina detectó que Yael se había sentado, comenzó a explicarle, esta vez con voz de hombre, que habían hecho un minucioso estudio de su cuerpo y habían detectado una inflamación en el nervio ciático por lo que le emitían una receta con las coordenadas en que debía ser suministrado el antiinflamatorio y la cantidad justa de droga requerida para el caso.
-Con una sola aplicación, en cualquier centro farmacéutico, conseguiría estar restablecida del dolor que la aquejaba- replicó la máquina.
Por otro lado habían detectado una caries en su premolar superior izquierdo, por lo que le recomendaban asistir a un odontólogo.
Y por último su nivel de hierro en sangre estaba un poco bajo, pero con una dieta especial, que en ese momento le suministraban, podría corregirlo en un mes.
Todo el informe salió impreso por una rendija con sus datos personales incluidos que la máquina detectó apenas Yael cruzó la puerta para entrar, obteniéndolos de un chip injertado detrás de la oreja como tienen todos los humanos nacidos en el siglo XXI.
Yael se levantó, tomó las hojas de papel, se miró la yema del dedo gordo derecho, maldijo a la seguridad social y se dirigió al centro farmacéutico para aplicarse el antiinflamatorio.
Mientras, en el interior de la cabina, un spray antiséptico dejaba el habitáculo estéril para recibir al próximo paciente.
© 2010 Daniel Mytnik – Todos los Derechos Reservados sobre Textos y Fotografías.

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