Algunas reflexiones adicionales sobre la situación en el norte de Siria

Post thumbnailConvoy militar turco en Kilis cerca de la frontera turco-siria Foto: Mehmet Ali Dag/ Ihlas News Agency (IHA) vía REUTERS
El camino parece haber sido despejado para una invasión del noreste de Siria por parte de Turquía y sus milicias islamistas sunitas aliadas. Si se produce una invasión de este tipo, finalizará una de las asociaciones más exitosas logradas por la diplomacia militar de Estados Unidos en los últimos años, es decir, entre las Fuerzas Armadas de Estados Unidos y las Unidades de Protección del Pueblo (YPG) kurdas. También tendrá profundas implicaciones, tanto estratégicas como tácticas, para EE.UU. En Oriente Medio y para el equilibrio estratégico en la región en su conjunto.

En junio, me senté con un alto oficial kurdo sirio en la ciudad iraquí kurda de Solimania (Suleimaniya). ¿Espera -le pregunté- que las fuerzas estadounidenses se retiren del área bajo el control conjunto de facto de Estados Unidos y los kurdos? La respuesta del hombre evitó el sentimentalismo y la retórica. “No lo sé. Esperemos que no. Pero bien pueden irse", dijo, antes de agregar:" Si lo hacen, hemos dejado en claro que al día siguiente haremos un trato con el régimen".

En abril de 2017, le pregunté a un activista palestino partidario del régimen sirio, en Alepo, cómo garantizaría Damasco el regreso de las tierras en ese momento y actualmente bajo el control de los kurdos sirios y EE.UU. "No lo sabemos", fue su respuesta sincera. "Pero sabemos que volveremos allí".

Ambos hombres ahora tienen una respuesta a las preguntas que los dejaban perplejos. Es probable que solo el partidario del régimen esté satisfecho con el resultado.

Si las fuerzas turcas y sus aliados entran en el norte de Siria; la preocupación inmediata kurda será ante la posibilidad de una limpieza étnica generalizada. El miedo está bien fundado. Alrededor de 200 mil kurdos sirios huyeron del avance del ejército turco y sus aliados sunitas cuando Erdogan destruyó el cantón kurdo de Afrin en el noroeste de Siria, en enero de 2018.

Los kurdos esperan que una repetición de esta operación a mayor escala se esté gestando actualmente hacia el este.

Para evitarlo, es probable (como sugirió mi interlocutor en Suleimaniya) que permitan que los rusos, el régimen de Assad y sus aliados iraníes entren en las áreas actualmente bajo su control.

El régimen de Assad y los kurdos sirios no se pueden ver. Pero Assad, los rusos y los iraníes no tienen interés en una limpieza étnica a gran escala de los kurdos, del tipo que probablemente produciría una invasión turca.

Tras el anuncio de Estados Unidos, ya había informes de un movimiento del régimen y fuerzas rusas hacia la ciudad de Manbij. Una carrera indecorosa por el botín entre el régimen/ rusos/iraníes y los turcos/yihadistas parece estar por comenzar. Los últimos informes confusos del área sugieren que una fuerza turca ya ha penetrado la frontera en el área de Tel Abyad/Ras al Ain. El Estado Islámico (ISIS), mientras tanto, ha surgido en Al Raqa (Raqqa) y está atacando posiciones de las kurdas Fuerzas Democráticas Sirias (SDF) en la ciudad.

Si la parte sur del área al este del Éufrates cayera ante el régimen y sus aliados; el resultado será la consolidación por parte de Irán de su "puente terrestre" desde la frontera entre Irak e Irán hasta el Líbano, el Mediterráneo y la frontera con Israel. Con las milicias pro-iraníes actualmente reprimiendo la disidencia en Bagdad, esto dejará a la alianza regional liderada por Irán como el principal vencedor de los turbulentos eventos en el Levante durante la última década.

Un gran movimiento de población es una posibilidad real. En la Asamblea General de la ONU, el presidente turco Recep Tayepp Erdogan, declaró su intención de crear una "zona segura" que se extienda eventualmente hasta una línea entre Al Raqa (Raqqa) y Deir ez-Zor, a alrededor de ochenta kilómetros (cincuenta millas) dentro de Siria.

Tal área, sugirió Erdogan, permitiría el reasentamiento de hasta dos millones de refugiados sirios. La vida para los kurdos restantes en Afrin controlado por Turquía (200 mil han sido desplazados) se ha convertido en una ronda diaria de humillaciones a manos de los matones de los grupos islamistas que son aliados de los turcos en el área. Si Turquía toma el control de áreas cercanas a la frontera, tales como Kobane, Amuda e incluso la ciudad de Qamishli, (todos dentro del área propuesta por Erdogan) es probable que los kurdos se dirijan hacia el sur en grandes cantidades a las áreas que están bajo el control del régimen, o hacia el este hacia el Kurdistán iraquí, al otro lado del río Tigris.

También se debe considerar el destino de los 60 mil prisioneros del Estado Islámico (ISIS) actualmente en poder de las Fuerzas Democráticas Sirias. El SDF, liderado por los kurdos, mantenía a estos cautivos como parte de su alianza con Estados Unidos. Esa alianza acaba de ser declarada muerta. El SDF parecen estar preparándose para combatir el avance del ejército turco, un proyecto para el cual, se puede suponer, que necesitará todos los efectivos disponibles.

¿Se puede confiar en Turquía, cuya propia relación en los últimos años con el Estado Islámico (ISIS) incluyó episodios verificados de colusión, la tarea de mantener a estos individuos en continuo cautiverio, en espera de algún proceso legal futuro? Los antecedentes sugerirían lo contrario.

Esta decisión de EE.UU. pone fin a las persistentes esperanzas de que la Administración Trump tenía planeado seguir una política coherente en toda la región para contener y revertir la expansión iraní, o más ampliamente para recompensar a los amigos y castigar a los enemigos. Las señales se habían ido acumulando durante el verano. La falta de respuesta al derribo iraní del avión no tripulado RQ-4A Global Hawk sobre el Golfo en junio, la partida del asesor de seguridad nacional John Bolton, la falta de acción contra los ataques a las instalaciones petroleras sauditas en Abqaiq y Khurais en septiembre, y luego las repentinas propuestas al presidente iraní Rouhani a principios de octubre sugirieron una ausencia de enfoque o interés en este asunto.

El abandono aparentemente inminente del este de Siria lo confirmará. En el Oriente Medio, esta Administración no quiere ganar. Quiere irse. Los enemigos de Estados Unidos ciertamente tomarán nota. Los aliados, potenciales y existentes, también lo harán.

Por supuesto, no es demasiado tarde para que Estados Unidos cambie de rumbo. Con suerte, esto sucederá. Se deben hacer todos los esfuerzos al respecto. Los escenarios discutidos anteriormente están condicionados a que no tenga lugar tal marcha atrás de la dirección.