Abadim ¿Hainu?*

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Y otra vez Pésaj. Y otra vez vamos a celebrar y apostar a la libertad.

Suena un tanto extraño remarcar, una y otra vez, que con cada Pésaj estamos celebrando, con entusiasmo, y con el debido respeto, el hecho de querer apostar a la libertad individual y como pueblo, aunque sea una fecha que nos llega de tan lejos, de tanto tiempo atrás. No obstante, para que su espíritu siga vigente, no debemos olvidar lo que la libertad implica dado que su contra cara es la esclavitud. Por eso no debemos anquilosarnos, sino todo lo contrario, refrescar su sentido y que no caiga su festejo en el mero ritual de comer matzá.

¿Esclavos fuimos? ¿Podemos hablar de ello tan sólo en tiempo pasado?, o no será que debemos cuidar ese bien adquirido con tanto esfuerzo y renovar nuestros votos de libertad no dejándonos seducir por nuevas formas de esclavitud, mucho más peligrosas dado que son encubiertas, agazapadas, donde sin saberlo vendemos nuestra alma al diablo a diario no prestando atención frente a qué nuevos Amos nos sometemos. Ideologías políticas acomodaticias, créditos que se infinitizan para saciar nuestro consumismo indebido, deslealtades comerciales, olvido de nuestros valores y creencias más íntimas, en fin, que cada uno haga su balance más sincero, más sentido, y comprobará que el Faraón no quedó tan sólo como un ingenuo cuentito bíblico que contamos a nuestros niños.

Pero ser libres no sólo implica no ser esclavos en Egipto y hacer ladrillos de barro. Ser libres es mucho más que eso, principalmente en las épocas que corren.

Julio Cortázar definió en su momento qué quería decir libertad para él. Lo hace de una manera un tanto críptica, no por eso menos eficaz. Entonces nos va a decir: “ser libre es hacer lo que se debe y no lo que se quiere”. De ésta diferencia (entre deber y capricho) se desprende el compromiso que cada uno debe tener consigo mismo con la responsabilidad ética de llevar a cabo sus deseos, ese enigma del ser que no adhiere en realizar las ideologías masificadas, efecto del capricho del Amo de turno, hecho que bien hemos comprobado en épocas del nazismo, sino más bien soportar en soledad la propia convicción deseante aunque ésta no comulgue con lo acomodaticio de “para todos por igual”, siendo que una igualdad masificada responde a una política demagógica más que a una elección responsable y jugada.

En este nuevo Pésaj vuelvo a apostar por un mundo libre, máximo bien que intento dejar como herencia a las generaciones venideras, y para que este enunciado no sea tan sólo un rejunte de palabras vaciadas de sentido, invito a todos los sujetos que adhieran con este pensamiento a colaborar desde su lugar y desde su quehacer cotidiano a que éste deseo pueda llevarse a cabo, efecto de un trabajo conjunto en aras de cuidar al único Mundo que aún tenemos.

* Esclavos ¿Fuimos?