Populismo en Sión

Post thumbnailFoto Captura de Pantalla - Facebook
Joseph Hodara

 

La reciente aparición y las filosas palabras de Biniamín Netanyahu que tuvieron escenario y voz en los últimos días revelan dos hechos. De un lado, la creciente debilidad personal y política de una figura que preside y modela las vitales orientaciones del país desde hace más de una década. Y del otro, el agravamiento de las amenazas que hoy afectan el hacer público israelí.

En perspectiva histórica, sus gestos y discurso guardan afinidad con los planteamientos populistas que desde los narodnik rusos hasta sus versiones latinoamericanas han pretendido dislocar el espíritu y los mecanismos de la democracia.

En filoso contraste con líderes como Ben Gurión y Menajem Beguin que atinaron a moderar impulsos excesivamente personalistas en la gestión estatal, Netanyahu se configura como un insalvable rehén no sólo de íntimas y exaltadas pasiones.

Los adelantos en las investigaciones que instituciones jurídicas y policiales están alcanzando en asuntos directa o indirectamente vinculados con su nombre, las presiones que afectan a su cercana familia, y el desmedrado apoyo que le ofrecen algunos líderes y fracciones de su partido: circunstancias que en conjunto restan hasta cancelar la posibilidad de una equilibrada postura.

¿Qué notas distinguen su reciente aparición pública?

  1. El contacto directo y bien organizado con un público reunido con el respaldo y el financiamento de su partido. Seis mil personas – cifra subrayada y difundida una y otra vez – se presentaron con carteles y emocionada voz con el fin de celebrar un exaltado apoyo al líder presuntamente maltratado por la izquierda y los medios de comunicación.

  2. Un preliminar y altisonante discurso por parte del diputado David Bitán que por su origen (Marruecos) y con su populismo retórico acertó a declamar las virtudes personales y políticas de un líder acosado, a su parecer, por diabólicas entidades.

  3. Siguieron los gestos teatrales y las denuncias por parte de Netanyahu, transmitidos pública y paradójicamente por los mismos canales que estarían deliberada y maliciosamente – todos ellos sin distinción alguna - pervirtiendo su figura y su hacer.

  4. Desde esta tribuna reiteró su ofensiva contra la izquierda sin definirla: ¿Se trata de una malévola tendencia que prevalece en los círculos proletarios del país? ¿O en la pequeña y mediana burguesía citadina y secular? ¿O entre escritores y hombres del teatro que inquietan desde hace años el sueño de la ministra de la cultura? Aparentemente, todos ellos son- sin distinción - izquierda. Superfluo e innecesario definir su sustancia y componentes.

  5. Insatisfecho con las censuras a los medios de comunicación y con la apenas caracterizada izquierda, Netanyahu tuvo palabras de burla respecto a la media barba que distingue a uno de sus rivales (Ehud Barak) y no se abstuvo de satirizar alguna página de un periódico (Haaretz) que partidarios de la perversa izquierda gustan leer. Gestos teatrales que cautivaron a su público.

  6. Pero también atinó a esquivar cualquier referencia a las instituciones policiales y jurídicas, a los testimonios que personas que estuvieron cercanas a él darán a conocer, a informes de empresas y periódicos en el extranjero: fuentes y datos que en conjunto insertan interrogantes a la legitimidad de su ejercicio político.

  7. Agregó a sus palabras y omisiones una particular referencia que de momento no ha suscitado atención en la pública opinión. Se trata del eslabón que sugirió entre ¨Amona y Dimona", dos figuras que representarían, de un lado, el impulso colonialista que auspicia la extrema derecha israelí (en referencia al asentamiento evacuado de Amona y a la ciudad periférica de Dimona), y, por otro, la capacidad militar no convencional que asegura la existencia del país. Eslabón, tendencias y garantías que presuntamente sólo su liderazgo es capaz de suscribir.

  8. Me atrevo a imaginar que- en perspectiva y en el futuro- esta presentación pública de Biniamín Netanyahu gravitará ostensiblemente en el juicio histórico. Si en días por venir las instituciones jurídicas le condenan y desplazan con indisputables evidencias, su error será evidente y mal hablará sobre el equilibrio y la honestidad de no pocas de sus decisiones. Y en contraste, si logra eximirse de cualquier cargo su imagen personal no experimentará daño alguno, pero las denuncias de hoy contra la indefinida izquierda y los medios masivos y desiguales de comunicación se traducirán en actitudes antidemocráticas por parte de sus devotos y entusiastas seguidores. Quiero y rezo estar equivocado.