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Publicado 08/03/2010
Análisis
HOY CREACION

PREGUNTA: ¿Por qué el Judaísmo es tan intolerante con la idolatría? No hablo de macizos templos con sacrificios humanos. Digamos que se trata de un idólatra civilizado, en la privacidad de su casa. Con un trabajo, una familia, una hipoteca, que dona de su dinero al Fondo Contra el Hambre Mundial y Greenpeace- y en lugar de un Di-s, tiene apenas dos o tres o incluso varias docenas, todos alineados en el bastidor de su automóvil. ¿Por qué el Judaísmo hace un pecado cardinal de esto, demandando la erradicación total de la idolatría en cada esquina el mundo? Con tal de que no hiera a nadie, ¿qué es tan terrible?
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RESPUESTA:
Hay muchas maneras de contestar esto, pero tomemos una perspectiva histórica. Los historiadores están de acuerdo con que nuestras normas de ética actual derivan de la ética judía. Sí, los griegos nos dieron las ciencias naturales, filosofía y arte; los romanos nos dejaron la estructura gubernamental y la ingeniería; de los Persas tenemos poesía y astronomía; de los chinos, papel, la impresión, la pólvora, acupuntura y más filosofía, y así sucesivamente. Pero el hecho histórico es que todas esas culturas (y todo lo no mencionado) sostuvieron e incluso glorificaron actitudes y conductas que hoy encontramos detestables universalmente. Hoy, el asesinar a uno de sus infantes no deseados, la práctica del abuso de menores, colocar seres humanos para que se maten por deporte, ignorar los derechos de aquellos que están por debajo nuestro en la escala social y negarse a reconocer alguna responsabilidad social por los pobres y enfermos, y no poder esperar para correr a guerrear contra la nación más próxima a la nuestra, nos convierte en bárbaros. Podríamos haber sido ciudadanos maravillosos de Atenas o Roma, pero hoy, ningún club nos inscribiría.
¿De dónde vinieron esos valores? Existe sólo una fuente a la que los historiadores pueden apuntar: la Torá. Y lo mismo por la educación universal y el ideal de paz mundial.

Esto le da a cualquier estudioso un sustancioso problema para resolver. La historia generalmente se ve como un bosque salvaje y diverso dónde una cosa crece de otra. Las semillas caen y brotan. Los árboles echan ramas y florecen, después caen y se constituyen en alimento para los hongos que salieron de su madera. Toda la vegetación y criaturas del bosque comparten el mismo aire, agua y tierra y ninguna criatura existe sola. Así también, una civilización se levanta del barro, echa ramas, y cae volviéndose suelo fértil conectada a la próxima. Las ideas se mueven en una metamorfosis perpetua atravesando los filtros de culturas variantes. Cualquier cosa es, era y eventualmente será en el futuro.
Todos, salvo los judíos. Completamente fuera de contexto, con una ética que hace que cada nación los llame locos y absurdos, siempre radicales, siempre fuera de alcance. Definitivamente no son parte de ese bosque. Y finalmente, su ética triunfa.
Debe existir alguna explicación. En primer lugar, ¿de dónde sacaron estas ideas raras? Decir que el Di-s Omnipotente los sacó de esclavitud y se las dictó, no es convincente. Es verdad, pero no alcanza. Porque los seres humanos sólo pueden oír lo que ya saben. Tuvo que haber allí algo de antes.
La clásica respuesta es que, había una vez un hombre llamado Abraham, de Ur Casdim- cuna original de la civilización. Él propuso esta norma a través de su propio genio de inconformista. Claro, ser ingenioso, valiente y disidente no era suficiente. Su tarea también exigía tenacidad y convicción para erigir una generación que continuara esta idea, que nade contra el viento y marea de la sociedad dominante. Y entonces, después de muchas generaciones, esta ética se ha transformado en la columna vertebral más poderosa de una sociedad sustentable.
Díganme, ¿cualquier estudioso racional cree realmente semejante planteo?
De hecho, la versión apoyada por el Talmud y que describió en detalle el Rambam (Maimonides) es más creíble:
La ética que Abraham presentó al mundo estuvo allí desde el principio. La humanidad sabía originalmente que cada persona fue creada a la imagen Divina. Esa vida era el propósito. Que el mundo era la obra de una entidad Superna que deseó que cuidemos de él y nos juzgaría de acuerdo a ello. Incluso en la época de Abraham, existieron individuos que predicaron esto a sus discípulos, como una tradición de Adám, a través de Metushelaj (Matusalem) y Noaj.
Pero estamos hablando de seres humanos. Precisamente debido a esa chispa Divina dentro de él, el humano es una criatura salvaje y loca que busca el enfoque más raro de la vida, listo y capaz de hacer algo. Así que la sociedad humana abandonó la norma original de Adám por "algo que los hiciera sentir bien". La Ley se volvió nada más que en una manera en la que un rey pudiera gobernar a sus súbditos. La ética se convirtió en nada más que una costumbre que hacía sentir cómodas a un grupo de personas. La única medida de valor de una vida humana era el grado de poder que un humano poseía. Y el mundo se entendía como un lugar sin valor.
Abraham no tenía que empezar desde el principio con la humanidad. Él sólo tenía que rescatar esa ética original. Pero él también re-descubrió -y esto lo hizo solo- la base que hizo que esa ética fuera sustentable: El monoteísmo. Más específicamente: providencia monoteísta. Es decir: Cada adulto y niño deben saber hay un solo Creador de todas las cosas, que Se preocupa por lo que están haciendo con Su mundo.
¿Por qué el monoteísmo y providencia son tan esenciales? De nuevo, volvamos atrás a la historia, según las fuentes judías tradicionales:
Los predecesores de Abraham también habían conocido al único Di-s, el creador del cielo y la tierra. Pero entendían que Di-s era demasiado sublime y trascendente como para ocuparse de este mundo terrenal y sus criaturas. Entonces empezaron a quitar poco a poco de Su providencia, afirmando que a poderes menores, de Su designación, se les había concedido una porción de dominio. Fueron tan lejos como para construir templos dónde focalizaron sus mentes hacia la dinámica de estas fuerzas, logrando alturas espirituales y poderes místicos. Eventualmente, la sabiduría dio lugar al charlatanismo, cuando sacerdotes decían a las masas que una cierta estrella o dios o diosa les habían hablado, ordenándoles que los sirvieran de una u otra manera. Los gobernantes descubrieron que una buena mezcla de conocimiento confidencial y mitología podría ser un instrumento de poder muy conveniente sobre el populacho; pues controlando el flujo de conocimiento podían mantener a la gente a través del temor y la obediencia.

Aquí es donde Abraham disintió. Él vio a través del orden establecido con su jerarquía de conocimiento y fuerza, y llegó a la conclusión que era la fuente de todo mal. Y vio la raíz de ello:Mientras que Di-s estuviera "fuera de allí" y todo lo demás se viera como apoyado en un plano descendiente cada vez más lejos de Su dominio, este mal continuaría.

Dentro de semejante paradigma, la vida humana pierde su valor esencial. El individuo ya no cuenta. Lo único que importa es cuán alto se encuentra uno en la balanza. No sólo los derechos humanos, sino también el adelanto de tecnología se detiene -por la necesidad de la clase gobernante de que las masas sigan trabajando. Todo el progreso es para fortalecer más al poderoso. La salud pública, el bienestar y la educación son las irracionalidades. Así que Abraham desafió esa jerarquía. Le enseñó a cada persona a clamar el nombre del único Di-s creador de los cielos y la tierra, que juzga los actos de todos los hombres por igual, desde el rey más importante hasta el más humilde de los siervos. Volviendo a poner al Di-s original nuevamente en el mundo, Abraham recreó a la "persona" -un ser humano que tiene valor sólo por estar en el mundo.
Dentro del antiguo paradigma, la ética no tiene ningún sustento. Si no le gusta lo que un dios exige de usted, usted irá en busca de otro dios que lo haga sentir más a su gusto. O usted sirve a estos dioses, engañándolos o sobornándolos, como ellos mismos están habituados a actuar entre sí. Después de todo, ninguno de ellos es supremo, ninguno es todo poderoso. Por consiguiente, cualquier cosa puede justificarse. Así que Abraham quebró los ídolos. Como hay sólo un Di-s que dirige todas las cosas, ya la moralidad no es más un valor relativo. La ética no es determinada por el flujo de conveniencia social, sino por Sus normas.
Sin la base de Abraham a la ética, la sociedad no tiene estabilidad. Cualquier institución podría sacudirse

Existe alguna forma por la cual, podamos convencemos de la real existencia de Di-s, de un modo claro e indudable?"

Pues bien, hay preguntas que aparentan ser simples y que parecen abordar cuestiones sencillas, por lo que también son formuladas con términos sencillos y corrientes. A pesar de ello, son precisamente estos los interrogantes que requieren suma prudencia, y sus términos exigen una interpretación precisa. Esto es así más particularmente cuando se trata de una pregunta que ocupara a tantas personas de los círculos más amplios y diversos, durante centurias y milenios. Es imposible que todos se refirieran a un mismo contenido, en todos sus detalles. De modo que quien formule una pregunta de esta naturaleza, deberá clarificar sus palabras y definir los términos que emplea.

Lo mismo se aplica a su pregunta, en la que piden una evidencia de la real existencia de
Di-s. Tanto "existencia", como "evidencia" de que algo existe, son términos confusos precisamente por la frecuencia de su uso, desde el de un niño pequeño hasta el de un investigador extremadamente preciso en todos sus conceptos. Pero ustedes no han definido su opinión al respecto.

Para que resulte más claro: hay quienes dicen que en el mundo de un niño pequeño, "existencia", y evidencia de ésta, es sólo aquello que él puede palpar con sus manos. El ciego, por ejemplo, a quien per se le está vedada toda existencia de colores y matices, deberá confiar en otro que le dice verlos.

En un plano más elaborado: "todos" reconocen categóricamente y con certeza que todo fenómeno exige la existencia de una causa y origen. En consecuencia, cuando se observan fenómenos, ellos mismos son la evidencia de que existe una "fuerza" autora -aun cuando ésta no es una evidencia directa y, aparentemente, subsiste cierto margen de duda-. La existencia de la energía eléctrica es un destacado ejemplo de este tipo. El hombre ha sido dotado de sentidos, y el de la vista le ratifica la existencia de los colores, tal como el del oído le ratifica la existencia del sonido, y así sucesivamente. Estas pruebas son consideradas concluyentes y directas. Pero el hombre no cuenta con un sentido que le permita "ver" la energía eléctrica, sino que, al ver determinados efectos -es decir, la incandescencia de un filamento, la oscilación del electrómetro, etc. - llega a la conclusión de que esta energía llamada electricidad -que jamás verá - existe, y que es la causante y originadora de los citados efectos. También ésta es considerada una evidencia absoluta. Lo mismo sucede con la fuerza magnética, etc. No obstante, elegí el mencionado ejemplo de la electricidad por cuanto su existencia es tan aceptada y popular, sin dudas ni vacilaciones.

Es más. En un plano todavía más sofisticado, en la actualidad se aceptan determinadas cosas como verdades absolutas, en virtud del supuesto de que a toda acción le corresponde un agente causal, aun cuando éste contradiga la lógica. Un ejemplo de esto: la "existencia" de la fuerza de la gravedad, cuya evidencia es el movimiento de los cuerpos físicos -para el que no vemos causa alguna y por eso admitimos la existencia de la fuerza de la gravedad -, aun cuando la existencia de una fuerza que opere a distancia, sin intermediario alguno, es algo que no tiene cabida en el sano juicio. Lo que sucede es que desde nuestra infancia nos hemos habituado a esta idea, repetida una y otra vez en los libros de estudio, hasta volverse algo "obvio", algo que está más allá de toda duda o vacilación.

No puede haber absurdo más grande que el intento de explicar la fuerza de la gravedad por intermedio de la materia "sutil" llamada "éter", pues esta materia mediadora debería tener tantas características antagónicas y paradójicas que ellas mismas la convierten en un imposible mayor aún que la capacidad de actuar a distancia sin algún nexo que las una.

No sé a qué disciplina de las ciencias se dedican los jóvenes que han formulado la citada pregunta, y si es que se ocupan de las así llamadas Ciencias Exactas; pero precisamente en el ámbito de estas ciencias, en los últimos tiempos se ha innovado otro concepto totalmente incomprensible al sano juicio y, no obstante, todos lo que se dedican a las ciencias exactas lo aceptan como una realidad, un hecho -y casi se ha convertido en una verdad también para el común de la gente - aun cuando se trata de algo que la mente no puede captar en absoluto.

Este es, que la materia no es sino una forma determinada de energía, y que la materia puede transformarse en energía y la energía en materia, cosa que no cabe en la lógica, pero que, al ver ciertos fenómenos sin explicación, se verían explicados de admitirse este supuesto. También ésta es considerada una evidencia científica aceptada en casi todas partes como una prueba clara, "de un modo claro e indudable" -parafraseando el enunciado de su pregunta - aun cuando racionalmente se trate de un absurdo total.

Dado que en el enunciado de su pregunta no han definido en absoluto qué es lo que aceptarían como "evidencia de la real existencia de Di-s de un modo claro e indudable", presumo que aceptarán como tal una evidencia similar a las que también aceptan en lo que se refiere a su conducta en la vida cotidiana.

Partiendo de esta base, se entiende que existe una evidencia de esta índole acerca de la existencia del Creador; y no sólo una, sino varias. Y, conforme lo dicho antes, no significará escollo alguno si nos viéramos obligados a decir que esta existencia no es captada por la razón, o incluso se opone a ella, porque, como se dijo, el hombre que piensa y reflexiona acerca de lo que sucede a su alrededor con el objetivo de "explicar" los fenómenos, acepta que lo determinante no es la razón, en absoluto.

El curso de la o las evidencias en este tema es similar al de todas las de las ciencias exactas; más aún, sigue el curso de las evidencias que determinan la vida cotidiana de cada uno de nosotros.

Todo aquel que contemple sus acciones mientras permanece en su casa, al caminar, al acostarse o al levantarse, reconocerá sin vergüenza que nadie exige de sí mismo examinar por cuenta propia los fundamentos de toda actividad que desempeña, o conducta con que procede. En cambio, acepta el testimonio de terceros que han examinado el tema. Sólo cuando cabe la sospecha de que quizás el testimonio haya sido falseado, o que el testigo se haya visto influenciado por factores internos o externos, o no haya estado lúcido y captó las cosas de un modo distorsionado, etc., entonces se buscan más testigos. Cuanto mayor sea el número de testigos, y cuanto más diferentes sean sus condiciones y los círculos a que pertenecen -lo que aleja la posibilidad de una conspiración o similar-, tanto más se fortalecerá la evidencia en su carácter de prueba cientifica y absoluta. Sobre esta base, el individuo y la sociedad llevan a cabo diversas actividades, en forma cotidiana y rutinaria, plenamente confiados en que se trata de algo verdadero y firme.
Lo mismo ocurre en el caso que nos ocupa:

La entrega de la Torá ante el Monte Sinaí fue ratificada en el curso de las generaciones como un hecho real sucedido ante la presencia de 600.000 varones, sin contar a los niños. Si hemos de incluir a las mujeres y a los varones mayores de 60 años, había allí algunos millones de personas salidas de Egipto, que con sus propios ojos, y no los de algún otro, fueron testigos del evento. No es éste el caso de un testimonio que se limita a un único profeta, a un soñador, o a un grupo reducido. Y este testimonio fue trasmitido de padres a hijos, generación tras generación, y todos reconocen que esta transmisión jamás se ha interrumpido desde entonces hasta ahora, y que el número de testigos jamás ha sido inferior al de 600.000 personas o más, hombres cuyas ideas no se parecen entre sí.

Incluso después de ser dispersados por los cuatro extremos del mundo, todas las versiones que han llegado hasta nosotros acerca de este hecho y acontecimiento histórico coinciden en todos sus detalles. ¡¿Existe un testimonio más Fidedigno y preciso que éste?!

Hay una segunda forma de demostración, basada también en la premisa mencionada antes: cuando se ven efectos y fenómenos, y sus resultados, son estos los que determinan el comportamiento a seguir, aun en aquellos casos en que haya posibilidad de daños y perjuicios, etc. Consiste en que cuando se ve algo ordenado, algo que incluye varios componentes dispuestos y armonizados en una coordinación exacta, y se trata de partes que no tienen control unas sobre las otras, se llega con absoluta certeza a la conclusión de que hay una fuerza externa a ellas que es la que las vincula y une. Y el hecho mismo de que esta fuerza es la que las une y vincula, demuestra que ella es mayor y más vigorosa que las partes, y las rige.

Un ejemplo de esto: cuando ingresamos a una fábrica que opera totalmente en forma automática y no vemos allí a ninguna persona, a nadie se le ocurrirá, sin duda alguna, que no hay en alguna parte un técnico importante que con su saber abarca todas las máquinas y sus piezas, controlándolas, armándolas y vinculándolas entre si y con el centro de todas las operaciones. Por el contrario: cuanto más ausente esté en dicha fábrica la mano del hombre, y cuanto más automáticamente funcione, tanto más poderosa y vigorosamente sería ello un testimonio de la grandeza del técnico.

Si es así en el caso de una fábrica -donde hablamos de cientos, miles o decenas de miles de componentes-, cuánto más lo es al observar nuestro mundo, un árbol o una piedra, un vegetal o un animal y, ni hace falta decirlo, la estructura del cuerpo humano; parafraseando al versículo (Iyov 19:26): "de mi carne, veré [Divinidad]".

Con más razón todavía es así conforme las explicaciones científicas actuales de que todo está compuesto por miles de millones de átomos, y cada átomo consta de varias partículas más pequeñas en las que, aparentemente, debería reinar un desorden y una confusión inigualables; sin embargo, vemos que hay un orden maravilloso y una coordinación sorprendente entre las partes pequeñas, las medianas y las más grandes, y una armonía entre las partes del pequeño mundo (el macrocosmos) y las del gran mundo (el macrocosmos), etc., etc. Obviamente, y sin dejo de duda, en alguna parte hay un "técnico" responsable de todo esto.

Por supuesto, no se me ha pasado por alto la archisabida afirmación de que todo esto se rige por "las leyes de la Naturaleza"; pero pienso que está de más aclarar que esta [afirmación] no encierra contenido explicativo alguno, sino una cómoda descripción de la situación reinante, es decir, que las cuestiones de la Naturaleza se rigen según determinados órdenes. Pero decir que "la ley natural" es una [entidad del existencia independiente, y que ésta ejerce dominio sobre toda la Creación, y que hay miles de existencias como ésta -en proporción al número de leyes naturales-, es el mayor absurdo. No hay cientifico alguno que se dedique a esta disciplina que así diga. Esta afirmación no es sino -como se ha dicho - una expresión cómoda y breve para describir la situación, para evitar la necesidad de, repetir a cada paso una larga descripción de situaciones en apariencia sumamente simples; pero resulta obvio que no aclara nada en absoluto.

En lo que hace a la esencia del tema, como he dicho antes, supongo que [los jóvenes] solicitan una prueba en base a la cual conducirán sus vidas en lo que hace a la acción práctica. Y la prueba expuesta es mucho más contundente que todas aquellas pruebas y demostraciones en base a las cuales actúan cotidianamente. Nada más simple que el hecho de que al irnos a dormir por la noche lo disponemos todo para cuando nos levantemos a la mañana siguiente, a pesar de que no hay razón lógica alguna que dictamine que el sol brillará mañana nuevamente, y que todo en la Naturaleza será como ayer y antes de ayer. Solo que, dado que el mundo sigue su curso natural hace días y años, seguramente estas "leyes" imperarán también mañana y pasado mañana. Y sobre esta base se empeñan, ufanan y esfuerzan en disponerlo todo para el día siguiente. Esta actitud adolece de fundamento "racional" alguno, a menos de que exista un amo y señor sobre el mundo.

Como ya he dicho, deberíamos extendernos muchísimo más en la elaboración de todo lo mencionado y explicar en mayor medida algunos de sus puntos. Confío, sin embargo, en que también esto basta y proporciona suficiente material para la reflexión y la conclusión de que se equivocan aquellos que dicen que hay que buscar pruebas para la existencia del Creador, mientras que la existencia de la Creación misma está por encima de toda duda. En realidad, es a la inversa: según los más recientes resultados de la ciencia en materia de existencia de la Creación y de qué modo "describirla", hay cabida para las más grandes dudas. En especial cuando últimamente van incrementándose las contradicciones entre los resultados de una disciplina cientifica y otra, en varias áreas, además de la duda cientifica más grande, básica y fundamental: ¿quién me asegura que la impresión de mi vista, de mi oído, de mi mente en general, guarda alguna relación con una existencia exterior a los sentidos y a la mente humana? Esto no pasa respecto del Creador, o, en otras palabras, el Agente que puso en marcha y organizó toda la Creación. No importa si hay una existencia fuera de mí, o tan sólo una mera existencia aparente, pues el primer axioma de todo hombre sano -en el cual basa toda su vida- es que para toda existencia por él conocida en su mundo hay una causa, que opera desde adentro o desde afuera.

Además, tengo otra observación que formular: no es un fenomeno extraño a la naturaleza humana que cuando al hombre se le presenta una prueba simple le resulte difícil aceptarla, precisamente en virtud de su sencillez. Confío, no obstante, en que no es ese el caso de quienes han formulado la pregunta, pues el principio mencionado no se fundamenta en la razón ni influye en la conducta práctica y concreta, como se ve claramente. Y una de las bases de nuestra fe en el Creador y Conductor del universo, en la Revelación ante el Monte Sinaí y en la recepción de la Torá y sus preceptos, es que "lo principal es la acción".

 



Comentarios
1. Idolatrías?
Autor: enrique recabarren
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