El martes de esta semana volvi desde Israel a Mexico.
Para mi, volver es sencillo, lo hago casi cada dos meses. Generalmente voy apurada buscando que mis pasajeros no se queden atras y no se pierdan, Ahora lo hice sin ellos, sola y por primera vez note cuan dificil es, para esas jovenes mujeres que, embarazadas, con pequeños aun en lactancia y otros como escalones en una escalera las rodean, mientrras tratan que no se separen, pasar dos carreolas, las pañaleras y todo el equipaje.
Frente a mi habia una chica, quiza no tuviese mas de 25 años, rodeada de 4 pequeños, dos chicos con rizos colgantes de sus mejillas y tan rubios como el sol de Tel Aviv, dos niñas con hermosos ojos grises iguales a los de la madre, que se jalaban una a otra una dimunuta manta. Todos tomados de los laterales de una carreola en la que dormitaba una pequeña de unos 18 meses. La madre en sus brazos llevaba a un hermoso lactante que se entretenie tirando del pañuelo que cubria el cabello de su madre.
En mi incipiente y bastante deficiente hebreo trate de ayudarla, me miro con sus increiblemente jovenes y hermosos ojos azules tan llenos de sabiduria maternal a sus pocos años y nego con la cabeza como si el recibir ayuda la hiciese menos habil.
Entonces me pregunte, porque la administracion del aeropuerto no hace algo para ayudar a estas familias para que su periplo por los aeopuertos sea mas ligero.


