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Publicado 15/08/2010
Historia
SUPREMACIA PAPAL Y LIBERTAD RELIGIOSA EN VENEZUELA

LA SUPREMACÍA PAPAL Y LA LIBERTAD RELIGIOSA EN VENEZUELA 

Gerardo Dorante

La iglesia católica romana es una institución singular que ocupa un lugar dominante en la línea de la historia universal de la cristiandad. Durante siglos sus enseñanzas y prácticas han ejercido influencia en el mundo cristiano, no solamente en asuntos religiosos sino también en la vida secular. El catolicismo como tal es el producto de 20 siglos de historia buenas y malas con una característica que según Jaroslav Pelikan en su libro El enigma del catolicismo romano, dice: “Cambiar es una característica de la iglesia católica, pero siempre permanece igual, e incluso mas semejante a sí misma. La iglesia católica cambia a fin de seguir siendo ella misma”. Paralela a ella (la iglesia católica) está la del papado: su jurisdicción, supremacía e infabilidad, en la cual se encuentra gran parte o mejor decir toda la historia general de la iglesia.
Según la tradición autorizada a través de los siglos, la cual afirma que Pedro fue el primer obispo de Roma y que permaneció en Roma por varios años hasta sufrir el martirio en el año 64 o 67 d.C, y enterrado en una pequeña colina de nombre Vaticano, antigua localidad etrusca (antiguo pueblo de Italia del siglo VIII a.C). La grandeza política de Roma no fue por su origen apostólico sino por su situación geográfica de ciudad capital de un vasto imperio constituyendo una ventaja para la iglesia y su obispo establecida allí. La iglesia de Jerusalén, la verdadera madre de la cristiandad, se hundió en el olvido tras la destrucción de la ciudad como su templo ocurrido en el año 70 d.C, esto motivó que otras congregaciones de índoles cristianas fuera de Israel cobraran mayor importancia; otro factor en tomar en consideración que se encuentra ignoradas por muchos es el alejamiento de las verdaderas raíces de nuestra fe cristiana. Los conversos provenientes de las ciudades y naciones gentiles (no judías) del imperio romano iniciaron un proceso de alejamiento de las verdaderas fuentes de la fe y de la savia hebrea para luego transformarse en un movimiento completamente separado de las enseñanzas del verdadero Mesías (Jesucristo) y de los discípulos del maestro. Quien detalla mejor todo esto fue Eusebio, historiador cristiano del cuarto siglo donde señala que los primeros 15 lideres (obispos) de la iglesia primitiva fueron todos judíos: “La iglesia en Jerusalem, al principio fue formada por los de la circuncisión, luego vinieron los gentiles cristianos… pero el comienzo consistió de fieles judíos que continuaron desde los días de los apóstoles hasta la destrucción de Jerusalem.” Eusebio, historia eclesiástica libro V. Otro escritor, Williston Walker en su obra Historia de la Iglesia Cristiana dice: “La primera compañía de Jerusalem era fiel en la asistencia al templo, y en obediencia de la ley judaica,… La dirección de la congregación de Jerusalem estaba al principio en manos de Pedro, y en menos grado de Juan.” pág. 23.
Con el pasar del tiempo la iglesia de Roma desarrolló muy pronto una conciencia de su poder como lo muestra la controversia sobre la pascua en el segundo siglo. Los cristianos de Asia menor observaban el calendario judío para establecer la fecha de celebración de la pascua cristiana el 14 de nisán, el cual podía caer en cualquier día de la semana. En cambio la iglesia de Roma la cambió para el primer domingo después de la luna llena en el mes de marzo. Para el segundo siglo empezó a surgir lo que se llama “episcopado monárquico”, que consistía que un obispo (no judío) era quien gobernaba la iglesia local en vez de un grupo de ancianos (directiva). “Este episcopado monárquico y en otras partes se hizo realidad durante la famosa controversia de la pascua, pero puede ilustrarse también por la forma en que se gobernaba la iglesia en tiempos de la persecución de Decio, a mediados del tercer siglo”. Supremacía papal de Olsen.
Fue así como durante el tercer siglo se preparó el escenario para que el obispo de Roma reclamara la supremacía y la jurisdicción universal. Como se escribió con anterioridad el escenario no fue preparado por virtud de conceptos teológicos que consideraba a Roma como la sede de Pedro, como se piensa creer; sino por la situación política, como señala A. B. Hasler: “Es un hecho sin embargo que no fue el origen apostólico sino la posición política lo que determinó quién tendría la autoridad eclesiástica… la reconciliación del Imperio Romano con el cristianismo bajo Constantino el grande (280-337) y el establecimiento del cristianismo como la religión del Estado alteró la naturaleza de las funciones eclesialitas. Se desarrolló una jerarquía eclesiástica correspondiente a la del Estado. Los oficiales de la iglesia recibieron numerosos privilegios, y algunos de ellos fueron elevados al rango de senadores. Ahora las leyes civiles y las religiosas eran, con mucha frecuencia, idénticas. Después de la caída parcial del imperio romano los oficiales de alto rango de la iglesia desempeñaron también funciones políticas”. Hasler pág. 35.

Poder secular de la iglesia

Con el crecimiento del cristianismo y durante el siglo IV, llegó a ser la religión oficial del Estado como iglesia imperial, adquiriendo riquezas y poder estableció su propia organización semipolitica. Esto resultó en gestarse nuevas creencias y actitudes hacia el poder político. La iglesia estuvo cada vez más consciente de sí misma, y la gente desarrolló una tendencia a despreciar la autoridad política secular y a exaltar la autoridad espiritual de la iglesia; hecho que finalmente sembró el concepto de que ella (la iglesia) no solo era la fuente de la teología, sino también de la ley y del poder secular. Constantino en el año 321, mediante un decreto confirió a la iglesia el derecho legal de poseer propiedades e impuso la observancia del domingo como día oficial de adoración (mejor decir culto solar). Esto logró que muchas familias adineradas y ricas donaran grandes propiedades fuera de Roma y por toda Italia como también de ella, convirtiendo a la iglesia en el siglo V, en el mayor terrateniente de la época.
Con todo esto se puede destacar que la iglesia imperial comenzó a organizarse de manera civil administrativo, hubo un obispo para cada ciudad y su correspondiente territorio. “El poder y prestigio del clero se incrementó cuando el obispo llegó a ser la figura más importante en la vida citadina y el representante de la comunidad entera.” Norskov Olsen.
Los obispados se agruparon en provincias tal como estaban organizados los distritos con propósitos civiles, y el obispo de la capital de la provincia llegó a ser el metropolitano o arzobispo de la diócesis. El mismo autor continua diciendo: En el año 326 Constantino se trasladó a su nueva capital Constantinopla; y durante mucho tiempo la autoridad del obispo de Roma se vio amenazada, no solo por Antioquia y Alejandría, sino también por la sede de Constantinopla…” El obispo de Roma tomó las prerrogativas imperiales por la vacante a consecuencia del traslado de Constantino, quedando por mucho tiempo sin rival político alguno en el occidente; y cuando el poder imperial desapareció, el papa surgió el único símbolo y la única fuente de autoridad. “La ausencia del emperador dejó a Roma en manos de los papas quienes gradualmente desarrollaron el poder temporal y los Estados de la iglesia”.

La caída de los imperios

En el tiempo que los barbaros atacaban el imperio romano, en el siglo II el emperador Marco Aurelio, tubo que permitir que los barbaros habitara entre los confines del imperio, con la condición de que prestaran servicio militar a Roma. En el siglo subsiguiente las amenazas aumentaron y los emperadores tuvieron que intervenir para salvaguardar las fronteras. En el siglo IV, Roma fue objeto de continuos saqueos y ataques, algunos eran controlados y otros no. Pero en el siglo V, fueron tantas y tan agresivas que condujeron en el año 476 d.C, a la caída del imperio romano de occidente. El libro de Antonio Napolitano “El vaticano visto por dentro”, describe: “Entre los barbaros más aguerridos podemos mencionar a los godos, ostrogodos, visigodos y los hunos, estos ultimo capitaneados por el feroz Atila. Solo el papa león I pudo convencerlo de desistir en su intento y salvar así, la ciudad de una segura y total destrucción… Los grandes movimientos de soldados barbaros durante el siglo V, desmembraron el imperio Romano de occidente. De aquel poderoso imperio había quedado muy poco. Si antes la separación del imperio entre el imperio Romano de occidente y el imperio Romano oriente, el primero con capital Roma, el segundo con capital Bizancio…” También el imperio Romano de oriente perdura hasta el año 1453, cuando cae en manos del sultán Muhammad II, poniendo también fin al imperio.
Por otro lado la tumba donde se cree está sepultado el apóstol Pedro, era venerada por la cristiandad, tornándose un lugar de continuas peregrinaciones y celebraciones litúrgicas, como también de continuos saqueos por lo embellecido de las edificaciones muy bien adornadas por las donaciones de los emperadores y cristianos pudientes. El historiador Antonio Napolitano continua: Para el año 846 que coincidió con el fin del imperio carolingio, obligó al papa León IV a tomar una decisión radical, construir una muralla en torno al vaticano, constituyendo la así llamada “Ciudad Leonina” (848-852). En el curso de los siglos, otros papas hicieron erigir nuevas murallas, tanto que el actual Estado del vaticano está circundado por muros entre los años 1550 y 1640, por voluntad de los papas… De esta manera, la antigua ciudad leonina, abrió paso al actual Estado del vaticano, el cual conserva en el lado norte la vieja muralla del papa León IV.

Los nuevos reinos

Con la caída del imperio romano de occidente surgieron nuevos reinos. En Italia se estableció el reino de los ostrogodos, teniendo como rey a Teodorico; en Francia el de los francos, en Inglaterra los anglosajones y en España los visigodos, pero el más importante de todos por su incidencia histórica fue el franco. En el 481, Clodoveo reinaba sobre los francos, en el año 486 sometió el reino de Siagrio y conquistó a los germanos. Este rey se convirtió al cristianismo influenciado por su esposa Clotilde, haciendo posible el apoyo papal para posteriormente realizar alianza (concordato) de los reyes francos con el máximo pontífice.
En el año 507, el rey Gundebaro derrotó a Alarico II rey de los visigodos en Vouillé, se anexó la Aquitania y Tolosa (reino de España). Unió a todos los francos en un solo reino, y la dinastía merovingia que él fundó, reinó hasta el año 751. Los últimos reyes de esta dinastía eran tan ineptos que pasaron a la historia con el nombre de reyes holgazanes, por delegar el poder real a los mayordomos de confianza quienes en realidad gobernaban. Carlos Martel era uno de ellos que tuvo actuación protagónica en la lucha contra las invasiones de los moros en Poitiers, asumió el poder para rescatar el imperio, dando inicio al segundo periodo del reino de los francos, pero nunca asumió el título de rey. Le sucedió su hijo Pipino el breve, que toma el poder en año 751, con él termina la dinastía de los merovingios. A su muerte en el 768, sus dos hijos Carlos y Carlomán, heredan el trono y dividen entre si el imperio. Carlomán muere poco después de su padre y Carlos recupera todo el imperio y lo reúne en uno solo bajo su propio reinado. La noche de navidad del año 800 en la Basílica vaticana, el papa León III lo coronó emperador, naciendo así el “Sacro Imperio Romano”, sacro por la voluntad inspiradora y romano por volver a la iniciativa de la autoridad civil que personificaba los cesares, por estas acciones Carlos fue apodado Carlomagno.

Los Estados pontificios

Con relación a la veracidad de los Estados pontificios, recopilé información documental de dos autores: Antonio Napolitano y V. Norskov Olsen. En el año 726 se produjo una serie de controversia entre Roma y el imperio de oriente. El emperador León III (717-741), expidió decreto contra la adoración de iconos (imágenes), y pinturas. Germano patriarca de Constantinopla, se opuso al emperador y renunció a su dignidad episcopal y Anastasio, uno de los seguidores del emperador, fue consagrado como patriarca. El papa Gregorio II (715-731), escribió una violenta carta al emperador oponiéndose a tal decreto y además no le reconocía el derecho de inmiscuirse en las cuestiones religiosas.
El papa Gregorio III (731-741), sucesor de Gregorio II, continuó resistiendo al emperador León III; el emperador envía una flota de navíos a castigar al papa de Roma y a Italia, pero la flota naufragó. León III en un arrebato de ira, suprimió al papa la fracción del imperio oriental que estaba bajo su jurisdicción y la adjudicó al dominio del patriarca de Constantinopla. El papa de Roma queda solo e incomunicado sin ayuda del emperador y amenazado por los lombardos en el norte de Italia, busca ayuda en los carolingios. A partir de entonces el poder del papa estaría ligado al crecimiento de la dinastía carolingia entre los francos. Carlos Mantel (descrito previamente), había derrotado a los musulmanes el año 732, pero rehusó ayudar al papa Gregorio III en el año 739, durante su campaña contra los lombardos. Frente a la amenaza el papa Gregorio III, acude a la corte franca de Pipino el breve (hijo de Carlos Martel) solicitando su protección. Astulfo (749-756), rey de los lombardos, se apoderó de Ravena que estaba en poder de los Bizantinos; de esta manera siendo amenazados los dominios del clero, el papa Esteban II (752-757), no logrando ninguna concesión de Astulfo, cruzó lo Alpes para buscar apoyo de pipino el breve. Y una vez derrotado Astulfo; el rey franco cede al papa una parte de Ravena y el Ducado romano, quedando establecido, de hecho el Estado pontificio anexando también el castillo de Sutri (primer núcleo del estado pontificio), localidad agrícola no muy lejos de Viterbo en el norte de Italia. Todas las ciudades y las tierras que Astulfo había conquistado de esta manera fueron otorgadas a la sede apostólica y también virtual gobernante de una parte de Italia, siendo estos donativos de pipino el patrimonio de san Pedro.
El catolicismo romano fue el principal elemento unificador del imperio durante el reinado de la dinastía carolingia; cuando el imperio carolingio se dividió en tres en el año 843, las naciones modernas de Francia y Alemania surgieron de esta fragmentación ocurrida el año 843. A partir de entonces los papas pasan a ser “príncipes temporales” y protagonistas de los dramas políticos que se desarrollaron a lo largo de la edad media, el renacimiento y la era moderna.

La decadencia de los jerarcas

El poder temporal y la afirmación del feudalismo (sistema económico, político y social desde el siglo IX hasta finales de la edad media) y su difusión después de la era carolingia arroparon al clero romano en un proceso de decadencia moral y espiritual. A consecuencia de los llamados papas débiles, que fueron considerados impíos, mundanos en la confusión y anarquía política en Italia y en el feudalismo, donde los jerarcas estaban cosechando los resultados de su intima alianza con el Estado.
Esta degeneración afectó todas las funciones de la iglesia en especial a los jerarcas obispales, donde los títulos eran obtenidos por herencias de igual manera las ordenaciones cardenalicias. No es fácil describir la decadencia en la cual cayó el papado, durante algunos años un papa seguía a otro, instituidos en la silla de Pedro por grupos rivales de la ciudad de Roma. Algunos historiadores afirman que en 8 años reinaron 9 papas, uno detrás de otro, en otros casos sufriendo muerte por sus oponentes rivales que se disputaban el llamado trono de Pedro. Durante años el papado fue conocido como “El reino de las rameras”, nombre dado según se cree de dos mujeres Teodora y Marozia, hijas de un noble romano conocido como Teofilacto. El papa Juan XI (931-936), era hijo de Marozia; Alberio su otro hijo, dirigía y controlaba las elecciones, de tal manera que Juan XII (955-963), hijo de Alberio, fue hecho sumo pontífice a la edad de 17 0 18 años.
Ya para mediados del siglo XI, tres jerarcas contendían por la silla papal, las discordias y las bajezas criminis eran tantos que el emperador alemán Enrique II (1039-1056), tuvo que intervenir y desterrar a los tres jerarcas. Con relación al caso el escritor Olsen en su libro Supremacía papal, señala: Un sínodo reunido en Roma concedió a Enrique el derecho de nombrar al sumo pontífice, y la explicación dada fue que el sacerdocio romano ha perdido el respeto del mundo, mas por su habitual armonía que por la flagrante corrupción de sus costumbres. Y fueron forzados a recibir como obispo a un alemán tras otro, por mandato de un gobernante tan poderoso, tan severo y tan piadoso.”Pág.: 58,59.
El emperador Enrique III, según Olsen, rescato el papado, pero él y sus sucesores descubrieron que las logias secretas de los jerarcas romanos, resultaron ser sus peores enemigos.

El resurgimiento del abismo

El movimiento que ayudó a levantar la reputación de los jerarcas después del desplome moral y espiritual en que cayeron por varios años la institución católica; se debió sobre todo en los monasterios de Cluny o Cluniacenses (Orden religiosa del siglo X, que nació en el monasterio de Cluny, fundado por el duque Guillermo de Aquitania). Fue la que más se destacó en la obra de reconstrucción moral del papado. Esta orden no estaba bajo ninguna jurisdicción episcopal ni secular, sino bajo la cobertura directa del papa.
La forma de organización de los clunistas se podría decir que es semejante, según la concepción de la época, a lo que los jesuitas llegarían a ser varios siglos después; una sociedad o elite especial gobernada autocráticamente en el seno de la iglesia.
El que liderizó de manera combativo esta renovación en el trono de san Pedro, fue el papa Gregorio VII (1073-1085), condenó: El tráfico y venta de las funciones religiosas en especial aquellas de carácter secular, logró que un concilio el de Letrán (1059), prohibiera que los eclesiásticos aceptaran investiduras de los laicos y se reconociera que los papas debían ser elegido por un colegio de cardenales, y no por favores o dones económicos al mayor postor. Este mismo papa (Gregorio VII), tuvo éxito en sus logros de reconstrucción de la iglesia y con el fin de dejar claras las funciones de la iglesia, dicto lo que se conoció como “Dictatus papae” (dictado del papa), que en su forma resumida, concedía poderes absolutos al jerarca de la silla de san Pedro. Antonio Napolitano, el vaticano visto por dentro, pág. 22,23.
Los monarcas de Europa sintieron la supremacía papal en una forma literal. En el año 1197, cuando murió el emperador Enrique VI, Alemania se fraccionó entre Felipe de Suabia y Otto de Brunswick; el papa Inocencio III, aplicó el Dictatus papae, donde dice que la elección de un rey pertenecía al clero para ungirlo y consagrarlo a la dignidad imperial. Inocencio III, los puso uno contra otro y recibió concesiones de ambos. Su apoyo se lo dio al hijo menor de Enrique VI y fue coronado con el nombre de Federico II. En un acto de reciprocidad, Federico II confirmó la soberanía papal sobre el territorio que comprendía la Italia central de costa a costa.

 

El papa en el vaticano

Para finales del siglo XV, Europa se encaminaba hacia dos culturas bien definidas: La occidental dominada por la herencia latina y la oriental por la herencia bizantina. Mientras todo esto sucedía en lo político; en el ámbito religioso, la ciudad de Leonina (vaticano), se convertía con el pasar de los siglos en un importante santuario de peregrinación con complejos de hospitales, palacios altas murallas macizas para su seguridad. El 30 de diciembre de 1370, es nombrado papa por unanimidad, el cardenal Pierre Roger de Beaufort, tomando el nombre de Gregorio XI ((1370 a 1378 y séptimo y último Papa del pontificado de Avignón). En lo político Gregorio XI, intentó por todos los medios a su alcance reconciliar a Francia e Inglaterra inmersas en la Guerra de los Cien Años. No pudo conseguirlo; pero sí logró que Enrique II de Castilla, Pedro IV de Aragón y Carlos el Malo de Navarra no llegaran a las armas en sus disputas territoriales mediante matrimonios concertados entre las partes en conflicto. En lo religioso el papa, colocó obispos franceses al frente de las diócesis italianas provocando el rechazo popular, lo cual fue aprovechado por Bernabó Visconti para apoderarse, en 1371, de Reggio y de otros territorios pontificios. Gregorio XI responde enviando una bula de excomunión a Bernabó quien hace comer a los legados que se la comunican el pergamino sobre la que está escrita. Una coalición de fuerzas imperiales, de la reina de Nápoles, del rey Luis I de Hungría y de John Hawkwood, jefe inglés, obliga a Bernabó a entablar conversaciones de paz logrando la firma, en 1374, de una acuerdo muy favorable. Mientras en Italia continuaban los conflictos políticos-religiosos, ya que Gregorio XI mantenía a los obispos franceses en territorio italiano, y los florentinos temerosos de que ello aumente la influencia papal en su zona de influencia, concretan una coalición con Bernabó Visconti en 1375 y provocan innumerables insurrecciones en los territorios pontificios. El Papa responde poniendo a Florencia bajo un interdicto, excomulgando a sus habitantes y declarando ilegales sus posesiones. Las pérdidas económicas de los florentinos hacen que busquen la intermediación de Catalina de Siena(1347- 1380) que viajó a Avignon para entrevistarse con máximum pontífice. Santa Catalina no logró reconciliar a los florentinos con el Papa, pero lo que sí consiguió fue convencer a Gregorio XI para que regresara a Roma y fijase nuevamente en la Ciudad Eterna la sede pontificia. El papa Gregorio XI, decide trasladarse a Roma a la ciudad de las 7 colinas, después de un largo exilio de aproximadamente 70 años de estar residenciado en Letrán. El 17 de enero de 1377, Gregorio XI regresó a Roma, retorno que no puso fin a las hostilidades, debido a los sucesos de Cesena el cardenal, y futuro antipapa Clemente VII, ordenó masacrar a la población soliviantando de tal modo al pueblo romano que el Papa se vio nuevamente obligado a salir de Roma y volver a Avignon a finales de mayo de 1377, pero su intención de unir a la Iglesia hizo que volviera nuevamente a Roma el 7 de noviembre. No obstante, su muerte el 26 de marzo de 1378, le impedirá otro retorno a Avignon (ya que se sentía amenazado en su propio palacio). Este jerarca papal fue el último Papa del periodo aviñonense y el último papa de nacionalidad francesa de la historia.
Con los años posteriores los siguientes jerarcas fueron ampliando y enriqueciendo los palacios, sobre todo durante la época del Renacimiento. Nicolás V (1447-1455), construye la biblioteca vaticana para custodiar manuscritos antiguos de gran valor. Las salas se llenan de obras de arte, estatuas antiguas renacentistas, mosaicos, pinturas y otros objetos artísticos, convirtiéndose el vaticano en un gran museo y sede principal de la silla de Pedro (papado) hasta el presente.

 

Dominio del clero en américa
 

El dominio de la institución católica en latinoamerica se hace presente con la llegada de los conquistadores (se dice que en el tercer viaje de Colón desembarcan los primeros misioneros), a pasar que estos no eran misioneros, traían una conciencia religiosa y autocrática, heredada desde los remotos tiempos del dominio de los reyes visigodos.
En el tiempo de conquista de america, que se inicio posterior al descubrimiento (otros dicen que fue un reencuentro), estaba en todo su vigor la embriaguez religiosa de España, porque precisamente con la toma de Granada (España) por los cristianos termina así 8 siglos de lucha entre moros y católicos. Los cristianos derrotan definitivamente a los árabes y la religión católica era por consiguiente la vencedora. Digo que la embriaguez fue por causa del triunfo sobre los infieles (para la época los árabes), todos los soldados españoles residentes en la península, no solo eran militares vencedores en sangrientas batallas, sino que poseían una sicosis de dominación mundial acrecentada por el descubrimiento de América. De igual manera creyeron que el triunfo sobre los árabes se debía esencialmente al triunfo de las ideas religiosas, a un designio divino de Dios para expandir por todo el mundo la religión católica.
Tengo la idea de que la avalancha sangrienta de la espada y la cruz, llegó América central y entró por Haití Quisqueya “madre de todas las tierras”, era el nombre de la isla antes del desembarco.
En el tercer viaje llegan los representantes de los jerarcas papales, para comenzar la labor de lo que llamaron evangelización. Comenzando a la vez las pugnas entre autoridad civil y el naciente poder religioso, porque en el nuevo mundo recién d3scubierto hay riquezas para todos y los recién llegados frailes no querían que sus gazofilacios quedaran vacios. Las Encomiendas, y repartimientos empezaron a tomar forma jurídica de usurpación legal en el reparto de las tierras, ejemplo de ellos y autenticado por las narrativas de la historia, en Haití el gobernador fray Nicolás de Obando (autoridad de la isla 1502-1508), se dedicó principalmente a la explotación del territorio obligando a los naturales (indígenas) a trabajos continuos gracias a las reparticiones otorgadas a través de los patronatos y encomiendas, las cuales eran concesiones de indígenas a los colonos españoles, adquiriendo total derecho sobre el indígena incluso el de muerte, a cambio de instruirlo, civilizarlo, evangelizarlo y protegerlo. Los trabajos forzosos impuesto por fray Nicolás de Obando, ocasionó varias sublevaciones entre las cuales la mas resaltante fue la de la princesa india Anacaona, quien fue ahorcada por los españoles.
La revista, El desafío de la historia, numero 1, pag 37, describe que al finalizar el siglo XVIII, y en los inicios de la emancipación de Venezuela de España, la iglesia se encontraba en una situación prospera e influyente. El sistema que vertebró la vida eclesiástica durante todo el tiempo colonial y aún después será el Patronato Regio, la monarquía española gozaba de una serie de derechos para gobernar la iglesia en América con absoluta libertad del papa, siendo los más evidentes la elección de los obispos en el nuevo mundo y derecho de los diezmos.

El poder de los jerarcas en la independencia de Venezuela

Las hostilidades de las jerarquías eclesiásticas en América durante el proceso de la independencia eran abiertas. Las discordias estaba emparentadas con criterios de clase, defensas de privilegios y como diría el historiador colombiano, Francisco López:”Privilegios netamente mundanos”. Esta oposición de las ideas comenzaron clandestinamente y luego más a fondo a medida que pasaba el tiempo, sin que la represión la llamada “defensa de la fe” unida a intereses económicos y de predominio político hubieran retardado o impedido la independencia.
No todos los sacerdotes favorecieron los intereses políticos, económicos de una iglesia católica o la corona de los reyes con el solo interés de recibir favores, las imposiciones de dogmas para favorecer a una institución religiosa sin importarle los derechos civiles y espirituales del ser humano. Luis Castillo León, historiador mexicano al comentar de don Miguel Hidalgo: “…Cura de Dolores y principal impulsador de la revolución mexicana contra España, doctor en teología y elogiado por el canónigo Pérez Calama antes del golpe revolucionario, se le acusó de libertino, afrancesado, sedicioso, hereje formal, judaizante, luterano, calvinista, impío que va sembrando por todas partes el error…” De esta manera eran difamados aquellos sacerdotes que iban en contra de las corrientes por las propias autoridades de la iglesia llegando a los extremos de la excomunión o expulsión del sacerdocio.
Los acontecimientos acaecidos el 19 de abril de 1810, ha sido asumido por los historiadores venezolanos como referencia temporal que señala la clausura del ciclo histórico colonial en el país y el inicio de nuevo conjunto de posibilidades de organización social y política para la sociedad de la época. El lugar de los antiguos dogmas medievales e inquisidores surgieron los principios de la revolución francesa, la confianza de la ilustración en las ciencias, la vía libre de la razón, el enciclopedismo, la filosofía utilitaria de Bentham, valores de su tiempo, que a falta de otros llenaron instituciones y personas, floreciendo la intervención y actuación de logias masónicas al continente.
Como se escribió previamente, el proceso histórico que se abrió con el 19 de abril de 1810, introduce en la Capitanía General de Venezuela en un intenso conflicto, caracterizado por la transición del viejo orden social católico y monárquico a uno nuevo, por el de la modernidad contemporánea en disposición para configurarse como una república libre e independiente del lazo colonial.

Crisis en los inicios de la República

Los jerarcas religiosos de la iglesia medieval en américa latina tomaron forma como institución católica bajo el Patronato Regio español, provista de una institucionalidad conquistadora-colonizadora, “en la que los límites de Estado y los de la iglesia, los de la cultura hispana y los de la fe cristiana se cruzan y complementan.”(José Virtuoso, historiador). Otro aspecto que también le dio forma a la catolicidad romana fue el Patronato de India, en la cual la corona española recibió del papado la posesión de las tierras descubiertas con la bendición inquisidora de la evangelización, concediendo concesiones de las congregaciones locales establecidas en el nuevo mundo, contando también a cambio con la subordinación de los obispos, y clero misionero ejecutores de la obligación religiosa evangelizadora; esta famosa concordia o mejor decir concordato suscrito en el año 1512, estableció acuerdos con los reyes españoles así como los patrones de distribución de los diezmos, dotación o manutención de recursos a la iglesia por parte de la corona y control de los bienes de la iglesia.
En 1574, el rey Felipe II a través de la Cedula Magna, organizó las concesiones papales iniciando el centralismo regio frente a la iglesia; un siglo más tarde sirvió de herramienta jurídica para que se crearan las leyes de Indias (1681) y los acuerdos concordales en 1753.
Los acontecimientos históricos del 19 de abril de 1810 en Venezuela, dio inicio al conflicto donde la característica principal se identificó con la transición del viejo modo colonial católico-monárquico por las nuevas ideas revolucionarias modernas nacientes de la Revolución francesa de acorde con los ideales de libertad política-religiosa, para configurarse como una República libre e independiente del lazo imperialista colonial.

Las reflexiones teológicas de Roscio
 

Del punto de vista personal, fue Juan Germán Roscio quien en sus dos documentos conocidos: “El Patriotismo de Nirgua” (1811) y “El triunfo de la libertad sobre el despotismo” (1817), que logra elaborar una reflexión teórica sobre la sustentación de la catolicidad colonial en Venezuela. En el segundo documento de ensayo teórico (El triunfo de la libertad sobre el despotismo), Roscio trató de subvertir la religión tradicional que ponía en igualdad cristianismo y vasallaje; donde combinó las ideas de republicanismo cívico con el cristianismo, fundamentando sus ideas de reflexión de la teológica protestante, donde implicaba construir un sistema de creencias de aplicación deductiva para la política, o mejor decir desvincular religión y política, teología y política. En resumida conclusión de su texto “El triunfo de la libertad sobre el despotismo”, fueron: “No es la política el resorte de la religión… Sin sociedades no existirá la política, esta es una consecuencia directa de las relaciones que constituyen los hombres para convivir en sociedad… Ningún exceso parece más punible que aquel con que alterando con ficciones el sencillo y natural concepto de la religión, se substituyó otro, por el cual, confundiéndola con lo político y desfigurándola con mil errores, se ha hecho de ella un instrumento de la tiranía”.

Bolívar y el clero de la época

El libertador Simón Bolívar, tenía un criterio definido con relación al clero de su época. En su diario mejor conocido como el “Diario de Bucaramanga,” escrito por su secretario privado coronel francés Luis Peru de Lacroix, se puede leer: “…Hizo oficiar igualmente al señor obispo de Mérida, reprendiéndole fuertemente por haberse mezclado en algunos negocios políticos en Maracaibo, haciéndole ver que las personas que ha protegido son individuos partidarios de los españoles, y por lo mismo enemigos de la independencia y del gobierno de la república…¡Pero qué imprudencia todavía por parte de nuestros empíricos sagrados!. No puedo recordar sin risa y sin desprecio el edicto en que me excomulgaron a mí y a todo el ejercito, los gobernadores del arzobispado de Bogotá doctores Pey y Duquesne, el día 3 de diciembre del año 1814, afirmando que yo venía a saquear las iglesias, a perseguir a los sacerdotes, a destruir la religión, a violar vírgenes y a degollar a los hombres y a los niños, y todo esto para retractarlo públicamente con otro edicto, en el que en lugar de pintarme como impío y hereje como lo habían hecho en el primero, confesaban que yo era un bueno y fiel católico. ¡Que farsa tan ridícula y que lección para los pueblos!...”
Así eran las relaciones del libertador con la jerarquía católica de la época, de reproches, insultos y excomuniones, donde también la mayoría de los próceres de la independencia pertenecían a logias o sociedades secretas europeas, alcanzando en la época prestigio y statu el ser miembro de tales sociedades.
No se puede negar que algunos sacerdotes tuvieron protagonismo en los sucesos de la independencia, los sacerdotes eran libres para apoyar las dos tendencias existentes (la colonial o la republicana), digo sacerdotes, porque eran los que estaban al lado del pueblo, aquellos que se adhirieron a la independencia del colonialismo español eran los humildes párrocos que se involucraron, ajenos a las miras de una iglesia institucionalizada y protegida; estos sacerdotes fueron tratados peor que los civiles, hasta tal punto de ser expulsados, difamados y excomulgados de la institución a la cual pertenecieron por muchos años. Los jerarcas de la institución religiosa se mantenían fieles a los dogmas medievales de la supremacía y a la monarquía de la época, sin tener una idea clara de libertad política y religiosa; algunos pocos tomaron el camino de las causas republicanas e independentistas. Hubo quienes armados de fusiles o lanza en mano y a caballo, arriesgaron sus vidas en el campo de batalla, como es el caso del sacerdote Ramón Ignacio Méndez, quien realizó la campaña de los llanos con el general Páez y estuvo en las acciones de Trinidad de Arichuna como en diferentes batallas.
La iglesia católica no apoyó monolíticamente a la república, el clero se dividió y las lealtades se inclinaron por uno u otro bando de acuerdo a la posición personal. Otros jerarcas del clero por motivos de interés estratégicos apoyaron a los republicanos con sus servicios personales, participando en juntas, congresos, a tal punto que algunos de sus miembros involucraron en puestos de responsabilidad en el gobierno; es decir, esta estrategia sirvió para mantener su influencia en la vida nacional porque le permitió ejercer su autoridad y acrecentar su prestigio.
Al final de la contienda por la independencia, el clero católico como institución se encontraba debilitada, no por la disminución de sacerdotes, sino por las condiciones de la guerra, los empréstitos forzosos y por medidas reformistas del nuevo gobierno afectando ayer como hoy su poder.

Dos siglos después
 

Después de casi dos siglos de emancipación, me atrevo escribir que Venezuela “tierra de gracia,” de verdad necesita de una fe y de una ética en lo político, social, económico y religioso. Ayer fue por conservar dominio y poder político-religioso, carente de un interés por el pueblo y la necesidad humana; hoy parece continuar con lo mismo.
Todos debemos reconocer (políticos y religiosos), necesitamos primeramente una fe que sea fuerte de carácter y de moralidad en lo individual, para poder dar lo mejor al bien del pueblo en una democracia digna de todos y no de parcialidades grupales o individuales; y esto no es socialismo, es amor al prójimo lleno de fe activa nacida de una genuina cristiandad.
No comparto la idea de que la verdadera revolución sale de la boca de un fusil, y mucho menos acabando con los oponentes que tengan conceptos o pluralidad de ideas antagónicas al sistema de gobierno. Todo esto es carencia de una genuina fe, carácter, respeto, amor, socialismo y democracia, como afirma Francisco López en su libro: Las dos caras de América: “Democracia es avance en el campo religioso y que mientras no logremos rectificar y superar nuestro concepto espiritual, jamás lograremos traspasar el umbral del subdesarrollo... Debemos reafirmar la necesidad de sustentar el espíritu de lucha por la redención integral del ser humano, frente a los intentos de menoscabar la libertad de pensamiento por poderes eclesiásticos o civiles”.
¿Que diría el libertador de América al ver las divisiones partidistas en el país hoy?, donde cada parcela política (comunista o no comunista), toman como bandera los pensamientos del héroe de la patria. Creo que el alma de Bolívar todavía no ha tenido reposo, él quizás veía el presente y el futuro plasmando en sus documentos personales lo siguiente: “Si mi muerte contribuye a que cesen los partidos (divisiones, contiendas), yo bajaría tranquilo al sepulcro”. Los sueños de grandeza del libertador era la grandeza de los pueblos, de la gran Colombia; donde la unidad nacional no está en la letra, sino en el espíritu sanamente patriótico.
La diversidad de opiniones no excluye la unidad, las diversidades de juicios es necesario para encontrar la verdad, o los criterios de los hombres, y no habrá democracia a menos que haya libertad para hacer oposición y criticar ampliamente. Ninguna democracia florece donde exista una autocracia política y religiosa.
“La grandeza del hombre es ser útil a su patria”. Simón Bolívar

Bibliografías:
• Olsen V. Norskov: “La Supremacía Papal y Libertad Religiosa”.
• Antonio Napolitano. “El Vaticano visto por dentro”.
• Francisco López: “Las Dos caras de América”.
• Revista: “El Desafío de la Historia”.

 

 

 

 

 

 

 

 



 



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Gerardo Dorante

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