Call viene del latín callis (camino), indica un paso estrecho y por extensión el barrio de los judíos en Cataluña. Tras la expulsión, los sefarditas utilizaron los registros ``kal'', ``qahal'', ``qal'' provenientes del hebreo, para designar una comunidad y por extensión la sinagoga. Uno de los fundamentos del pueblo judío para el mantenimiento de su identidad religiosa y étnica fue la educación. La escuela, la familia y la sinagoga fundamentaron la educación de los judíos.
El papel de la madre en la educación de los niños (y más en la de las niñas) era fundamental, dependía que en el futuro, los hijos fueran unos buenos judíos. La obligación de educar en la Ley se limitaba a los hijos varones; las niñas recibían instrucción puramente doméstica, y todos eran educados en casa, de forma habitual, por la madre. Es muy difícil establecer cómo se llevaba a cabo la formación y la educación de la mujer judía entre los hebreos, aunque es indiscutible que era educada en función de la familia.
Del desconocimiento del hebreo, tenemos noticias, por ejemplo en Zaragoza, donde había traducciones en el idioma vernáculo del Libro de Ester para que pudieran leer las mujeres en la sinagoga durante la fiesta de Purim.
También encontramos mujeres muy preparadas que fueron médicas, gestionaron los negocios familiares.
Para completar la formación y enseñar hebreo había maestros en la escuela. En algunas comunidades se invertían los fondos de beneficencia, recaudados esencialmente de legados piadosos, para contratar un rabino que educara a los niños pobres.
El hecho es que los judíos rechazaban y excluían al ignorante: hasta el punto que el derecho hebreo no admitía el testimonio de un analfabeto.
En las familias de clase media y alta era el padre quien se hacía cargo de la formación de los niños, directamente, o mediante la contratación de un preceptor, lo que no todo el mundo podía permitirse. La enseñanza podía impartirse tanto en la casa de los alumnos como la del maestro, sobre todo si varias familias se ponían de acuerdo para contratar a un mismo profesor.
A veces, el aprendizaje formaba parte de un contrato de servidumbre. En vista de ello, no resulta extraño que mientras que algunos nobles cristianos tenían graves dificultades para dibujar su firma, la mayoría de judíos catalanes supieran leer y escribir: lo hacían en caracteres hebreos, aunque se expresasen en catalán, mezclado con palabras hebreas.
Dice R. Meir: ``Siempre se ha de enseñar al hijo un oficio limpio y ligero, y orar a aquel a quien pertenecen la riqueza y los bienes, ya que no hay oficios de los que no pueda derivarse tanto pobreza como riqueza, porque ni la pobreza ni la riqueza salen del oficio; al contrario, todo es de acuerdo con el mérito Mishná (QID 4, 14).
Barcelona y Girona eran los dos centros principales de aprendizaje para las comunidades judías catalanas. Los libros eran caros y muchas veces difíciles de conseguir, pero ese hecho no impidió que bastantes judíos catalanes tuviesen en su casa, entre los tesoros más preciados, varios volúmenes de carácter religioso, algunos copiados en pergamino menudo de propia mano y que luego dejaban a sus hijos en herencia, e incluso alguna gramática hebrea. Naturalmente, en el estudio de un profesional de la medicina no podían faltar los tratados de su especialidad.
Los pedagogos judíos consideraban la disciplina como una herramienta fundamental para llegar a la sabiduría, de modo que la indulgencia excesiva se debía rechazar, como muy perjudicial. La enorme y admirada lista de sabios judíos catalanes de los siglos XIII y XIV avalan la labor de pedagogos y educadores.
Talmud: ¿a qué puede ser comparado un profesor?
Puede ser comparado a una botella que contiene un ungüento aromático. Cuando se destapa la botella, el perfume se difunde, mientras que cuando se cierra, el olor agradable desaparece por completo (Avoda Zara 35b.).
R. Meir decía: ``Todo aquel que casa a su hija con un ignorante es como si la atara y la abandonase ante un león. En efecto, éste cae sobre su presa, la devora y no se avergüenza; exactamente lo mismo hace el ignorante: la golpea y se casa con ella, todo ello sin avergonzarse''.
Sobre el ignorante se dicen seis cosas: no se debe testimoniar en contra, ni aceptar su testimonio; no se le debe revelar ningún secreto; no puede ser nombrado tutor de un huérfano, ni guardián de la caja de los pobres , ni se debe aceptar su compañía en un viaje (Pesajim 49B.).
La adquisición del conocimiento requiere preguntar y responder, escuchar para progresar, estudiar para enseñar (rabino Moisés Ben Nahman de Girona).
El Colegio Sefardí de Barcelona fue inaugurado en el año 1972. Estaba situado en la calle Raset de donde se pasó al edificio de la calle Margenat 103, también en Barcelona.
Más de tres décadas después, en el año 2005, la Comunidad Israelita de Barcelona, impulsada por el donativo de David Melul, decide construir una nueva escuela en Valldoreix, la Escuela Hatikvá (la Esperanza).
La filosofía del colegio, digno continuador de las escuelas judías medievales en Cataluña, se fundamenta en valores universales, democráticos y judíos, buscando la excelencia y la calidad en todos los ámbitos.

Del.icio.us
Digg
Google
Yahoo
Meneame

