El judaísmo ortodoxo y la homosexualidad son dos facetas difíciles de conjugar que se abrazan en una exposición en Jerusalén en la que un grupo de artistas religiosos "sale del armario" a través de sus obras.
Los catorce protagonistas de la muestra "Salir del Arca Sagrada: Belleza, Creencias e Identidad" se enfrentaron de distinta forma al choque entre su condición de homosexuales y su profunda fe y educación judía.
Algunos se vieron obligados a abandonar sus creencias para sentirse libres, otros optaron por ocultar a su comunidad sus tendencias sexuales y los más valientes las hicieron públicas y se enfrentaron al ostracismo social.
"No yacerás con un hombre como se yace con una mujer, es una abominación" (Levítico, 18:22) es el controvertido párrafo de la Torá que condena a los gay judíos creyentes al desgarro entre su identidad sexual y su religión.
Avi Rose, uno de los artistas que exponen sus obras en la muestra, entiende que ese verso "está abierto a diferentes interpretaciones" y, desde su fe judía sin fisuras, siente que Dios le ama "igual que al resto de la humanidad".
Junto con su marido, forma el primer matrimonio homosexual reconocido legalmente en Israel y vive abiertamente su condición, algo que no pueden hacer varios
Las fotos y cuadros transmiten sus miedos, dudas, fe, sensualidad y sensación de opresión. Algunos artistas recurren a imágenes controvertidas, como una mujer con los brazos cubiertos por los "tefilim" que se colocan los hombres para el rezo de la mañana o dos varones ataviados con el manto religioso para la oración (talit) acariciándose cariñosamente las manos.
La muestra, según explica la comisaria de la exposición, Ofra Zucker, trata de poner sobre la mesa "la conexión entre la identidad homosexual y la identidad judía", un tema del que "muchos no quieren hablar porque no creen que se pueda ser gay y ortodoxo al mismo tiempo".
Rose, profesor de historia del arte y del sionismo de origen canadiense que se define como "un judío tradicional, homosexual y casado", entiende que "hay que hacer un ejercicio de integración y vivir plenamente ambas identidades".
"Jerusalén está creando una revolución ortodoxa", asegura Rose. "Hay sinagogas donde la gente como nosotros puede ir y sentirse a gusto y hay rabinos que hablan de aceptar a la gente en un nivel más profundo. Está ocurriendo y somos parte de ello" sólo por no renunciar a ser quienes somos, afirma. EFE

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